Barequeros: el llamado a lista tras el terremoto

Esto relataron los barequeros luego del terremoto. Sus historias permiten dimensionar otras capas de este desastre. Hay daños materiales y todos sentimos mucha tristeza.
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La primera reacción, cuando la tierra deja de moverse y por fin acaba ese infierno que se llama terremoto, consiste en llamar o chatearle a la familia para confirmar que todos están bien.

Este lunes 10 de agosto, pasado el susto inicial de las 7:34 a. m. y a medida que llegaron noticias e imágenes, cada vez más catastróficas, surgió la necesidad de saber cómo estaban los otros cercanos: los amigos, compañeros de trabajo, de estudio, los colegas y vecinos.

Desde el lunes empezamos a contactar a los barequeros, los colaboradores más habituales de este medio que viven en el Eje Cafetero, para verificar su estado. Les escribimos por Whatsapp preguntando ¿cómo estás? y aunque casi todos respondieron ese mismo día, algunos no pudieron hacerlo sino hasta el día siguiente. A continuación presentamos un panorama de lo que relataron, que permite dimensionar otras capas de esta catástrofe. No tenemos víctimas mortales ni lesionados, pero sí daños materiales y mucha tristeza.

Franklin, el sobreviviente

Franklin Molano Gaona, desde Pereira

A la pregunta ¿Cómo estás? Franklin respondió el lunes a las 11:03 «caótico». Luego escribió: «estaba en este carro» y envió cinco fotos:

Franklin se salvó de chiripa. Empezó a sentir el temblor en el carro y luego de unos segundos el conductor le dijo que mejor se salieran y así lo hicieron. Pocos instantes después un bloque cayó sobre el vehículo y lo destrozó.

El martes escribió: «El día después. Pereira está devastada. Por cada cuadra que recorro en el centro de la ciudad, hay un edificio en el suelo. Esta es la calamidad natural más fuerte que los pereiranos han vivido. Aún hay gente hay debajo de los escombros, hay brigadistas realizando búsquedas, hay socorristas y civiles ayudando a remover escombros. Hoy segundo día de toque de queda. No hay energía, no hay agua. La ciudad está encerrada». A la pregunta ¿Cómo te sientes? respondió: «Asustado. Tenso. Calma. Calma. Hay zozobra» y sobre su casa contó: «Con averías y a la espera de la evaluación».

Franklin es un cronista. El miércoles envió un mensaje más largo, que también publicó en redes sociales:

En la mañana hice un recorrido por la calle 12 con carrera 8va y novena. Mujeres adultas, hombres y niños, miraban como sus casas se habían ido al suelo. El terremoto las acabó de un plumazo.

Otros han conformado cuadrillas para sacar gente que todavía hoy siguen sepultadas.

Una brigada reparte alimento compuesto de una proteína, verdura y agua.

El sol arde.

Las edificaciones se caen y la gente acumula y acumula escombros.

Hay solidaridad, hay gente que confía en el vecino. Hay convite. Hay juntanza para solucionar.

Hoy un nuevo día después de la tragedia donde hay que seguir en busca del que no está e intentar respirar.

A partir del jueves estos escritos diarios de Franklin empezaron a tener título: «Bitácora del terremoto en Pereira«. La bitácora de ese jueves dice:

Hoy estuve en Providencia.

Uno de los barrios más tradicionales de Pereira —parecido a Teusaquillo en Bogotá—.

Allí hay casas enormes de aquellas de dos garajes y balcones, que quedaron en el suelo.

El terremoto azotó dos largas cuadras de este lugar, entre esos el colegio, varios locales, cafeterías y miscelaneas.

Los residentes se han unido para sacar de las vivienda lo que pueden y se han organizado para acumular y ubicar los escombros en las esquinas.

La gente está acompasada, trabajan unidos, obedecen las órdenes, se cuidan entre ellos. Colaboran.

