
Soy yo. Es que todo me sabe mal. Todo es tonto e insignificante frente a la tragedia y, en esta medida, todo lo que no la signifique y dignifique es irritante.
Después de muchos años fuera de Manizales, soporto fácilmente la lejanía de los míos.
Pero hoy no.
Hoy estoy como en esos días en que todo parece estallar y necesito saltar, pero no hay red que me sostenga.
Mi mandíbula empezó a dolerme después de más de 15 años sin que me pasara.
Mis dedos meñiques me duelen, porque es lo que aprieto cuando tengo ansiedad (siempre he creído que es mi forma de regularme ante los demás cuando mi mundo se viene al piso. Porque así es Manizales y yo como ella: finjo siempre estar bien y si aprieto los meñiques no se nota. Nadie mira los meñiques).
Pero hoy no podemos disimular, hoy nos sabemos destruidos.
Y aún así, ahí estamos. Intentando ayudar.
Quienes estamos lejos de los nuestros, lejos de nuestra ciudad, también nos ayudamos. Compartimos la frustración de estar rodeados de gente que no entiende. Que se conduele, pero siente lejana esta realidad y aún así quiere aportar lo que esté a su alcance*.
Lloramos en la casa o en un parque o almorzando o trabajando.
Y entonces nos llamamos.
Porque ellos no entienden por qué lloramos tanto.
Ya son cuatro días.
Pero es que son nuestros barrios de infancia. El apartamento y la casa donde viví se cayeron.
Ya no podré pasear por los lugares donde construí muchos de mis recuerdos como si fuera el tour turístico número 1 cuando visito mi ciudad.
¿Y si envejezco y olvido cómo lucía mi casa, mi barrio, mi colegio, mi infancia, mi juventud? ¿Si olvido cómo aprendí a montar bicicleta y olvido el día que aprendiendo casi me atropella un carro y todos los obreros, que construían un edificio al frente de mi casa que tampoco está más, me ayudaron y llevaron donde mi mamá? ¿Qué haré? Si me quedé sin recursos para recordar.
Emi, mi hijo, tampoco podrá recordar la casa donde vivía su mamá cuando tenía su edad.
No es el mundo, soy yo que me derrumbé, junto con parte de mi ciudad.
*Gracias a todos los colombianos, que sin ser de las zonas donde ocurrió la tragedia, se han movilizado para ayudar. No son ustedes, soy yo.
¿Usted o alguien que conoce necesita acompañamiento psicosocial luego del terremoto? Comuníquese al teléfono 123, opción 3, línea habilitada por la Alcaldía de Manizales.

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