Un nuevo mercado informal de vivienda

Muchos hogares geriátricos privados funcionan en viviendas residenciales adaptadas de manera precaria y sin cumplir las normas mínimas para garantizar la salud y seguridad de los ancianos.
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Un nuevo mercado informal de vivienda

Un terremoto puede destruir mucho más que edificios. En Manizales, Colombia, también ha dejado al descubierto un preocupante mercado informal de atención al adulto mayor.

Colombia ha sufrido uno de los terremotos más fuertes de su historia. El sismo afectó varias ciudades de, al menos, cuatro departamentos: Caldas, Chocó, Risaralda y Valle del Cauca. Las cifras aún son imprecisas, pero la magnitud de los daños es enorme y miles de personas se han visto afectadas por el colapso de casas y apartamentos. Nueve días después del terremoto, los edificios continúan derrumbándose y se siguen evacuando viviendas.

Mientras miles de personas enfrentan las consecuencias de la tragedia, incluyendo la pérdida de familiares y bienes, muchos adultos mayores han quedado sin alojamiento en un mercado inmobiliario al que ya no tienen acceso y en una sociedad que las ha excluido.

En Manizales, cientos de adultos mayores no tienen un lugar donde vivir. Hogares geriátricos que se habían convertido en sus casas fueron destruidos por el terremoto. Estás instituciones, que recibían pagos sustanciales por brindarles alojamiento y apoyo con los servicios médicos simplemente, han dejado de prestar sus servicios. Tras el colapso de varios hogares, los establecimientos que permanecen en funcionamiento han aumentado sus tarifas en un mercado con poca regulación efectiva por parte del estado en el que pueden fijar y modificar sus precios prácticamente a voluntad.

Durante los últimos diez años, Manizales ha experimentado un aumento considerable en el número de hogares geriátricos privados. Muchos funcionan en viviendas residenciales adaptadas de manera precaria y sin cumplir las normas mínimas para garantizar la salud y seguridad de los ancianos. No cuentan con corredores y puertas amplias para personas que requieren caminadores o sillas de ruedas. Carecen de barras de apoyo en los baños y sistemas de alarma para emergencias. No existen asideros en las escaleras o elevadores, que deberían ser obligatorios dada la topografía de la ciudad. Incluso, existen hogares sin personal suficiente para el numero de adultos mayores residentes.

En promedio, los hogares del sector privado cobran entre tres y seis millones de pesos mensuales —aproximadamente US$1.000 a US$2.000— por habitaciones que en muchos casos son de apenas 2 por 2,80 metros, sin ventanas que permitan iluminación y ventilación natural. Las habitaciones con baño privado son aún más costosas, pero al haber sido casas, los baños no cumplen con las normas establecidas por el gobierno.

En Manizales, mil dólares permitirían alquilar un apartamento de tres habitaciones en un edificio residencial en las zonas más exclusivas de la ciudad. ¿Cómo es posible, entonces, que un hogar geriátrico cobre esa suma por una habitación semejante a una celda de prisión, y sin cumplir con las normas mínimas de salud y seguridad?

Es inaceptable que los adultos mayores sean deshumanizados por operadores inescrupulosos y abusivos que los ven, a ellos y a sus familiares, como una fuente de ingresos. Se trata de la monetización de la vida misma en una de sus versiones más repugnantes. En una etapa de la vida en la que requieren protección especial, los adultos mayores merecen una mayor respuesta por parte del Estado.

Como población vulnerable, deberían tener prioridad en el acceso a una vivienda social digna. Al mismo tiempo, los hogares geriátricos deben ser sometidos a una regulación estricta que garantice condiciones adecuadas de alojamiento, atención y seguridad que ponga fin a los abusos que hoy se cometen en ciudades como Manizales, y seguramente otras en Colombia.

El terremoto no solo dejó viviendas destruidas. También dejó al descubierto un mercado informal en el que la necesidad de los más vulnerables puede convertirse en un negocio. Para los adultos mayores que han perdido su hogar, el problema no terminó cuando dejó de temblar: allí solo comienzo una nueva lucha por encontrar un lugar digno donde vivir.


¿Usted o alguien que conoce necesita acompañamiento psicosocial luego del terremoto? Comuníquese al teléfono 123, opción 3, línea habilitada por la Alcaldía de Manizales.


Un nuevo mercado informal de vivienda

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    Arquitecto PhD., de origen colombiano que vive y trabaja en el Reino Unido. Es profesor asociado de Arquitectura y Estudios Urbanos en la Universidad de Cambridge y Fellow de King’s College de Cambridge, donde también se desempeña como Director de Estudios de Arquitectura. Fue el primer latinoamericano en dirigir el Centre of Latin American Studies de Cambridge (CLAS) y actualmente es Director de Posgrados en el Departamento de Arquitectura de Cambridge. Ha escritor siete libros, incluyendo tres sobre informalidad urbana en América Latina. Actualmente es CEO del Social Housing Design Collaborative que busca crear mejores soluciones de vivienda para poblaciones vulnerables en Colombia.

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