La cuenta regresiva de una batalla perdida

La hora de invertir un poco más de tiempo en los movimientos y tejidos populares, orgánicos y autogestionados que nos permitan sostener, fortalecer, y apostar cada vez menos por una institucionalidad estatizada.
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Hay una cuenta regresiva que nos está quitando el sueño. La pesadilla de un fascismo global está aquí y sus expresiones de violencia expuesta y performatividad de la barbarie se nos empiezan a hacer cotidianas. No me gusta la expresión “Batalla cultural” y creo que nunca ha sido más imprecisa la palabra “cultura” como en esta expresión y en este momento. Esto no se trata de una disputa por la narrativa simplemente. Se trata de una intención de control; de la utilización de otras formas coercitivas, policivas y disciplinares para la deshumanización, el perfilamiento y el exterminio. Se trata del poder. Es una batalla por la dominación, y no es solo a través de eso que pueda llamarse “cultura”.

En mi manera de verlo hace falta que nos hagamos otras preguntas o que replanteemos las que ya tenemos. Sí, de hacerle frente a una batalla por la dominación se trata. Hace unos meses estuvo en Colombia Rita Segato. Su forma de hacerse preguntas me atrapó. Escuchándola en diferentes entrevistas me quede con una de ellas, en la que cuestionaba la coincidencia entre el avance de las derechas tecnofascistas y el ataque a las agendas de género, sexualidades, aborto, derechos, etcétera. Y es que nunca ha sido más evidente cuáles han sido las herramientas de control y dominación más efectivas.

En tan solo unas semanas, un repertorio de personajes han venido a encarnar los lugares comunes de esa dominación. Primero se ha encarnado “El Macho Patriarca”: un hombre de familia, dios y patria. Es el hombre que se arma y que camina entre los cuerpos muertos para demostrar su poder. Necesita exhibir su barbarie, exponer su caza, portar la pistola, hacer uso de su fuerza contra el más débil. ¿De dónde más podría venir su fuerza y su respeto, sino es de aquella violencia que ejerce “en nombre de todos los hombres”?, sobre todo de aquellos que no la pueden ejercer, recuerda Rita. En los tiempos de Uribe lo llamaron el embrujo autoritario, y ya sabemos que dio origen a oleadas de violencia, que hoy vemos con profundo dolor repetirse.

También se ha encarnado la “Dama Moralizadora y Evangelizadora”. Un par de ministras de educación y sobre todo la directora del ICBF han hecho su performance por “los niños” (aunque debería decirse niñas, niños y niñes) y por “la familia” (aunque deberíamos hablar de familias y comunidades). Con la intención de utilizar ambas plataformas como herramientas de control y dominación social, pretendenden borrar lo imborrable. Quieren borrar las ciencias sociales, la antropología y la historia, las mismas que llevan más de cinco décadas tratando de entender el origen y desarrollo de las familias colombianas. Quieren transformar el curriculum completo de punta a punta, “sacar a Marx de las escuelas” y volver a traer a “Cristo Rey” al centro de una enseñanza religiosa y fundamentalista que evangeliza en los “buenos valores”. Volver a la urbanidad de Carreño de un solo plumazo. Marx no estuvo ni cerca de llegar a las escuelas, pero esa es una excusa para poder cambiar todo lo que invoque el pensamiento crítico y se relacione, aunque sea un poquito, con un cambio de paradigmas.

También estamos viendo a los tecnócratas; estadistas “sabios» que creen que la única verdad está en los números, las empresas y las ganancias. Uno de estos nos quiere convencer de que en Colombia no hay campesinxs, sino “pequeños empresarios rurales”, con la intención de declarar a lxs campesinxs sujetos de posible agresión, despojadores, desvalidos, invasores, analfabetos que se oponen al desarrollo, y justificar sus muertes, como ya lo han hecho, pues son lxs campesinxs, indígenas y afros, los que viven en medio de un conflicto armado que solo va a degradarse.             

Otra de estas tecnócratas sabia que dice solo “la verdad”, la Ministra de Cultura, ha hecho gala de una información parcializada y rebuscada para quitarle el presupuesto a una parte de un gran ecosistema cultural. Canceló una parte de la convocatoria del Portafolio Nacional de Estímulos, lo que en mi manera de ver es una forma de provocar a un “sector” poco organizado, que casi nunca sale a la calle por sus derechos. Aunque sí ha demostrado que puede manifestarse si se le toca la plata. El mismo sector que ha venido apostando a fortalecer un “sistema cultural” casi en su totalidad estatizado e institucional, poniendo sus esperanzas en una aparato burocrático frágil y altamente amenazado. Y ahora lo vemos más que nunca.

La cuenta regresiva es, sobre todo, para este sector cultural al que le quedan caminos difíciles, y aunque siempre ha sido así, ahora es diferente. Lo “cultural” ya no será políticamente neutro, como siempre se ha pretendido. Lo cultural no se tratará ahora de “la cultura” y las artes. Se trata de la dominación y el poder. Se trata de las otras educaciones posibles cuando la educación vuelva a ser religiosa y moralista; se trata de las otras familias y comunidades, de hacerlas visibles, de habitarlas, nombrarlas y vivirlas. Se trata de la posibilidad de que las diversidades hablen y, en primer lugar, EXISTAN; de lxs campesinxs, de lxs migrantes, de la vida en su conjunto. De encontrar las maneras de romper el endemismo y no caer en la trampa de quedarnos en la identidad del café, la arepa y la canción de Carlos Vives, tal como quiere el Ministerio. La patria milagro es una nación culturalmente creada a la medida de su propio molde en un empaque de Inteligencia Artificial para su más fácil dominación.

Crear y compartir van a ser lugares importantes. Cuestionar, criticar y visibilizar lo incomodo, también lo será. Quizás sea la hora de invertir un poco más de tiempo en los movimientos y tejidos populares, orgánicos y autogestionados que nos permitan sostener, fortalecer, y apostar cada vez menos por una institucionalidad estatizada que puede venirse abajo en cualquier momento.    

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  • La cuenta regresiva de una batalla perdida
    Educador popular, gestor cultural y creador en lenguajes de la imagen con 20 años de trayectoria en el diseño y realización de iniciativas sociales, culturales y comunitarias. Gestor e Integrante de la Corporación Nodo.

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