I.
El príncipe Andrés
En medio de la cuarta temporada de The Crown, la serie británica sobre la monarquía, Margaret Thatcher visita a la reina de Inglaterra. Isabel II le reclama el mal estado de la economía, la inflación y el desempleo. Thatcher comienza a dar explicaciones, titubea y se hunde. Llora. La reina la mira perpleja. «Es mi hijo Mark», dice Margaret mientras se suena discretamente con un pañuelo que le ha alcanzado la reina. «¿Tiene dos hijos, cierto?», le pregunta. «Si, gemelos. Mark y Carol. Veintiocho años. Mark es mi favorito, un chico muy especial. La clase de hijo que cualquier madre soñaría tener. Se desapareció. Competía en el rally París-Dakar. Los vieron por última vez en un puesto de control en un pueblo de Argelia hace dos días. Desde entonces, nada». A la reina le intriga la manera en que la Dama de Hierro se ha referido a su hijo, sin ambigüedades ni dudas, como su favorito. Se pregunta, en frente de su esposo, cuál es el hijo favorito de la pareja real. Felipe declara, después de breve refriega, que cada uno tiene su favorito. El suyo es Ana, y en cuanto a la reina, «todos saben cuál es tu favorito», le dice esbozando enigmática sonrisa. Al final del capítulo la reina descubre lo que todos saben: su favorito es Andrés. El arrogante, insoportable, zoquete y un largo etcétera Andrés Mountbatten Windsor. El largo etcétera incluye la pérdida del título de Príncipe, de Duque de York, y algunos adjetivos que le ha chantado su biógrafo Andrew Lownie que incluyen pero no terminan en pagado de sí mismo, inseguro, aburrido, corrupto, traficante sexual y, simplemente, estúpido1.
A Andrés, como a nuestro príncipe Andrés, le encanta manejar helicópteros. En la guerra de las Malvinas sirvió en el portaaviones Invincible y se sabe que participó en algunas incursiones aéreas. Después de la guerra se casó con Sarah Ferguson, una mujer de la nobleza emparentada con la casa de los Estuardo, que llevaba una vida social frenética y vivía obsesionada con el dinero, que gastaba a raudales. Era muy allegada de Jeffrey Epstein, a quien describió como un amigo «generoso, constante y supremo», y se sabe que de vez en cuando él le prestaba dinero para sacarla de sus apuros económicos. El príncipe se separó de Sarah en 1992 y como no sabían dónde ponerlo le dieron un puesto a la medida de un noble sin atributos intelectuales que estorba en todas partes. Lo nombraron Representante Especial del Reino Unido para Comercio e Inversión, cargo que desempeñó de 2001 a 2011. Durante ese tiempo, Andrés dio suficientes muestras de su habilidad para los negocios turbios. En 2007 vendió la mansión de Sunninghill Park, en el condado de Berkshire, que le había regalado su mamá el día de su matrimonio, a un multimillonario kazajo quien le pagó 15 millones de libras. El dinero venía de un préstamo otorgado por la compañía Enviro Pacific Investment, una empresa fachada que usaba el millonario para recibir sobornos.

Después le presentarían a Epstein y fue de esta manera como Andrés llegó a conocer a la joven y bella Virginia Roberts y dejó de ser un príncipe estúpido y vulgar para convertirse en un abusador estúpido y vulgar. Virginia tenía 17 años cuando se lo presentaron. Ella, lo contó varias veces, es la expresión trágica y cristalizada de la explotación sexual contra niñas y mujeres. La chica de nadie2 (así se llama el libro de memorias que escribió antes de suicidarse en 2025) fue abusada por su padre a los 7 años y vendida a un amigo de la familia un tiempo después. Su padre, Sky Roberts ha negado siempre estas acusaciones aunque se sabe que el “amigo de la familia” pasó 14 meses en prisión por obligar a tener sexo a otra menor y luego declarado delincuente sexual registrado3.
