Entre la incoherencia de De la Espriella y el talón de Aquiles de Cepeda

"Cepeda es un guerrillero y es el candidato de las Farc”, repiten pollitos sin fundamento, por fotos donde aparece al lado de personajes (deleznables) como Iván Márquez y Santrich en el contexto del proceso de paz. Es el precio de defender a capa y espada los procesos de diálogo.
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Abelardo de la Espriella ganará la segunda vuelta. Espero que envejezca mal esa afirmación, pero la bola de cristal refleja un mal augurio para Iván Cepeda y el país. La innegociable idea de caer en la “política del espectáculo» provocó que la campaña del candidato del Pacto Histórico sea insípida en redes sociales, los espacios donde debió concentrarse la persuasión del votante.

Además, el ego de ser correcto y el exceso de confianza le jugaron una mala pasada cuando Espriella logró conseguir más de 10,3 millones de votos. La impresión final es que nunca quiso hacer una campaña más estratégica porque en las encuestas era el principal ganador. Mejor dicho: en el segundo round ahora sí trabajamos, ¿pero será suficiente con el mal asesoramiento?

Su tono moderado es el arma más fuerte y a la vez su talón de Aquiles. Es la diferencia más notable con Gustavo Petro, un presidente que nunca separó su imagen de caudillista y senador hasta los últimos días en la Presidencia de Colombia.

Pero hay un discurso mandado a recoger en esta campaña: Espriella y Cepeda son dos extremos iguales. No hay nada más alejado de la realidad cuando se analiza la forma de expresarse de los dos en las entrevistas dadas a medios de comunicación. El tigre demuestra en su rugido la violencia que menos necesita el país. En cambio en Cepeda se encuentra la voz conciliadora.

“Iván Cepeda es un guerrillero y es el candidato de las Farc”, repiten los pollitos sin ningún fundamento, porque se pegan de fotos donde aparece al lado de personajes (deleznables) como Iván Márquez y Santrich en el contexto del proceso de paz. Es el precio de defender a capa y espada los procesos de diálogo. Hace unos años Espriella defendía la idea: “Yo sería partícipe de que el señor Timochenko no pague ni un solo día de cárcel, si ese es el precio que hay que pagar para pacificar este país, pues hay que hacerlo. Prefiero tenerlo en el Congreso de la República”. La extrema coherencia no existe si escuchamos su discurso actualmente.

La idea de que haya una Constituyente es reprochable y por eso Cepeda la descartó. Eso sí, lo hizo tarde. Sin embargo, las propuestas que promueve el tigre del norte precisamente necesitan ese mecanismo. Sobre esto se refiere mejor el jurista Rodrigo Uprimny en El Espectador donde menciona que reducir el Estado al 40 % y construir 10 megacarceles son inconstitucionales y “no basta entonces con una reforma constitucional, sino que sería necesaria una Constituyente”.

Sí, el gobierno de Petro fue un desastre en la Paz Total, la seguridad, la corrupción de la Unidad de Gestión de Riesgo y la salud colapsada, pero también tuvo aciertos en la entrega de tierras formalizadas, la reducción histórica de la pobreza al 28%, el aumento del salario mínimo y el beneficio de bono pensional de 80 mil a 225 mil pesos a adultos mayores.

Es la primera vez que conozco el miedo consciente por un candidato. El resto es terror infundado con comunismo. Necesitamos un gobierno que promueva el desescalamiento del discurso violento y que no vaya en la línea de destripar a quienes piensen lo contrario. A quienes piensan votar por Abelardo de la Espriella, los invito a quedarse con la imagen de Iván Cepeda que logra tener un diálogo con personajes contrarios como José Félix Lafaurie, el presidente uribista de Fedegán (esposo de María Fernanda Cabal).

Si no, pues espero que sea el primero en mandar a sus hijos a la guerra.

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