Por los días previos a la segunda vuelta, Alfonso conoció a Erika. El sueño de ver a Cepeda en la presidencia les permitió darse cuenta de que su visión de país, llena de esperanza y alegría por la continuidad de un cambio, también podría prolongarse muy bien en besos y abrazos.
Después de las votaciones del 21 de junio, Isabella se encontró con Hugo. El recuerdo de cómo él comprendía los ritmos de su éxtasis, la motivaron para aceptar un reencuentro. Sin embargo, durante las conversaciones hacia los moteles de las afueras de la ciudad, apareció el tema de elecciones. Las diferencias abismales con que fueron a las urnas frustraron el goce antes de que siquiera empezara.
Una semana antes del 10 de agosto, Verónica y Rubén coincidieron en Tinder. A pesar del temprano interés, en las conversaciones del chat apareció contenido sensible que puso en riesgo el primer café. Rubén apeló a su experticia comercial y logró recobrar el interés cuando le escribió que, dado el mundo empresarial compartido, podrían intercambiar cotizaciones, proveedores, ferias. Vero aceptó y él ha sido su refugio frente a las secuelas del terremoto.
Sergio visita a su familia en Quinchía con cierta regularidad y en esas visitas nos sentamos a hablar de todo un poco, cerveceando en Añoranzas. Estas tres anécdotas me las transmite él inquieto por un inusitado desinterés hacia su amigo Rich.
La noche en que nos vemos, antes del noticiero de su vida en la urbe, pide como fondo a Karol G cantando Si antes te hubiera conocido. Suena dos veces seguidas y otro par después, en medio de mis solicitudes de John Alex Castaño y Darío Gómez.
Al verlo cantar tan entusiasmado tu nombre suena bien con mi apellido, imagino que le ha encontrado competencia a Rich. Pero, no, no es así. Lo ama, lo desea y no quiere a ningún otro hombre consigo sino es él. ¿Entonces?
Desde que lo conozco el cuento tiene una constante: Rich es el hombre perfecto y sí, lo veo en la pantalla del cel de Sergio y lo envidio. Los envidio. Además, las reseñas críticas con que mi amigo lo describe cada tanto me han hecho conocerle más de lo que el pobre hombre se llegaría a imaginar.
El asunto está en que Sergio no quiere encontrarse con Rich y lo evade. Después de las mil excusas, está escribiéndole temeroso de que pierda el interés. Por eso quiere hablar conmigo: quiere un consejo. Según él, como soy el borrachito que habla de monjas, puedo explicarle mejor si su ascesis, su renuncia al placer compartido con Rich, sí lo conducen por un camino auténtico de búsqueda espiritual.
Quedo de una sola pieza. ¿A qué horas me convertí en autoridad para opinar sobre la vida espiritual de otros? Que me la pase leyendo sobre las místicas del Medioevo y el Barroco no me facultan para emitir ese tipo de juicios. Y, ¿qué tienen que ver las anécdotas sobre amor, política y negocios, con su religiosidad y ese celibato a trancazos? En las enredadas explicaciones con que responde mis preguntas, sólo puedo ver a un hombre al que el suelo le sigue temblando.
Ante esta variedad de situaciones —que no se pueden traer a la mesa de Añoranzas con Diomedes Díaz filosofando mejor que yo: cualquier minuto de placer será sentido en realidad si lleno el alma, si lleno el alma de eternidad—, le sugiero que me dé tiempo. Le explico que el alcohol y la noche no me dan la claridad suficiente para salir al paso de sus inquietudes.
¿Qué es lo que ve reflejado de sí en las historias que me cuenta? Me pregunto al día siguiente, involucrándome en ese juego de espejos. Escribo preguntas que me permitan reconocer la posición en la que está Ricardo. Ahí, en mitad del campo, ahora no sabe si irse al ataque o a la defensiva. No sabemos a cuántos minutos del pitazo final estamos como para esperar que nos llegue la pelota. Hay que correr para encontrarla.
Muy chévere encontrar parejas con las que se comparte la cosmovisión política, sí. Pero, cuando no es así… ¿qué nos queda? ¿La distancia o el negocio? Sergio no quiere reconocer que el alejarse de Rich no obedece a una demanda de Dios, si no a otro tipo de necesidad interior: desacelerar los mil embelecos en que se mete y centrarse, hacer silencio y sanarse. Ahora bien, su interés en la política lo ha llevado a temer que la religiosidad que está redescubriendo sea un síntoma de derechización. Sospecha que el límite erótico que se ha impuesto sea una forma de instrumentalización política a partir de cierto discurso religioso.
Mi solidaridad se expresa, siguiendo mi vocación de monje bibliotecario, con un mensaje a su WhatsApp: Oiga, güevón, esas preocupaciones suyas están muy densas. Mientras volvés a Quinchía, mirá a ver si te podés leer El Nombre de la Rosa y Memorias de Adriano. En esas novelas se conjugan los temas que te preocupan: la ética, la ciudadanía, el deseo, la superstición, la razón, los partidos, los gobiernos. Mk, todo eso y más. Ya sabés, yo creo que, en el análisis de la narrativa, uno aprende a narrarse mejor. Y, pues en nombre de esa misma literatura, con ella por bandera, no dejés de verte con Rich. De lo contrario, nunca podré dedicarte una novela.
Más me demoro en pensar el mensaje que él en responderme con una foto. Han ido por aguapanela con queso en la vía al Nevado. Sonrío satisfecho. En medio de la tragedia, mientras nos reconstruimos, el cariño y la protección no deben aplazarse. Nunca deberían permanecer escondidos los sentimientos que lubrican y refuerzan el tejido social. Si la catástrofe no mira elecciones, la solidaridad mucho menos.
Claro está, no es que el debate político quede por fuera de la esfera en que se mueven los apegos. Pero, entonces, la razón debería construir modelos de análisis para buscar la empatía con el otro, no para lograr la adhesión al mejor argumento sino para respetarlo tanto que, si tomamos distancia de él, no se convierta en enemigo.
Al borrachito que habla de monjas le ha dado por pontificar, me lo advierto. Así que para ponerle freno a ese mr. Knowitall, busco en el anaquel de los libros favoritos la novela de Eco para irme a sus renglones finales: Hace frío en el scriptorium, me duele el pulgar. Dejo este texto, no sé para quién, este texto, que ya no sé de qué habla.
Cierro sus 500 páginas intentando memorizar la línea en latín: stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus. Por el enigma de ese nomine añoro el lugar en el que mi corazón y mi tesoro volverán a encontrarse. Digito la web de radio.garden para sintonizar una emisora que transmite desde la ciudad a la que he de regresar. Me recibe Nil Moliner:
Apareces sin avisar y ahora todo está en llamas
Me acuerdo de ti
Cuando no lo esperaba
volvieron las ganas de morirme aquí
Contigo en mi falda dejar de sufrir.