“La violación llegó a parecerle rutinaria: por adolescentes mayores; por un trabajador de la construcción después de hacer autostop; por el cabecilla de un servicio de acompañantes de alto precio, quien la introdujo a las drogas duras y por un socio suyo detenido por el FBI que la devolvió a su padre». Su padre la llevó a trabajar con él a… Mar a Lago, el paraíso de Trump. Ghislaine Maxwell se fijó en ella desde la ventanilla de su vehículo cuando la joven entraba un día cualquiera a trabajar. Días después, mientras Virginia leía un libro detrás del mostrador del balneario, la invitó a la casa de Epstein. Cuando la joven entró a la habitación, el multimillonario la esperaba desnudo, tumbado de espaldas sobre una camilla. Maxwell le enseñó a dar masajes al mismo tiempo que Epstein la interrogaba sobre su edad, si tomaba anticonceptivos o cómo había sido su primera relación sexual. Allí fue forzada a mantener relaciones sexuales con la pareja. Virginia estuvo ligada a la pareja por dos años, desde mediados del 2000 hasta septiembre de 2002. Durante esos dos años, por órdenes de sus patrones, prestó servicios sexuales a caballeros de impecable reputación y prestigio, canosos, barrigones y perversos.
En mayo de 2016, Virgina Roberts Giuffre declaró en una causa judicial contra Ghislaine Maxwel que uno de los personajes que conoció era un presidente extranjero al que designa como “spanish”. No menciona su nombre, y no deja claro si se refiere a un individuo español o a una persona de origen hispano. La página española Maldita.es, que se dedica a revisar bulos y noticias falsas nos aclara que «el diccionario de Oxford de la lengua inglesa incluye una acepción de “spanish” que dice: Hecho, fabricado o producido en España (o la América española). Además, distintas publicaciones de prensa y sitios web dan cuenta del uso extendido de “spanish” para hablar de personas de origen o ascendencia hispanoamericana». La página también aclara que entre los nombres incluidos no está el de ningún político español4. Sin embargo, este año se liberaron más de tres millones de páginas del archivo de Epstein, junto con más de 2.000 vídeos y unas 180.000 imágenes. En los papeles aparecen dos envíos de paquetes realizados por Epstein y su pareja y principal colaboradora, Ghislaine Maxwell, a José María Aznar, el ex primer ministro del gobierno español. Aznar asegura que no tiene “ni idea” de los envíos y añade que “no conoce a ese señor”, en referencia a Epstein. Jeffrey Epstein murió en su celda en agosto de 2019. Virginia Roberts Giuffre se suicidó en abril de 2025. No queda sino Ghislaine Maxwell para saber el nombre del político extranjero de acento español, alto, de cabello negro y en sus 40 que describió alguna vez la mujer de nadie.

II.
…Y el príncipe Andrés
Andrés es hijo de Misael Pastrana, un estudiante de provincias enviado a Bogotá para formarse junto a la rancia élite cachaca. Comenzó su ascenso social cuando Rafael Azuero, un cacique conservador del Huila, lo presentó ante los mandamases del partido conservador de la época, es decir, Mariano Ospina y señora, Bertha Hernández, provincianos también pero muy adinerados que se enfrentaban a la “disciplina para perros” que era el modo en que Laureano Gómez, otro provinciano de la clase media santandereana, manejaba el partido azul. Como parte de su proyecto aspiracional, Misael se casó con la señora María Cristina Arango, hija del prominente dirigente liberal Carlos Arango Vélez a quien cortejó mientras él ejercía el cargo de secretario de la embajada colombiana en el Vaticano. Aprendió desde joven a vivir del modo cosmopolita y trepador que necesitaba y quería: mientras estaba en Roma se inscribió en el Instituto Ferri para especializarse en derecho penal y luego se lagarteó un cargo en Washington en 1951 como ministro consejero de la Embajada de Colombia ante los Estados Unidos hasta 1953 y enseguida fue depositado en las oficinas de la Caja Agraria en Nueva York (¿?) y de allí pasó a ser delegado ante el Consejo Económico de las Naciones Unidas entre 1954 y 1956. Trasegó la política con algunas incursiones en la academia hasta 1966 cuando Carlos Lleras lo nombró ministro de Gobierno y luego lo mandó a Wahington para que aprendiera de Nixon y de Kissinger, una pareja abyecta en un periodo abyecto, el lenguaje secreto del poder y las formas aviesas del gobierno.
