Se supone que la historia clínica de un paciente es un asunto privado entre este y los médicos que lo atienden. Por eso no me sentí cómoda cuando la secretaria de esta IPS me preguntó en la sala de espera, delante de todo el mundo, por mis enfermedades y por los medicamentos que tomo. Le contesté a medias y me senté a esperar que me llamara el especialista que me habían anunciado en la llamada que me hicieron el día anterior desde un celular, en la que me saludaron por mi nombre, avisándome que me habían asignado un análisis por medio de la campaña preventiva Bienestar y Salud, para “identificar factores de riesgo, insuficiencia respiratoria, esclerosis y enfermedades cardiovasculares”. Pensé que se trataba de una campaña de mi EPS y asistí el viernes pasado al edificio ubicado en el sector del Cable, en Manizales, contenta de que me incluyeran en un programa preventivo.
El hombre que me llamó a la cita me pasó a un consultorio y empezó por dejarme saber que la IPS en la que nos encontrábamos no es nueva: “cinco años en Cali y dos en Manizales, no somos nuevos, esto ya lleva tiempo”. Me pareció rara la precisión y la insistencia. Me dijo también que la cita no tenía costo y que los gastos eran cubiertos por la IPS “gracias a unos beneficios que nos ganamos”. Resultó ser que la cita no tenía nada que ver con mi EPS y que mis datos los sacaron de “unas bases de datos y directorios telefónicos que tenemos para este fin”.
“Este es el aparato con el que te vamos a hacer el examen”, una balanza con bioimpedancia eléctrica como la que usan varios especialistas, entre ellos los médicos nutriólogos, funcionales y nutricionistas.
—Lo que pasa es que la gente no va a donde el médico a que le hagan prevención en salud. Por ejemplo, ¿cuándo fue la última vez que tuviste una cita preventiva?
Como sí estoy en un plan preventivo y esa respuesta no se ajustó al guion, el señor trató de desestimar los esfuerzos que hago por mi salud y mencionó algo sobre las deficiencias de la medicina alopática. Dijo así: alopática, que debe ser la palabra más rebuscada para decir medicina tradicional.
—¿Ustedes son medicina homeopática?
—Sí…
—No, yo tengo total confianza en la medicina tradicional…
—¿A pesar de tantos químicos y de las consecuencias a largo plazo?
—Sí, sí, a pesar de todo eso…
No los dejé avanzar en el proceso de venta, pero detrás de esa supuesta cita gratuita había una oferta de placebos. Terminé ese encuentro de la mejor manera posible, me levanté y me fui. Soy hija de médico, hermana de médica y ella dice que este tipo de ofrecimientos no son inusuales. A mí es la segunda vez que intentan venderme productos cuestionados en un consultorio médico. La primera vez se trató de “sueroterapia”, unos sueros vitaminados que le inyectan a uno y que después supe que algunas personas les llaman “la orina más cara del mundo”.
La persona que me atendió está haciendo un trabajo que consiste en vender medicina homeopática con engaños. Es decir, tratamientos con poca o nula evidencia científica. No creo que sea su culpa. Él es un empleado de una empresa que está constituida como IPS y que, por tanto, deben vigilar las autoridades en salud.
¿Sabe la Territorial de Salud de Caldas que hay una IPS en Manizales que usa bases de datos de ciudadanos para llamarlos a asignarles citas que suenan a programa de EPS para luego vender cremas, jarabes, pomadas, soluciones, inyectables, comprimidos o tabletas, muchas de las cuales no sirven para nada? La sala de espera del lugar estaba llena de gente que seguramente, como yo, creyó que iba a una cita con un médico. ¿Quién le advierte a esas personas que se trata de una estafa?