De los mapas afectivos que ningún terremoto puede borrar

Estoy repitiendo el estribillo de una canción del grupo Bahía, reconocido colectivo musical del pacífico colombiano, que dice: “Esto que está pasando pasará”.
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De los mapas afectivos que ningún terremoto puede borrar

7:30 am quietud absoluta. El sonido de las chicharras veraniegas de agosto. Minutos después, el movimiento y la alarma del celular me hicieron saltar de la cama para buscar a mi gato. No se cómo no lo estrangulé mientras pasó el temblor más fuerte y eterno que he sentido en mi vida. Terminé tirada en el piso mientras imaginaba que el epicentro había sido en el Tolima, que quizás era el volcán Machín, que Ibagué desaparecía, que el edificio era de cartón, que todo acababa, sin nombrar la muerte explícitamente. Una ráfaga de pensamientos, emociones y cortisol que cinco días después de lo ocurrido intento transitar.

Esa mañana del lunes 10 de agosto todo fue confusión mientras las llamadas, los mensajes de texto y audios iban y venían entre familiares, amigas, vecinos. Los más cercanos estaban vivos, a salvo, pero las malas noticias empezaron a multiplicarse con las historias de muchos en las zonas más afectadas del occidente colombiano: Caldas, Risaralda, Quindío y Valle del Cauca. Las novedades de Quibdó, región epicentro del terremoto de magnitud 7.4, tardaron muchas más horas para llegar porque la falta de infraestructura y conectividad con este departamento ya existían antes de este terremoto, como una deuda histórica y social que no podemos negar, incluso en medio de esta tragedia.

Hace 20 años me despedí de Manizales, la ciudad universitaria donde tuve la oportunidad de estudiar mi pregrado y de ser feliz, como ahora en retrospectiva lo llamo. El grupo de WhatsApp con los amigos y colegas de la ciudad Del alma me permitió tener información directa y clara de lo que allí estaba pasando, con una mezcla de empatía y nostalgia que aún, a pesar de los silencios propios del momento, percibo. He repasado esas calles con el pensamiento y el corazón. He recorrido esos mapas afectivos que ningún desastre natural puede borrar, he nombrado mentalmente y en voz alta a muchas personas, lugares y cosas, a manera de inventario o conjuro.

Después del remezón físico y emocional de esta semana en Colombia estoy intentando transgredir las fronteras geológicas, estoy abrazando en la distancia a mucha gente que conozco y no conozco en varios lugares. Me estoy diciendo a mí misma para poder decirle a los demás: Todo pasa, lo bueno, lo malo, Todo pasa. Estoy repitiendo el estribillo de una canción del grupo Bahía, reconocido colectivo musical del pacífico colombiano, que dice: “Esto que está pasando pasará”.


¿Usted o alguien que conoce necesita acompañamiento psicosocial luego del terremoto? Comuníquese al teléfono 123, opción 3, línea habilitada por la Alcaldía de Manizales.


De los mapas afectivos que ningún terremoto puede borrar

El terremoto del 10 de agosto de 2026 marca la historia de nuestro territorio. Narrarlo ayuda a construir memoria y a reparar nuestras grietas emocionales. Si quieres escribir qué piensas o sientes y publicarlo en Barequeo, envía lo siguiente a barequeo@barequeo.com

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