Gracias a esa dedicación y empeño, con solo 46 años, fue ungido como el último candidato del Frente Nacional para la Presidencia de la República. Corría el año de 1970 y el país enfrentaba una radicalización inusual de la base popular como consecuencia de la exclusión sistémica que sobre la disidencia política ejercía la tenaza liberal conservadora que solo premiaba la sumisión de sus pretendientes. Todo parece indicar que la elección del 19 de abril de 1970, que según los datos oficiales ganó Pastrana por 64.000 votos, fue un completo fraude. El cuatrienio de Pastrana será recordado por el pacto de Chicoral, un acuerdo destinado a revertir las políticas reformistas para el campo y por la enconada represión de la protesta social que llevó a la militarización de las universidades y el cierre de 18 de ellas, la masacre de estudiantes en Cali en 1971 y el decreto de estado de sitio 250 de 1971 que restringió las libertades civiles por 2 años y 10 meses.

Cuando Misael se posesionó como presidente, Andrés tenía 16 años y estudiaba en el Colegio San Carlos. Hugo Sabogal, periodista del Tiempo recuerda en cierta crónica que «como estudiante de bachillerato no descolló por sus estudios, pero sí por las libertades de adolescente que se tomó en su calidad de tercer hijo del presidente de Colombia. En su ceremonia de graduación, por ejemplo, sorprendió a los asistentes con un desfile del Batallón Guardia Presidencial. De alguna forma, intuía que el privilegio del poder no podía tomarse con absoluta seriedad» Enseguida el cronista pasa a contarnos que Andrés siente una extraña debilidad por codearse con personalidades del jet set mundial, pero no son ellos los que lo buscan, claro que no, «quienes lo conocen saben, de sobra, que nunca tienen que acercarse a él, porque es él quien toma la iniciativa. Literalmente, se lanza sobre la gente»5.
No siempre se lanza, a veces, simplemente se atraviesa en su camino. Cierto día de junio de 2002, siendo presidente de Colombia, estaba en Dublín con Bill Clinton y Bono fumando puros y de pronto apareció otra de las parejas infames que en el mundo han sido: Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell. Parece que hubo una especie de química instantánea entre el sudamericano y la pareja, porque un mes después de aquel encuentro tuvimos el privilegio de tenerla con nosotros disfrutando los encantos del país que Andrés regentaba, incluyendo paseo en Blackhawk, overol de la fuerza aérea y disparos a “terroristas” que corrían para Ghislaine. Pastrana se defiende diciendo que Maxwell fue invitada como parte de una estrategia para atraer inversión extranjera en el marco del “Plan Colombia”. Sin embargo, nunca se oyó hablar de ninguna transacción derivada de esa visita. En cuanto al señor Epstein, ¿de verdad estuvo en Colombia acompañando a la señora Maxwell? Pastrana afirma que sí pero no nos ha dicho qué hizo el de marras o con quién pasó aquellos días en el país. Dice para justificarse que «Epstein era a la vista del mundo un banquero de inversión muy respetado que movía inmensos recursos de inversionistas de la mayor respetabilidad y reconocimiento. Así me lo presentaron».

