
¿Alguna vez se ha sentido preso de su empatía o esclavo de su propósito?
Me acontece que no puedo pasar la página porque tengo cosas pendientes, y por “tengo” no me refiero a algo mío; simplemente son cosas que yacen ahí y poseen problemas, y yo no niego dos cosas: ni agua a quien tiene sed, ni inmiscuirme en los problemas de quien los tiene y cargarlos como si fueran míos. Y esta situación, después de un terremoto de 7,4 que destruyó buena parte de mi ciudad y más de 50.000 afectados directos, es el peor caldo de cultivo para pasar la página. Porque, primero: ya hay escasez de páginas, las doné todas a quienes las necesitaban para pensarse un futuro; y, segundo, el futuro está agrietado y tiene un letrero rojo en la entrada que dice “riesgo de colapso”.
Me puse un casco que me quedaba grande, porque a mí en la universidad me enseñaron a leer libros, interpretar y argumentar, y eso construirá ciudadanía pero nunca una ciudad. Entonces, en mi extrema pequeñez de no saber levantar muros, pero gran testarudez pereirana, he hecho todo tipo de trabajos para levantar esto, desde escombrear y palear hasta empaquetar mercados, pero hay uno que ha sido el más difícil: tener esperanza.
Verte en ruinas fue una imagen que jamás me imaginé, Pereira. Te recibí entera y te sostengo por piezas; ya no vas a volver a ser lo que eras. ¿Cómo mantenerme aquí? ¿Es sensato seguirte eligiendo como hogar cuando no tienes siquiera paredes para protegerme, ni alimentos para llenarme? Lo respondo simple: es más lo que me une con las personas que acampan fuera de su casa que está a punto de caer, que aquellos que se van a la finca o de viaje a pasar el mal rato. Cualquier persona tomaría otra decisión, pero yo lo llamo quedarme junto a lo único que me queda: mi gente.
Porque nos habremos quedado sin techo y muros, pero los cimientos rebeldes pereiranos permanecen. Esta ciudad nunca pidió permiso pa’ existir y mucho menos pa’ volver: fuimos valle liberal entre la godarria conservadora, armamos rancho aparte y fuimos los hermanos menores que querían liderar la región cafetera. Siempre hemos sido insolentes, y con el permiso del Egoyá, los malos dirigentes y las placas tectónicas emberracadas: de aquí no me voy, en Pereira me quedo.
Pereira hizo lo peor que podía hacer por mi terapia de soltar los problemas que no son míos, y lo lamento por mi psicóloga, que vamos a tener sesiones pa’rato; pero la ciudad me necesita porque esto también tiene que ver conmigo. «Quedarse» es un verbo que nadie enseña, y es el más difícil de conjugar, pero es el que más importa cuando todo se cae.
¿Usted o alguien que conoce necesita acompañamiento psicosocial luego del terremoto? Comuníquese al teléfono 123, opción 3, línea habilitada por la Alcaldía de Manizales.

El terremoto del 10 de agosto de 2026 marca la historia de nuestro territorio. Narrarlo ayuda a construir memoria y a reparar nuestras grietas emocionales. Si quieres escribir qué piensas o sientes y publicarlo en Barequeo, envía lo siguiente a barequeo@barequeo.com
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