Camino por una de las cuadras y llegó a uno de los bares que solía ir los viernes en la noche y que tenía dos pantallas enormes, de las cuales no queda nada y el local estaba en el suelo.
La mesera estaba arrodillada y su mirada, lo decía todo, estaba apagada y perdida. Camino en medio de piedas, vidrios rotos y marcos de ventana.

El polvo de los escombros se pega en cara, la gente sin camisa y con un pantalón desgastado, recoje tejas, saca concreto, da órdenes, intentan cuidar lo poco que se tiene.

Al fondo sirenas, pitos, carros que van a alta volocidad.

El hospital San Jorge y la clínica Los Rosales, estan al tope. No tienen camas y solicitan donación urgente de sangre.

El reporte más reciente señala que a hoy solo en Pereira hay 93 personas fallecidas y se han rescatado 15 mascotas. Salgo del lugar y la gente queda allí silenciosa y triste. Hablan entre ellos.

Barequeros: el llamado a lista tras el terremoto
Foto enviada desde Pereira el jueves en la noche por Laura Melissa García Betancur.

El viernes Franklin también escribió su bitácora:

Los jóvenes, unidos atienden la tragedia

Desde el lunes 10 de agosto a las 3:00pm., cuando todavía la devastación del terremoto estaba presente en cada uno de nosotros, decenas de jóvenes, conformaban grupos para atender la calamidad.

Los he visto desde las 9:00 de la mañana. Muchachos con casco, botas y petos, buscando heridos bajos los techos, otros sacando enceres, escombros y todo lo que esté a la mano. Unos van por las mascotas, otro grupo alista la gran olla comunitaria para el alimento: sancocho con carne, papa, trozos de yuca y hueso. «Así lo hemos hecho siempre. Somos solidarios. Solucionamos. Nos ayudamos. El pereirano es así. Da la mano», me dice un joven de 21, que vive en Dosquebradas, un municipio a 20 minutos de Pereira, donde la tragedia también dejó por el suelo viviendas, colegios y centros de salud.

El trabajo de los muchachos está en los barrios: ayudan, barren, sacuden, ordenan, empacan. Y así todo el día. Son un equipo donde cada uno sabe qué hacer.

Otros grupos están en los albergues.

Hay uno en el Parque Olaya Herrera, -centro de Pereira- donde hay instaladas carpas, letrinas, hay atención y alimento. Todo para aquellas familias que han perdido su casa y no tienen donde pasar la noche.

Otro punto es el parque de la Libertad, más pequeño que el Olaya, donde tambien hay atención. Allí todos aportan, ayudan, colaboran. «Así se hizo Pereira, con un convite, donde todos apuntan a lo mismo, al bienestar del otro», me dice una joven de 23, que subraya: «eso del comvite me lo enseñó mi tia y vea, ahora, nosotros los jóvenes estamos aquí».

Ya son las 11:30 de la noche. Los chicos paran, reciben instrucciones, se abrazan entre ellos y aplauden. Varios carros asignados trasladan al grupo.

«Mañana volvemos. De ésta salimos, papi», concluye uno de ellos.

Seguramente en los próximos días seguirá escribiendo este diario sísimico.

La búsqueda de Jhonattan

Jhonattan Arredondo Grisales, desde Pereira

El martes 11 de agosto en la mañana la periodista Claudia Morales, directora de la Feria del Libro de Pereira, escribió en su cuenta de Twitter: «buscamos a nuestro amigo escritor Jhonattan Arredondo. Por favor, amigos en medios, ayúdennos a dar aviso por sus canales de difusión».

Como a otros barequeros, desde el lunes le enviamos a Jhonattan un mensaje por Whatsapp preguntándole ¿cómo estás? A la hora en la que Claudia Morales escribió su trino no habíamos obtenido respuesta. Decidimos activar la búsqueda a través de nuestras redes sociales. En Pereira la falta de energía eléctrica, como consecuencia del terremoto, descargó muchos teléfonos celulares, y buena parte de la ciudad quedó sin Internet. Confiamos en que esas fueran las razones por las que Jhonattan no se comunicaba, pero saber que otras personas también lo estaban buscando sin éxito y las imágenes que llegaban desde Pereira nos hacían temer una posibilidad peor.