Da pena ajena que caballeros hormonados y poderosos se dejen seducir tan ingenuamente por pillos atractivos y de actuar sinuoso. En el número de marzo de 2003 de Vanity Fair, la periodista Vicky Ward escribió un perfil sobre el tipejo, «El talentoso señor Epstein». Quienes hayan leído las novelas de Patricia Highsmith entenderán que desde el título, Ward está advirtiéndonos: el personaje del que escribe es descaradamente parecido al amoral y pervertido protagonista de las novelas de la escritora norteamericana. «Epstein es encantador, pero no deja que ese encanto se refleje en su mirada. Sus ojos son fríos y calculadores, dejando entrever el zumbido constante de la maquinaria que los impulsa. (…) Su ventaja reside en que nadie parece conocerlo del todo, ni su historia, ni en qué consiste realmente su arsenal. Lo ha orquestado cuidadosamente para seguir siendo uno de los pocos misterios verdaderamente desconcertantes del mundo adinerado de Nueva York. La gente conoce fragmentos, pero pocos saben la historia completa» Más adelante Ward da pistas acerca de su relación con las mujeres: «Epstein es conocido en la ciudad como un hombre que adora a las mujeres, sobre todo jóvenes. Se ha oído a modelos expresar su gratitud a Epstein por los viajes que les realiza, y es un rostro familiar para muchas de las chicas de Victoria’s Secret. Una joven recuerda haber sido convocada por Ghislaine Maxwell a un concierto en la casa de Epstein, donde las mujeres parecían superar en número a los hombres con creces. “No eran mujeres que se vieran en las cenas del Upper East Side”, recuerda la joven. “Muchas parecían extranjeras y vestían de forma un tanto extraña”. Esta misma invitada también estuvo en un cóctel organizado por Maxwell al que asistió el Príncipe Andrés, que, según ella, estaba repleto de jóvenes modelos rusas. “Algunos de los invitados se quedaron horrorizados”, afirma la joven»6.
Es verdad que Epstein era un personaje magnético, con un gran sentido de la oportunidad y la persuasión y lo mejor de todo, carecía de escrúpulos. Sin tener estudios universitarios fue reclutado por Bear Sterns, el banco de inversión, en 1976. Lo despidieron discretamente en 1981 por mal uso de información privilegiada en una oferta pública de adquisición de acciones. En 1982, estafó a un tal Michael Stroll, quien le entregó 450.000 dólares para que los invirtiera en un supuesto negocio de petróleo que estaba planeando. En menos de dos años, la mayor parte del dinero se había esfumado. En 1984, Stroll solicitó la devolución de su dinero; cuatro años después, solo había recibido 10.000 dólares. Luego Epstein se asociaría con Steven Hoffenberg, quien dirigía una agencia de cobro que prometía comprar las deudas que sus clientes tenían con hospitales, bancos y compañías telefónicas. Tiempo después se descubriría que el Sr. Hoffenberg estaba estafando a sus inversores con un elaborado esquema Ponzi calculado en 500 millones de dólares. Hoffenberg, quien una década después sería condenado a 20 años de prisión,afirmó ante el tribunal que Epstein ayudó a orquestar el fraude7.
Las primeras denuncias sobre abuso de menores contra Jeffrey Epstein datan de marzo de 2005. Epstein fue representado entonces por abogados de la mayor respetabilidad y reconocimiento, como dice nuestro expresidente, los cuales lograron un acuerdo favorable en el que se declaró culpable en Florida por solicitar prostitución de una menor y recibió una sentencia leve de cárcel, además de que tuvo que registrarse como delincuente sexual. Para ese entonces la amistad de nuestro Andrés con Ghislaine había alcanzado niveles de sublime intimidad como cuando le escribe: «Eres un desastre. Cuéntame qué estás pensando. Yo quería conocer a tus amigos o crees que todavía soy muy joven». A lo que ella responde: «He estado fuera. Además, me enviaste 2 correos de ‘soy un desastre’. No solo voy a tener que azotarte muy muy fuerte cuando te vea, sino que tendré que hacer algo aún más malo»8. Esa comunicación es de octubre de 2002, pero antes, en septiembre, Pastrana le había escrito pidiéndole algunos contactos en relación con el mundo de la Fórmula Uno. Raro que una figura pública esté pidiendo contactos de un evento como cualquier hijo de vecino. Lo que llama la atención en la citada respuesta de octubre es que ella anota: «Realmente quiero asegurarme de que la próxima vez que te presente a alguien se haga de una manera adecuada y respetuosa. Estaría muy molesta si se repitiera lo de Monza. Lamento no haber visto tu correo o al menos haberme enterado de que ibas para Londres. Culpa a Jeffrey, mi saco de boxeo favorito. Besos.» Luego, en 2004, 2007 y en 2009, el año en que Epstein tenía su casa por cárcel, hay algunas comunicaciones que relacionan a nuestro Andrés con él, con Ghislaine o con Jean Luc Brunel, el agente de modelos que se encargaba del tráfico de mujeres de todo el mundo, especialmente menores de edad, con fines de explotación sexual.

