Cartografías de un río vivo – La Miel

30 de abril de 2026

Algunas investigaciones coinciden en señalar que el tiempo en el que se construyó Miel I fue el mismo en el que se dio el auge y expansión de los grupos paramilitares en el Oriente de Caldas.
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Este 30 de abril realizaremos la segunda proyección del documental “Cartografías de un río vivo: La miel” en el Banco de la República de Medellín; venimos viajando desde Samaná, Caldas, donde empezó la producción y terminaremos esta primera ronda de proyecciones en Manizales, en el auditorio del Centro Cultural Rogelio Salmona, el viernes 8 de Mayo. Hacerlo ha sido, en muchos sentidos, un viaje. Y antes de empezar a recorrer es esencial decir que este viaje ha sido posible, por la hermandad que une a dos de los movimientos sociales más importantes del territorio, el Movimiento Socio Ambiental Kumanday (MSAK) y el Movimiento Ambiental Campesino del Oriente de Caldas (MACO).

El primero es un viaje a reencontrarme con mi familia, con mi infancia. Mi abuela y abuelo maternos llegaron a La Dorada, Caldas, Magdalena medio, en los años 50 del siglo pasado. Mi padre y mi madre se conocieron en La Dorada en los años 70 y yo estuve toda mi niñez y parte de mi juventud andando esas carreteras, nadando en esos ríos, oyendo, viendo y sintiendo como este territorio se transformaba. Se degradaba, para ser más precisos. Los fantasmas de la guerra llegaron detrás de sus muchas riquezas. De su suelo fértil, de sus ríos caudolosos, de sus minerales y piedras preciosas.

Otro viaje ha sido ese precisamente: uno que regresa a los viejos dolores. A las ausencias impuestas, a los rostros perdidos por la violencia. El oriente próspero (como se llama ahora) y el Magdalena caldense, viven en la zozobra de un dolor que no cesa. En la amenaza de una avaricia que no se sacia, como aquellos lugares del mundo en los que la desgracia y los odios se quedan a vivir y arman casa. Y en los que extraños seres con una esperanza irracional insisten en construir sueños de otros mundos posibles, insisten en resistirse al despojo, destierro y desarrollo.

Cuando empezamos a pensar el documental con Ana Maria Arbeláez, partimos (este viaje es imaginario) de algunas preguntas a las que siempre volvíamos y volvemos. ¿Cómo mostrar eso que esconde una visión hidroextractivista del territorio? ¿Cómo acuerpar la riqueza y las alternativas? ¿Qué sueños esconde la larga y densa sombra del “desarrollo”? Ahora que ya está hecho y que empieza a dialogarse después de mostrarlo, pienso en otras preguntas, ¿puede este territorio resistirse a esta barbarie extractivista? ¿Cuándo vamos a reconocer que en nombre del “desarrollo” se hizo (y se hace) la guerra en Caldas? ¿Cuántas personas tuvieron que desplazar, asesinar y desaparecer para construir la hidroeléctrica Miel I? ¿Cuántas personas están dispuestas a desplazar, asesinar o desaparecer ahora para seguir con la agenda extractivista y energética?

La Comisión de la Verdad, en su capítulo eje cafetero, la JEP en las audiencias que determinaron las medidas cautelares para la búsqueda de personas dadas por desaparecidas en el río La Miel (municipios de Samaná, Norcasia, Victoria y La Dorada) y algunas investigaciones académicas, coinciden en señalar que el tiempo en el que se construyó Miel I, entre otros proyectos extractivistas, fue el mismo en el que se dio el auge y expansión de los grupos paramilitares en el Oriente de Caldas.  Es decir, la presencia y control territorial, el reordenamiento en la tenencia de la tierra, las movilidades, rupturas y amarres del tejido social, estuvieron mediadas por la amenaza, la muerte, la tortura y el amedrantamiento. Eso es lo que esconden los proyectos hidroextractivistas, esto es lo que esconde el “desarrollo”.

Lo más bello del viaje fue encontrarnos con las alternativas, que contra todo pronóstico subsisten y se expanden en este territorio en disputa: Ecoheliconias en Samaná y Encimadas, MACO en Samaná, Victoria y Pensilvania, Asopercal en La Dorada, Vigías Ambientales por Victoria, en Victoria. Una pequeña muestra de esas formas de juntarse he intentar sobreponerse sosteniendo sutilmente otras posibilidades al “desarrollo”. Véanlo y quizás se inspiren por ellxs, en estos tiempos de crisis sobre las crisis, en los que hablar de “progreso y desarrollo” parece imposible y aún así lo hacen.

Finalmente fue un viaje colectivo, tejido por los nombres que aquí enuncio y sin los que no hubiéramos llegado a hacerlo de esta manera, a ellxs gracias: César A. Miranda Pérez, Michelle Lamus Betancur, Laura Isabel Rincón, Carlos David Sánchez, Andrés Arias, Sara Londoño López, Camilo Duque, Alma Cardona, Ana María Arbeláez, Luis David Acosta Rodríguez.  

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  • Educador popular, gestor cultural y creador en lenguajes de la imagen con 20 años de trayectoria en el diseño y realización de iniciativas sociales, culturales y comunitarias. Gestor e Integrante de la Corporación Nodo.

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