A las 10:32 a. m. un ciudadano nos sacó de la incertidumbre, al responder el mensaje de búsqueda que publicamos en Facebook.

Barequeros: el llamado a lista tras el terremoto

El martes al final de la tarde Jhonattan escribió: «Realmente pensé que era el fin, pero pudimos salir ilesos. Mi mamá estaba muy preocupada. Apenas me puedo comunicar. Estaba sin señal y sin energía. En el terremoto estaba con mi novia. La casa quedó agrietada y tuvimos que salir, pero estamos bien. Acabamos de llegar a casa de mi mamá, en Cartago».

Jaiber reporta desde la Vereda Buenavista

Jaiber Ladino Guapacha, desde Quinchía, Risaralda

«Al momento del terremoto íbamos para Pereira vía Irra. Llegamos hasta La Manuela y apenas tuvimos señal y vimos los vídeos nos regresamos. Aquí en Quinchía hay viviendas con afectación».

Jaiber es docente en la Institución Educativa Miracampos, de Quinchía, Risaralda. El martes al final de la tarde contó: «Hoy hice un recorrido por las sedes del colegio. La que más sufrió fue la de la vereda Buenavista. No se puede recibir ahí a los niños porque hay mucho riesgo. Además a Licidia Bartolo, una de las profesoras de la vereda, le fue muy mal porque la casa se le cayó».

Colegio de la vereda Buenavista (Quinchía), por ahora los niños no tienen dónde estudiar.

La vivienda de la profesora Licidia Bartolo.

John Jairo y la iglesia de Quimbaya

John Jairo Osorio Giraldo, desde Quimbaya, Quindío

«Afortunadamente estoy bien. Quimbaya muy afectado, muchas edificaciones averiadas. Aquí hubo muchos daños y no tuvimos energía ni señal desde el lunes. Nos afectó mucho la destrucción de la iglesia».

Quimbaya. Imágenes enviadas por John Jairo Osorio Giraldo.

Liliana aplazó la Filaq

Liliana Moreno Martínez, desde Armenia

«Fue horrible. Pero estamos bien», respondió Liliana el lunes. El miércoles escribió en su Facebook: «Estamos bien físicamente. Ningún lesiondx. Los gatos a salvo. Emocionalmente muy afectados. Aún no podemos entrar a nuestro apartamento, estamos sin luz, sin agua y sin gas. Nuestros amigos del alma nos acogieron en su casa. Y aquí estamos, a la espera de que hagan una revisión estructural a nuestro edificio. Una maleta, agua y sabernos juntos es lo que nos mantiene a flote. Pronto publicaremos un comunicado de prensa sobre la FILAQ, cuyo inicio estaba previsto para este viernes. Por favor, a quienes nos escriben y llaman les pedimos nos dejen respirar un poco. Paciencia y comprensión. Gracias».

Barequeros: el llamado a lista tras el terremoto
Foto del apartamento de Liliana Moreno publicada en Facebook. Liliana vive en Monteprado, por la salida de Armenia hacia Montenegro.

Liliana Moreno Martínez dirige la Feria Internacional del Libro de Armenia y Quindío (Filaq). La agenda estaba prevista del 14 al 16 de agosto en Calarcá y del 20 al 23 de agosto en Armenia. El jueves posterior al terremoto expidieron un comunicado en el que informan que la Filaq se aplaza. La próxima fecha tentativa es a partir del 18 de octubre, pero aún ahora hay certeza.

