Cuando todo se detuvo

Tal vez cuando decimos que todo se detuvo lo que en realidad queremos decir es que necesitamos que por un instante nos detengamos a mirar, a agradecer, a ser compasivos con nosotros mismos.
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Decimos que todo se detuvo con el terremoto como si fuera cierto. Como si fuera verdad que el tiempo, si es que existe, se pudiera detener. Como si de verdad un terremoto tuviera la capacidad de evitar que el sol salga otra vez o de impedir que nosotros tengamos que dedicarnos a limpiar los estragos del daño que dejó. Se detuvo algo, sí, ¿pero qué? ¿La rutina?, pero nosotros no, nosotros seguimos. Y tal vez cuando decimos que todo se detuvo lo que en realidad queremos decir es que necesitamos que por un instante nos detengamos a mirar, a agradecer, a ser compasivos con nosotros mismos y con los demás porque esto que nos pasó requiere que atendamos al daño emocional que nos hizo. Tal vez es un llamado de auxilio.

No se han detenido, por ejemplo, los Sismo-Resistentes. Desde que abrimos las puertas de Barequeo para que quien quisiera escribir sobre lo ocurrido, lo hiciera, hemos recibido ya casi 80 textos. Esta semana leímos a Solo el pueblo salva al pueblo de Alejandra Alzate Gómez que recapitula sobre lo que para Yuval Noah Harari es el superpoder de los seres humanos, la capacidad de organización y colaboración. En El disimule Juan Diego Otaya Ospina cuenta que estuvo una semana haciéndose pasar por mayor de edad para poder ayudar a quienes lo necesitaban en Manizales y Pereira, acompaña su relato con fotos tomadas por él mismo. Y en Un terremoto dañó mi terapia psicológica de años de Mariana Gil Valencia, ella nos recuerda que en el eje cafetero Pereira es la ciudad más golpeada, se necesitarán muchas manos para levantarla de nuevo y las de Mariana serán definitivas. 

Sobre otros terremotos habló esta semana el caricaturista Mheo que nos recuerda que vivimos en zona sísmica y que seguramente volverá a temblar. En Y volvió a temblar se pregunta qué vamos a hacer, cómo nos vamos a preparar, para que la próxima vez que tiemble nos asuste el movimiento, pero no sus consecuencias. 

En nuestro espacio de Filigrana, Adriana Villegas publica una historia que se cruza con la del terremoto: la placa ubicada en el edificio donde funciona Frisby, en el centro de Manizales, que recuerda que el 6 de septiembre de 1976, es decir, hace 50 años, fue asesinado el estudiante Carlos Fernando Henao Salazar, de 16 años, por la policía, se cayó con la sacudida del 10 de agosto. En Un crimen, un estudiante, el terremoto y escombros de la memoria Adriana nos recuerda que los movimientos de tierra también acaban con los registros históricos. 

Y como el tiempo no se detiene, ni la historia lo hace tampoco, los barequeros habituales escribieron esta semana sobre lo que podemos considerar como cotidiano en este momento, las medidas reaccionarias de este gobierno que apenas empieza. Sobre el despliegue de indolencia del presidente Abelardo de la Espriella que se paseó entre cadáveres habló John Jairo Osorio Giraldo en Abelardo entre los muertos. Sobre la mirada conservadora y retardataria del nuevo Ministerio de Educación en manos de Ilva Myriam Hoyos, habló César Augusto Montes Loaiza en Universidades menos universales. Sobre la posibilidad de que las mujeres perdamos el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo habló María Antonia León en Lo que ocultan las leyes contra el aborto. Y sobre los estragos del Calentamiento Global escribió esta semana Yenny Parra Zuluaga en Casa en llamas

Detengámonos un momento, queridas barequeras, queridos barequeros, leamos con calma los mensajes de este tiempo, recompongamos las estructuras que nos sostienen por fuera y por dentro.

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    Manizales, 1974. Periodista. En 2020 publicó "Como Hombres": el mundo de las mujeres en zapatos masculinos. En 2021 ganó el Premio de Periodismo Regional Semana por la serie de pódcast Historias de guerra, vida y resistencia, conflicto armado en Caldas.

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Codirigen: Adriana Villegas Botero, Ana María Mesa Villegas y Camilo Vallejo Giraldo.