La primera reacción, cuando la tierra deja de moverse y por fin acaba ese infierno que se llama terremoto, consiste en llamar o chatearle a la familia para confirmar que todos están bien.
Este lunes 10 de agosto, pasado el susto inicial de las 7:34 a. m. y a medida que llegaron noticias e imágenes, cada vez más catastróficas, surgió la necesidad de saber cómo estaban los otros cercanos: los amigos, compañeros de trabajo, de estudio, los colegas y vecinos.
Desde el lunes empezamos a contactar a los barequeros, los colaboradores más habituales de este medio que viven en el Eje Cafetero, para verificar su estado. Les escribimos por Whatsapp preguntando ¿cómo estás? y aunque casi todos respondieron ese mismo día, algunos no pudieron hacerlo sino hasta el día siguiente. A continuación presentamos un panorama de lo que relataron, que permite dimensionar otras capas de esta catástrofe. No tenemos víctimas mortales ni lesionados, pero sí daños materiales y mucha tristeza.
Jaiber reporta desde la Vereda Buenavista
Jaiber Ladino Guapacha, desde Quinchía, Risaralda
«Al momento del terremoto íbamos para Pereira vía Irra. Llegamos hasta La Manuela y apenas tuvimos señal y vimos los vídeos nos regresamos. Aquí en Quinchía hay viviendas con afectación».
Jaiber es docente en la Institución Educativa Miracampos, de Quinchía, Risaralda. El martes al final de la tarde contó: «Hoy hice un recorrido por las sedes del colegio. La que más sufrió fue la de la vereda Buenavista. No se puede recibir ahí a los niños porque hay mucho riesgo. Además a Licidia Bartolo, una de las profesoras de la vereda, le fue muy mal porque la casa se le cayó».




John Jairo y la iglesia de Quimbaya
John Jairo Osorio Giraldo, desde Quimbaya, Quindío
«Afortunadamente estoy bien. Quimbaya muy afectado, muchas edificaciones averiadas. Aquí hubo muchos daños y no tuvimos energía ni señal desde el lunes. Nos afectó mucho la destrucción de la iglesia».




La búsqueda de Jhonattan
Jhonattan Arredondo Grisales, desde Pereira
El martes 11 de agosto en la mañana la periodista Claudia Morales, directora de la Feria del Libro de Pereira, escribió en su cuenta de Twitter: «buscamos a nuestro amigo escritor Jhonattan Arredondo. Por favor, amigos en medios, ayúdennos a dar aviso por sus canales de difusión».
En Pereira buscamos a nuestro amigo escritor Jhonattan Arredondo. Por favor, amigos en medios, ayúdenos a dar aviso por sus canales de difusión. @anacrisrestrepo @jsanchezcristo @darcyquinnr @gusgomez1701 @laiabu @fidelcanoco @EspinosaRadio @ZuluagaCamila @claudiapalacios
— Claudia Morales (@ClaMoralesM) August 11, 2026
Como a otros barequeros, desde el lunes le enviamos a Jhonattan un mensaje por Whatsapp preguntándole ¿cómo estás? A la hora en la que Claudia Morales escribió su trino no habíamos obtenido respuesta. Decidimos activar la búsqueda a través de nuestras redes sociales. En Pereira la falta de energía eléctrica, como consecuencia del terremoto, descargó muchos teléfonos celulares, y buena parte de la ciudad quedó sin Internet. Confiamos en que esas fueran las razones por las que Jhonattan no se comunicaba, pero saber que otras personas también lo estaban buscando sin éxito y las imágenes que llegaban desde Pereira nos hacían temer una posibilidad peor.
A las 10:32 a. m. un ciudadano nos sacó de la incertidumbre, al responder el mensaje de búsqueda que publicamos en Facebook.

El martes al final de la tarde Jhonattan escribió: «Realmente pensé que era el fin, pero pudimos salir ilesos. Mi mamá estaba muy preocupada. Apenas me puedo comunicar. Estaba sin señal y sin energía. En el terremoto estaba con mi novia. La casa quedó agrietada y tuvimos que salir, pero estamos bien. Acabamos de llegar a casa de mi mamá, en Cartago».
La bitácora de Franklin
Franklin Molano Gaona, desde Pereira
A la pregunta ¿Cómo estás? Franklin respondió el lunes a las 11:03 «caótico» y envió cinco fotos:





El martes escribió: «El día después. Pereira está devastada. Por cada cuadra que recorro en el en el centro de la ciudad, hay un edificio en el suelo. Esta es la calamidad natural más fuerte que los pereiranos han vivido. Aún hay gente hay debajo de los escombros, hay brigadistas realizando búsquedas, hay socorristas y civiles ayudando a remover escombros. Hoy segundo día de toque de queda. No hay energía, no hay agua. La ciudad está encerrada». A la pregunta ¿Cómo te sientes? respondió: «Asustado. Tenso. Calma. Calma. Hay zozobra» y sobre su casa contó: «Con averías y a la espera de la evaluación».
Franklin es un cronista. El miércoles envió un mensaje más largo, que también publicó en redes sociales:
En la mañana hice un recorrido por la calle 12 con carrera 8va y novena. Mujeres adultas, hombres y niños, miraban como sus casas se hsbísn ido al suelo. El terremoto las acabó de un plumazo.
Otros han conformado cuadrillas para sacar gente que todavía hoy siguen sepultadas.
Una brigada reparte alimento conpuesto de una proteína, verdura y agua.
El sol arde.
Las edificaciones se caen y la gente acumula y acumula escombros.
Hay solidaridad, hay gente que confia en el vecino. Hay comvite. Hay juntanza para soluciinar.
Hoy un nuevo día después de la tragedia donde hay que seguir en busca del que no está e intentar respirar.
A partir del jueves estos escritos diarios de Franklin empezaron a tener título: «Bitácora del terremoto en Pereira«. La bitácora de ese jueves dice:
Hoy estuve en Providencia.
Uno de los barrios más tradicionales de Pereira —parecido a Teusaquillo en Bogotá—.
Allí hay casas enormes de aquellas de dos garajes y balcones, que quedaron en el suelo.
El terremoto azotó dos largas cuadras de éste lugar, entre esos el colegio, varios locales, cafeterías y miscelaniss.
Los residentes se han unido para sacar de las vivienda lo que pueden y se han organizado para acumular y ubicar los escombros en las esquinas.
La gente está acompasada, trabajan unidos, obedecen las órdenes, se cuidan entre ellos. Colaboran.
Camino por una de las cuadras y llega a uno de los bares que solía ir los viernes en la noche y que tenía dos pantallas enormes, de las cuales no queda nada y el local estaba en el suelo.
La mesera estaba arrodillada y su mirada, lo decía todo, estaba apagada y perdida. Camino en medio de piedas, vidrios rotos y marcos de ventana.El polvo de los escombros se pega en cara, la gente sin camisa y con un pantalón desgastado, recoje tejas, saca concreto, da órdenes, intentan cuidar lo poco que se tiene.
Al fondo sirenas, pitos, carros que van a alta volocidad.
El hospital San Jorge y la clínica Los Rosales, estan al tope. No tienen camas y solicitan donación urgente de sangre.
El reporte más reciente señala que a hoy solo en Pereira hay 93 personas fallecidas y se han rescatado 15 mascotas. Salgo del lugar y la gente queda allí silenciosa y triste. Hablan entre ellos.
El viernes también envió bitácora:
Los jóvenes, unidos atienden la tragedia
Desde el lunes 10 de agosto a las 3:00pm., cuando todavía la devastación del terremoto estaba presente en cada uno de nosotros, decenas de jóvenes, conformaban grupos para atender la calamidad.
Los he visto desde las 9:00 de la mañana. Muchachos con casco, botas y petos, buscando heridos bajos los techos, otros sacando enceres, escombros y todo lo que esté a la mano. Unos van por las mascotas, otro grupo alista la gran olla comunitaria para el alimento: sancocho con carne, papa, trozos de yuca y hueso. «Así lo hemos hecho siempre. Somos solidarios. Solucionamos. Nos ayudamos. El pereirano es así. Da la mano», me dice un joven de 21, que vive en Dosquebradas, un municipio a 20 minutos de Pereira, donde la tragedia también dejó por el suelo viviendas, colegios y centros de salud.
El trabajo de los muchachos está en los barrios: ayudan, barren, sacuden, ordenan, empacan. Y asi todo el dia. Son un equipo donde cada uno sabe qué hacer.
Otros grupos están en los albergues.
Hay uno en el Parque Olaya Herrera, -centro de Pereira- donde hay intaladas carpas, letrinas, hay atención y alimento. Todo para aquellas familias que han perdido su casa y no tienen donde pasar la noche.
Otro punto es el parque de la Libertad, más pequeño que el Olaya, donde tambien hay atención. Allí todos aportan, ayudan, colaboran. «Así se hizo Pereira, con un comvite, donde todos apuntan a lo mismo, al bienestar del otro», me dice una joven de 23, que subraya: «eso del comvite me lo enseñó mi tia y vea, ahora, nosotros los jóvenes estamos aquí».
Ya son las 11:30 de la noche. Los chicos paran, reciben instrucciones, se abrazan entre ellos y aplauden. Varios carros asignados trasladan al grupo.
«Mañana volvemos. De ésta salimos, papi», concluye uno de ellos.
Seguramente en los próximos días seguirá escribiendo este diario sísimico.
Liliana aplazó la Filaq
Liliana Moreno Martínez, desde Armenia
«Fue horrible. Pero estamos bien», respondió Liliana el lunes. El miércoles escribió en su Facebook: «Estamos bien físicamente. Ningún lesiondx. Los gatos a salvo. Emocionalmente muy afectados. Aún no podemos entrar a nuestro apartamento, estamos sin luz, sin agua y sin gas. Nuestros amigos del alma nos acogieron en su casa. Y aquí estamos, a la espera de que hagan una revisión estructural a nuestro edificio. Una maleta, agua y sabernos juntos es lo que nos mantiene a flote. Pronto publicaremos un comunicado de prensa sobre la FILAQ, cuyo inicio estaba previsto para este viernes. Por favor, a quienes nos escriben y llaman les pedimos nos dejen respirar un poco. Paciencia y comprensión. Gracias».