Campaña solidaria y olla comunitaria de Luis David

Luis David Acosta Rodríguez, desde Manizales

A la pregunta ¿cómo estás? Luis David respondió con un audio generoso, rico en detalles. Contó que el terremoto lo cogió en su apartamento: «muy difícil, muy duro, había acabado de dejar a mi hija en el Colegio de Cristo y me tocó salir corriendo de la casa, un montón de personas en la calle, el cableado eléctrico cayéndose, explosiones, un pánico total. Después volví a la casa y la gatica estaba en shock y sigue en shock. La casa estaba como cuando en las películas la policía va a esculcar la casa. Todo patas arriba. Perdí cosas que se quebraron pero los daños son leves, nada estructural».

Luis David trabaja con varias organizaciones comunitarias y desde esta misma semana inició campaña para recoger ayudas y participar en ollas comunitarias para familias de Bajo Andes, Samaria y San José, entre otros barrios de Manizales.

Barequeros: el llamado a lista tras el terremoto

Animesa en el censo de damnificados

Ana María Mesa, desde Manizales

El martes Animesa publicó un texto sobre el terremoto. Lo escribió en medio de dificultades técnicas: tuvo que dormir las primeras noches en la casa de una pariente, porque el apartamento que habita con su mamá y su hermana en Palermo sufrió algunas averías. Varios vecinos ya se trastearon y ella pudo regresar el miércoles a su casa.

Ana tiene otro apartamento pequeño en el edificio Plaza 51 en donde no hubo daños serios. Es un piso alto. No obstante, entre el primero piso y el séptimo hay daños considerables y la construcción se encuentra desocupada. En medio del sacudón el inquilino del segundo piso intentó salir pero las puertas se atascaron. Él se lanzó por el balcón y tiene una fractura en el pie. Ana aplazó hasta el viernes la tarea de ir a mirar cómo había quedado todo. Casualmente cuando llegó los bomberos estaban en el sitio y de una vez la censaron, como a otros copropietarios. La incluyeron en el censo de damnificados y le entregaron la orden de evacuación. El documento inicial decía «pérdida total», pero luego la administradora constató que se trataba de una confusión y le entregaron el correcto, que dice «pérdida parcial». Por ahora no puede alquilar ni vender. Al salir de la visita Ana hizo reportería y envió fotos de El Cali, el restaurante de hamburguesas que se cayó y que queda justo al lado de Plaza 51.

Otras microhistorias

A medida que pasaron las horas, la preocupación se fue centrando en los colaboradores de Pereira. Mateo Quintero Segura respondió el martes por la noche: «Estoy bien. La casa ha sufrido muchos daños materiales y tuvimos miedo de un desplome posterior. No tuvimos señal, se nos dañó un tubo de agua y quedamos sin agua ni energía. Mucha preocupación sin poderme comunicar con nadie pero ya todo se ha ido arreglando de a poco. Gracias por el apoyo y el amor. Lamento no haberme podido comunicar antes».

Abelardo Gómez Molina no usa Whatsapp. Le enviamos un mail que por fortuna pudo responder desde Pereira el mismo día del terremoto en horas de la noche: «Estamos muy bien, no sufrimos lesiones. El techo de la casa se cayó en la parte de las alcobas».

César Augusto Montes Loaiza, también desde Pereira, confirmó el lunes que estaba bien. El miércoles dijo «bien pero nos faltó la electricidad hasta ahorita; no tenemos gas; el internet faltó. Ahorita nos estamos reacomodando. Estamos con combinación de apagón y la pandemia». César es muy puntual con el envío de sus textos. El viernes escribió: «Todavía temblando, pero ya envié la columna al correo. Buen día».

Cuando nació Barequeo Alejandra Ovalle Peñuela estaba embarazada. Ahora la bebé tiene más de un año. Desde Armenia Alejandra respondió el lunes en la tarde: «Estamos bien, con la familia. En mi edificio no hubo afectaciones graves. En la U (Universidad del Quindío) sí hubo varios daños». Toda la semana Alejandra ha estado recogiendo ayudas para las embarazadas.

