Al pasar de la casi pastora adventista Viviane Morales a la casi sor Ilva Myriam Hoyos, se reafirma cuál será la línea ideológica del Ministerio de Educación del presente gobierno, Era de esperar un enfoque conservador y retardatario de todo el gobierno abelardista, pero no pensábamos que la tendencia fuera tan goda, en cuanto revolver educación con religión. Ahora la sustituta va a resultar más cerrada que la ministra inicial, lo que señala que en el frente de la educación es tal vez en el que más se va desarrollar la batalla cultural que promulgan los ideólogos del actual mandato. En concreto, en el sector de la educación superior ya se atisba el intento de forzar que las universidades públicas no lo sean tanto: que no sean tan universidades (universales) ni tan públicas (incluyentes, sin confesionalismos).
Además de designar a una cristiana muy conservadora en el Ministerio de Educación, el primer gran gesto de desafío y aviso de AdelaE sobre su intención de controlar las universidades fue designar a un sacerdote católico como su representante ante los consejos superiores de las más importantes universidades del estado. Y peor aún, para que quedara claro su criterio de manejo de estas instituciones, nombró al mismo representante en las cinco más destacadas de Colombia: Nacional, de Antioquia, del Valle, Pedagógica y del Atlántico. Esto es un acto de tan claro carácter sectario que debería mover a la protesta hasta a los restantes sectores del cristianismo (no-católicos), así como a los fieles de las otras religiones del país, en particular a los musulmanes o islamistas, principales excluidos del acto religioso de la posesión del actual presidente. Con mayor razón este asunto es preocupante para los sectores sociales agnósticos y ateos del país, no solo dentro de esas universidades. El estado de derecho que define a Colombia no es confesional ni las universidades pública pueden orientarse por religión o dogma alguno.
El señor designado como multi-representante del presidente AdelaE es integrante de la congregación religiosa denominada Renovación Carismática Católica, que se caracteriza por buscar infundirle emocionalidad, expresividad (¿“carisma”?) a las prácticas religiosas de los católicos. Tuvo origen en Pensilvania, Estados Unidos, en la Universidad de Duquesne del Espíritu Santo (es el nombre completo), la cual se define a sí misma como la única universidad espiritana de ese país. Vale añadir que esa congregación religiosa (los Espiritanos) es de origen francés, y que sus ritos y celebraciones son característicamente alegres, con cantos y algunas expresiones corporales; y que le dan mucha importancia a lo que llaman carismas o dones, como son lo que en el cristianismo en general se denominan profecías, sanaciones o revelaciones. Es decir, se trata de una forma del rito católico muy activa.
Un aspecto adicional de concentración del control presidencial es que el sacerdote y abogado Rodolfo Andrés Londoño, el multi-representante del presidente en esas instituciones públicas, es también el capellán de la presidencia de la República. Por cierto, en el decreto de nombramiento de representantes a quince universidades es al único a quien se refieren en la condición de “padre”, a pesar de que en la lista de los nuevos representantes todos son profesionales universitarios y que en su mayoría tienen grado de doctorado (o Ph.D.); pero los mencionan como “señor” o “señora”. Parece ser otra muestra de las prioridades y un símbolo del poder y respeto que tiene la religión dentro del actual gobierno.
Supongo que la entonces ministra de Educación, Viviane Morales, quien también firmó el decreto con esos nombramientos, debió quedar inquieta porque entre los designados no se incluyó a ningún pastor o predicador de la iglesia cristiana protestante adventista “Casa de la Roca”, a la que ella representa y en la que milita. Adicionalmente, el esposo de la hoy exministra, Carlos Alonso Lucio, es predicador de esa misma iglesia, clasificada también como neo-pentecostal.
De paso, dejemos sentado que, independientemente de quién sea el presidente de la República y a quién nombre como representante, me parece un adefesio, un adorno, o al menos innecesario que el primer mandatario tenga representante ante los consejos directivos de las universidades públicas en las que hay un representante del Ministerio de Educación. Al punto, que es posible que el Presidente se haga representar por cualquier persona, como sucedía con la joven bachiller que representó a Gustavo Petro ante el consejo superior de la Universidad del Cesar. Lo lógico es que el punto de vista del gobierno central sobre los asuntos normales de una universidad pública lo represente la persona que asiste en nombre del ministerio del ramo; entre otras cosas porque sería incomprensible que votaran en direcciones contrarias el ministerio y el representante de la presidencia.
Estos elementos hacen pensar que los estamentos de las universidades públicas deben quedar notificados de las tendencias y criterios limitantes que utilizará el nuevo gobierno frente a la educación superior. Si bien todos los colombianos esperábamos que sus puntos de vista sobre estos temas fueran conservadores, no creíamos que se caracterizara por la presencia provocadora de religiosos católicos dentro de los órganos de dirección administrativa y académica —que además elige rectores— de las universidades públicas. Es claro que el gobierno no va a tener fácil la “batalla” en las universidades públicas, si promueve posiciones retardatarias como las que se le conocen a la nueva ministra y al gobierno central en general. Habrá que ver cómo se desarrolla esta relación en los cuatro años que iniciamos, pero la esencia de las universidades públicas no se va a perder, así como no se van a resolver sus problemas, limitaciones o desvíos en este cuatrienio. Quedamos todos notificados, y preocupados porque las universidades públicas son patrimonio de la sociedad y no propiedad de un gobierno, con su carácter universal, incluyente, civilista y laico. Sí, con sus imperfecciones, bandazos y búsquedas permanentes.
Las otras universidades también deben tener ese mismo espacio de libertad, así se acojan a alguna confesionalidad o ideología. Es posible que ahora el Ministerio les dé papel preponderante a las confesionales, mayoritariamente católicas en nuestro país, o que simplemente las impulse a ser “más católicas”, más conservadoras, más rígidas, más moralistas y menos universales; es decir, menos universidades. Riesgo similar pueden correr las universidades privadas, en particular las más débiles financiera o institucionalmente.
En todo caso, este no es el único mensaje claro de teocracia que AdelaE y sus aliados nos han enviado; son múltiples en menos de un mes: en sus discursos se encomienda a su dios, realiza oraciones y rituales en público como ponerle una corona a una estatua de una virgen, mientras a su lado vigilan y celebran unos señores en trajes como medievales o de cruzados españoles. Todo con transmisión por la televisión pública, en la cual la esposa del primer mandatario venía invitando a que lso colombianos la acompañaran a rezar en lugares públicos. Luego, en la alocución presidencial más reciente, AdelaE presenta formal disculpa por “si alguien se sintió” discriminado por los actos religiosos de su posesión, pero cierra con la proclama “viva Cristo rey”.
Claro que para los católicos abelardistas no hay problema alguno en todo esto, pues la palabra misma que los identifica pretende recoger todas las religiosidades: católico viene de la palabra griega katholikos, que significa “universal” o “total”. Debe ser por todo esto que en varias ocasiones durante estas semanas me he sentido como si viviera en la España de los años 50 del siglo pasado, con el generalísimo Franco a la cabeza del gobierno (“por la gracia de Dios”, según los jerarcas católicos), y quien encabezaba “la cruzada” que ellos aplaudían y buscaban: un país con una única religión y gobernado según los dictados de sus creencias, postulados y rituales. ¡Que la sociedad civil no descanse en paz, por favor!.