Liliana Moreno Martínez dirige la Feria Internacional del Libro de Armenia y Quindío (Filaq). La agenda estaba prevista del 14 al 16 de agosto en Calarcá y del 20 al 23 de agosto en Armenia. El jueves posterior al terremoto expidieron un comunicado en el que informan que la Filaq se aplaza. La próxima fecha tentativa es a partir del 18 de octubre, pero aún ahora hay certeza.
Campaña solidaria y olla comunitaria de Luis David
Luis David Acosta Rodríguez, desde Manizales
A la pregunta ¿cómo estás? Luis David respondió con un audio generoso, rico en detalles. Contó que el terremoto lo cogió en su apartamento: «muy difícil, muy duro, había acabado de dejar a mi hija en el Colegio de Cristo y me tocó salir corriendo de la casa, un montón de personas en la calle, el el cableado eléctrico cayéndose, explosiones, un pánico total. Después volví a la casa y la gatica estaba en shock y sigue en shock. La casa estaba como cuando en las películas la policía va a esculcar la casa. Todo patas arriba. Perdí cosas que se quebraron pero los daños son leves, nada estructural».
Luis David trabaja con varias organizaciones comunitarias y desde esta misma semana inició campaña para recoger ayudas y a participar en ollas comunitarias para familias de Bajo Andes, Samaria y San José, entre otros barrios de Manizales.
Otras microhistorias
A medida que pasaron las horas, la preocupación se fue centrando en los colaboradores de Pereira. Mateo Quintero Segura respondió el martes por la noche: «Estoy bien. La casa ha sufrido muchos daños materiales y tuvimos miedo de un desplome posterior. No tuvimos señal, se nos dañó un tubo de agua y quedamos sin agua ni energía. Mucha preocupación sin poderme comunicar con nadie pero ya todo se ha ido arreglando de a poco. Gracias por el apoyo y el amor. Lamento no haberme podido comunicar antes».
Abelardo Gómez Molina no usa Whatsapp. Le enviamos un mail que por fortuna pudo responder desde Pereira el mismo día del terremoto en horas de la noche: «Estamos muy bien, no sufrimos lesiones. El techo de la casa se cayó en la parte de las alcobas».
César Augusto Montes Loaiza, también desde Pereira, confirmó el lunes que estaba bien. El miércoles dijo «bien pero nos faltó la electricidad hasta ahorita; no tenemos gas; el internet faltó. Ahorita nos estamos reacomodando. Estamos con combinación de apagón y la pandemia». César es muy puntual con el envío de sus textos. El viernes escribió: «Todavía temblando, pero ya envié la columna al correo. Buen día».
Cuando nació Barequeo Alejandra Ovalle Peñuela estaba embarazada. Ahora la bebé tiene más de un año. Desde Armenia Alejandra respondió el lunes en la tarde: «Estamos bien, con la familia. En mi edificio no hubo afectaciones graves. En la U (Universidad del Quindío) sí hubo varios daños». Toda la semana Alejandra ha estado recogiendo ayudas para las embarazadas.
María Camila Celis Cabrera, desde Armenia, no contestó el lunes el mensaje que le enviamos con la pregunta ¿Cómo estás? El martes respondió «Bien, apenas logramos tener energía y señal. Pero por suerte Armenia no se vio tan afectada». El espejo del terremoto del 25 de enero de 1999, que dejó más de 1.100 muertos en el Quindío, hace que en ese departamento los daños de este sismo se vean menos graves.
Camilo García, desde Manizales, respondió el lunes al mediodía: «Conmocionados, pero sin nada que lamentar». En su librería Refugio, ubicada en el barrio La Camelia, se cayeron los libros pero no hubo daños grandes. Eso sí: suspendió toda la agenda cultural de la librería y aún no se sabe cuándo reanudará.
También desde Manizales Julián Bernal Ospina informó que todo bien. El miércoles cumplió años. Esperamos que los próximos sean menos movidos.
