Ni la derecha le sirve a Abelardo y sus fanáticos. Los demócratas les parecen tibios; los socialdemócratas les suenan indeseables, sospechosos de ser izquierdosos y casi cómplices de algo que ellos ven como la amenaza a la humanidad y a su religión: “el comunismo”, que es como denominan a todo lo que pueda sonar a redistribución, inclusión, independencia o no-confesionalidad del estado.
Bruce Mac Master, el saliente (empujado) presidente ejecutivo de la ANDI y un gran crítico del gobierno anterior, había escrito en una columna en el El Colombiano de junio: “Votaré por Abelardo de la Espriella porque considero que es la alternativa más conveniente para todo el país, para las empresas y para los trabajadores. No significa que comparta todas sus posiciones o ideas. Seguramente tendremos acuerdos, así como también diferencias. La democracia no implica adhesiones absolutas… Decidiremos sobre si preservamos la separación de poderes… si protegemos la propiedad privada, la seguridad jurídica y la libertad de empresa… Sin crecimiento no hay política social sostenible; sin inversión no hay empleo formal; sin empresa no hay movilidad social… Confiamos en que habrá un gobierno dentro del cauce de la Constitución, con respeto por los contrapesos… El apoyo electoral debe venir acompañado de exigencia. Nadie recibe un cheque en blanco. Apoyar una candidatura no significa suspender el espíritu crítico, ni renunciar a la observancia cuidadosa de la gestión pública.”
Pero esos técnicos de derecha o centro-derecha que se atreven a discrepar en algunas cosas, a pedir independencia y respeto por los empresarios, o a defender un espíritu crítico, no son del afecto del gobernante. Y ahora, Bruce cayó; tuvo que dejar el cargo pues el gobierno De la Espriella presionó a los empresarios —en su inmensa mayoría de derecha— para que no lo tuvieran más en el cargo. “Es que una cosa es la derecha y otra soy yo”, parece pensar el actual presidente de la nación. En su misma línea va el señor Enrique Gómez y sus segundos en Salvación Nacional, a quienes tampoco les sirve el uribismo, pues Uribe no les parece suficientemente de derecha. Tal vez el abuelo de don Enrique —Laureano Gómez— sí les parezca buen ejemplo de ideología derechista para el país del siglo 21: un mundo católico y anticomunista (recordemos que gobernó en 1950, cuando el comunismo —o el gobierno soviético— estaba en su mayor visibilidad y era muy temido en Occidente). Además ese “monstruo” consideraba que los liberales y toda la izquierda buscaban destruir los valores que defendían gobiernos por él admirados, como del de Franco en España; y creía que toda la educación pública la debía coordinar la iglesia católica (¿les suena la consigna “Viva C… rey”?).
A propósito, hay que recordar que al presidente De la Espriella lo eligió en gran parte esa porción de colombianos de estratos medios y de mediano conservadurismo, como muchas de las personas que vemos todos los día en las calles, en las oficinas, en los negocios de muy diversa índole y trabajando en el transporte por ejemplo. Y que se aburrieron de los graves errores del gobierno Petro —empezando por su estilo, personalidad y exageraciones verbales—, que eran muy propensos a aceptar las críticas que la derecha le hacía a toda apertura e inclusión que ese gobierno promovió, y a seguir a quien promoviera un status quo —en algunas cosas— y soluciones milagrosas a los problemas. No se trata de un fuerte partido de derecha ni de una tendencia ideológica de fascistoide bien establecida, sino de una reacción lógica a una coyuntura, a unos errores y a unas provocaciones, de parte de un gran bloque de votantes no fieles a ningún partido, más o menos asustadizos y más o menos “ganables”, en un país más bien conservador. Pero ahora en el gobierno, el abelardismo pretende hacer sus “milagros” a su manera, como producto de su poder (“milagroso”) y sin que participen los otros de derecha y de centro —porque los de izquierda no existen.
En medio de estas circunstancias y luego de dos meses de gobierno, se programó la primera convocatoria formal de protesta a las políticas de De la Espriella. La Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y sectores cercanos al progresismo y a la izquierda, como la federación del magisterio oficial —Fecode— junto con otras organizaciones sociales y el partido Pacto Histórico —claro está— están convocando para el miércoles 14 de octubre. Este acto servirá como una primera medición de fuerzas entre el gobierno, rodeado aún de un cierto ambiente optimista que prima entre un gran sector de colombianos, y la oposición. Y será el primer momento de la verdad para observar tanto la forma como se comporta la protesta, como la manera en que responden las autoridades a las muy probables provocaciones, desórdenes o potenciales bloqueos, e incluso a los ya conocidos actos de destrucción de alguna infraestructura, que se suelen presentar al calor de los posibles enfrentamientos. Todo mientras el gobierno alista los proyectos de ley y decretos destinados a reprimir los desbordes casi inevitables de las movilizaciones, marchas y protestas sociales y políticas. Por ahora, hemos visto el tipo de instrucciones, motivación y apoyo del gobierno central a la actuación con mano dura de las fuerza pública, por lo cual es esperable una represión como la que han tenido los anteriores gobiernos de centro derecha ante las casi inevitables alteraciones.
Para cerrar, debemos decir que no sería extraño que entre los asuntos que se ventilen en estas movilizaciones en nuestra región, aparezca el incumplimiento de la aplicación de la tarifa diferencial de los peajes en Autopistas del Café, que quedó reglamentada desde el 26 de junio, antes del inicio del presente mandato, pero que todavía no se aplica; y tal vez no se va a aplicar. El actual gobierno no es amigo de este tipo de auxilios y ya ha dado a entender que pretende mantener las concesiones viales y probablemente renovarlas. Específicamente la ministra de transporte había dicho -antes de la veda de declaraciones- que revisaría las tarifas diferenciales de los peajes y no aplicaría las reducciones sin analizar su impacto financiero. Todos sabíamos que los $21 mil millones que estaban como superávit para cubrir esa reducción pactada con la comunidad, no alcanzarían sino para el resto de este año (unos seis meses); pero hoy -tres meses después- no se aplica la reducción, en medio de un ambiente nada favorable a ese tipo de pactos y subsidios. Esa tarifa diferencial parece que también se irá de bruces.