María Camila Celis Cabrera, desde Armenia, contestó el martes el mensaje que le enviamos desde el lunes ¿Cómo estás?: «Bien, apenas logramos tener energía y señal. Pero por suerte Armenia no se vio tan afectada». El espejo del terremoto del 25 de enero de 1999, que dejó más de 1.100 muertos en el Quindío, hace que en ese departamento los daños de este sismo se vean menos graves.

Camilo García, desde Manizales, respondió el lunes al mediodía: «Conmocionados, pero sin nada que lamentar». En su librería Refugio, ubicada en el barrio La Camelia, se cayeron los libros pero no hubo daños grandes. Eso sí: suspendió toda la agenda cultural de la librería y aún no se sabe cuándo reanudará.

Camilo Vallejo Giraldo publicó el miércoles Aguanta, aguanta, su relato sobre cómo le fue durante el terremoto. Camilo es el director de Manizales Cómo Vamos y esta semana ha estado ocupadísimo, atendiendo reuniones de ciudad para mitigar la emergencia y empezar a pensar en lo que se viene. El viernes pudo escaparse para atender su propia situación familiar: viajó hasta Pereira para ayudarle a una prima a sacar las cosas del apartamento. «El señor que sabe los datos de la ciudad», como él mismo se describió, se quedó ese día sin datos en el celular y trabajó como «conductor elegido».

También desde Manizales Luis Vélez contó que tuvo que evacuar su apartamento por prevención. Julián Bernal Ospina informó que todo bien. El miércoles cumplió años. Esperamos que los próximos sean menos movidos.

Barequeros: el llamado a lista tras el terremoto
Foto tomada por Camilo Vallejo el sábado por la mañana en la casa de Katerine Patiño, en el barrio El Carmen. Se aprecia la grieta entre las dos paredes. El recorrido de reportería de esa mañana también nos llevó a los tres codirectores de Barequeo a los barrios San José y Chipre.

Entre los tres codirectores conversamos sobre lo muy terapéutico que nos ha resultado escribir y sobre la necesidad de documentar este momento para la memoria. Por eso el viernes a través de redes sociales Barequeo presentó la convocatoria SismoResistentes, en la que abrimos nuestro espacio para publicar las fotos y videos de personas que quieran narrar lo que están sintiendo y pensando a raíz del terremoto. Los primeros en reaccionar fueron algunos barequeros ocasionales que están lejos: Laura Martínez Mejía escribió desde Alemania, Jorge Aranda Correa desde Barbados y desde Bogotá lo hicieron Martín Franco Vélez y Jorge Mario Gómez Restrepo. Juan Grajales habitualmente publica ilustraciones los viernes, pero el martes temprano nos envió desde Noruega una sobre Manizales, y Sebastián Sánchez Martínez, también desde Europa, adelantó su columna. Una línea común en los primeros textos que hemos recibido en SismoResistentes habla sobre la culpa y la impotencia que sienten quienes están lejos de la ciudad.

Barequeo no hace periodismo de afán, pero ante una catástrofe como éstas es necesario comunicar. Como no tenemos equipo audiovisual el miércoles pedimos ayuda: al apoyo que usualmente presta Nicolás Agudelo Hurtado en la edición de videos se sumaron de manera voluntaria otras tres estudiantes de comunicación social que nos donaron su experticia y su tiempo: María Fernanda Coy Gracias y Yicel Guerrero, de la Universidad de Manizales, e Isabela Fernández, de Eafit. A ellas, muchas gracias. Los videos que están editando se pueden ver en nuestro canal de Youtube.

Ha sido una semana difícil, en la que por momentos nos vimos desbordados en lo emocional y también en el trabajo que queremos entregar para nuestras audiencias. Con frecuencia preguntamos «¿está temblando?» y cargamos con el cansancio acumulado fruto del insomnio. Han sido días de caminar muchas calles para escuchar lo que dice la gente y para dejar registro de lo que estamos viviendo. Hacemos periodismo artesanal y seguimos barequeando.

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Codirigen: Adriana Villegas Botero, Ana María Mesa Villegas y Camilo Vallejo Giraldo.