Hasta ahora el expresidente colombiano se ha negado a dar respuestas satisfactorias a las preguntas que un colectivo de mujeres le ha hecho para saber con toda claridad cuál fue su relación con Epstein, Maxwell y su entorno, y por qué sus respuestas han sido, además de contradictorias, displicentes, elusivas, desdeñosas y teñidas de una incolora indignación sobre sus amigotes de antaño. Hay quienes se han declarado ofendidas por estas preguntas conociendo como conocen a Andrés, un estadista intachable, de inmaculados «valores familiares y rectitud personal». Esas mismas personas sugieren que las quejosas ( así debemos llamar las 171 mujeres que han suscrito el cuestionario si nos atenemos a la expresión de Pastrana: «Anotaciones a una queja») tienen motivaciones ruines que sólo pretenden «rebajar más el nivel moral y erosionar la confianza ciudadana»(…) instalando la desafortunada idea de que hoy todo vale, porque todos son iguales, y eso no es cierto»
#POLÍTICA | Exfuncionarios del gobierno de Andrés Pastrana salieron en defensa del expresidente, en medio del escándalo de Jeffrey Epstein, y dijeron que “es un hombre de valores firmes, respetuoso de su familia y de la dignidad humana”.
— ÚltimaHoraCaracol (@UltimaHoraCR) February 27, 2026
Vía: @kamilacorreae… pic.twitter.com/EMIgSITTxc
Confieso que en algún lugar de esta declaración me perdí porque hasta donde sé todos somos iguales y no todo vale y las mujeres escritoras, periodistas y columnistas firmantes del «Manifiesto contra el pacto de silencio en torno al expresidente Andrés Pastrana y su relación con los Archivos Epstein» sólo querían saber si el Sr. Pastrana mantuvo algún nexo o vínculo de cualquier orden con un pedófilo reconocido o su entorno. Además, me temo que se les coló una falacia de distracción cuando afirman sin que venga al caso: «convertir la sospecha en herramienta política cuando en contraste se guarda conveniente silencio frente a personas que se encuentran en el Congreso de la República después de haber contribuido al sometimiento sexual y los abortos forzados de las FARC durante el conflicto, solo contribuye a rebajar más el nivel moral y erosionar la confianza ciudadana en nuestro futuro como nación». No sobra recordar que los expresidentes no gozan de fuero especial y están en el deber de dar explicaciones cuando se les solicite, máxime si algunos hechos por los cuales se pregunta sucedieron cuando el interpelado ejercía el primer cargo de la nación. Tampoco sobra decir que incluso las personas de la mayor respetabilidad y reconocimiento, aquellas que ostentan títulos a cuál más pomposo y afectado, los que son príncipes o creen serlo, esos personajes nunca jamás podrán pasar por encima del escrutinio al que el público tiene derecho y tampoco podrán desprenderse de las obligaciones morales del cargo que alguna vez tuvieron como son la veracidad, la buena fe y la idoneidad, que redunda en la obligación de no mentir.
Notas:
- https://elpais.com/internacional/2026-02-19/el-exprincipe-andres-el-hijo-consentido-de-isabel-ii-que-causo-la-mayor-crisis-de-la-monarquia-britanica.html
- Nobody’s Girl: A Memoir of Surviving Abuse and Fighting for Justice. Pengüin Press 2025.
- https://www.nytimes.com/es/2025/10/17/espanol/cultura/virginia-roberts-giuffre-memorias-epstein.html
- https://maldita.es/malditobulo/20240105/presidente-espana-documentos-epstein/
- https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-818658
- https://archive.vanityfair.com/article/2003/3/the-talented-mr-epstein
- https://www.nytimes.com/es/2025/12/21/espanol/negocios/jeffrey-epstein-dinero-investigacion.html
- https://www.bbc.com/mundo/articles/c20487665jvo