Pausa de hidratación

Barequeo aparece por estos días con la misión de que la pausa sí sea una de verdad. Mientras el fútbol tendrá que dar su pelea para saber si quiere sacrificar sus detalles y sus misterios, en nuestras vidas siempre queda el poder de mirar para otro lado diferente al televisor y darnos un paréntesis real.
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En la noche de este martes, al minuto 24 del primer tiempo, la selección mexicana de fútbol desencadenaba un contraataque veloz contra la de Ecuador. Como con un rayo paralizador, el árbitro esloveno Slavko Vincic hizo sonar su silbato y ordenó suspender el juego para ir a la pausa de hidratación. Ese descanso a contramano que la FIFA vendió como una forma de proteger a los jugadores ante altas temperaturas, pero que al final terminó por cumplir la promesa que se le hizo a la industria estadounidense de tener más tiempo para publicitarnos cosas para comprar. El partido se jugó de noche, luego de suspenderse por amenaza de tormenta y aún así hubo pausas.

En el partido inaugural, el árbitro Wilton Sampaio pitó la pausa de hidratación durante el México vs. Sudáfrica y los jugadores de ambos equipos se quedaron parados en el césped, listos para reanudar el juego. Pero el juego no reanudó. Sampaio esperaba una señal. En la sala de producción de la transmisión televisiva todavía no habían terminado los anuncios.

La pausa, cuando se la despoja de su nombre, es una interrupción del consumidor para el consumidor. No es descanso. Es otro aceleramiento disfrazado de hidratación. Es más afán comercial disfrazado de pausa. A la registradora organizada del fútbol, es colgarle un paréntesis que está solo para poner nuestra atención y nuestro bolsillo en otras cosas por registrar

Barequeo aparece por estos días con la misión de que la pausa sí sea una de verdad. Mientras el fútbol tendrá que dar su pelea para saber si quiere sacrificar sus detalles y sus misterios, en nuestras vidas siempre queda el poder de mirar para otro lado diferente al televisor y darnos un paréntesis real. Volver a nosotros, a nuestro suelo presente. Aquí se mira para otro lado, no con la indiferencia sino en el sentido que la pausa debería tener.

De un lado, la pausa la vivimos todavía cerca al fútbol. Liliana Moreno lo hace desde el Estadio de la Sele en Dosquebradas, donde un gol anulado a Dávinson Sánchez por un milímetro de guayo desata la sospecha de que la cancha, como dice una amiga desde el otro lado del océano, ya viene rayada desde antes del pitazo. El fútbol, visto desde la pausa de hidratación, no es entretenimiento inocente. Es el espejo del palco donde estaban el presidente de la FIFA, el director del FBI y el secretario de Estado de Trump mientras el VAR decidía.

Ana María Mesa, en «Fútbol y feminismo», parte de un chat familiar que retoma el aliento después de las elecciones y aterriza en los jugadores del Mundial, en si mirarlos con deseo constituye el mismo problema cuando los hombres miran a las mujeres. Su respuesta es que el deseo no es el problema, el problema es creer que este da derechos sobre los cuerpos y las personas.

Ya más alejados del Mundial, la pausa de hidratación de John Jairo Osorio, en «La ficción democrática», plantea que Colombia eligió presidente con mentiras, fútbol y discursos de odio. La pausa que necesitaba ese proceso electoral jamás llegó. 

La pausa de más belleza fue la de Juan Ospina, que nos descubrió las subastas de la Librería Diana, donde cada festivo lectores en Google Meet pujan por libros desde diez mil pesos, se emocionan antes de comprar, forman comunidad alrededor de un librero que sabe que detrás de cada libro hay una historia posible. Eso es parar el tiempo ante un estadio de papel, textos e ideas por reutilizar, donde el tiempo no se cronometra con publicidades.

Jáiber Ladino Guapacha va a Quinchía a ver quinientos bailarines el mismo día de las elecciones presidenciales. Su pausa nos devuelve a este suelo del Eje Cafetero. El encuentro folclórico, escribe, es una forma de insistir en que la identidad de un país que será siempre plural no cabe en una sola fila de urnas.

Que la pausa de hidratación del Mundial sea más de esto, impedir que su transmisión nos deje dando las mismas vueltas.

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  • Pausa de hidratación

    Abogado y periodista. Director de Manizales Cómo Vamos. Profesor de periodismo en la Universidad de Manizales. Ganador en una ocasión con el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. Codirector de Barequeo.

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