Jantipa, una novela entre la historia y la filosofía

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Desde hace unos tres años para acá he tenido la cruzada personal de buscarle lectores a la novela Jantipa o del morir, del español Ernesto Castro (Planeta, 2022). La he recomendado y la he regalado cuantas veces he podido. Incluso, tengo que admitirlo, se la he obligado a los amigos más pacientes que me han seguido la corriente.

Por estos días he vuelto a leerla con el propósito de trabajarla en un artículo académico que me permita zanjar la deuda pendiente con su protagonista, Edith Stein. En más de cien páginas estuve preguntándome el porqué de esa insistencia mía promoviéndola aquí y allá. Llegué a pensar que todo no ha sido más que un capricho para ganarme un espacio en la vida lectora de los demás, quizá esperando esa devolución que celebre mis intereses y que, por lo menos, haya resultado una grata experiencia.

Mis dudas aparecieron porque, como bien lo sabemos, nuestra recepción de las obras cambia con el tiempo y la experiencia. Quizá lo que fueron nuestros pasos iniciales por la biblioteca, sean ahora placeres culposos de los que preferimos no hablar. Pasa con frecuencia. Lo que se lee una primera vez, después de un tiempo de reposo, puede que no nos entusiasme después.

Sin embargo, en las últimas páginas, encontré ese párrafo, esas puñado de líneas por las que Jantipa me entusiasmó antes y vuelve a hacerlo. Así que ahora me internaré en la noche más larga de Auschwitz, como dice la cinta alrededor de la segunda edición de esta obra.

De cómo llegó a mí Jantipa

Me enteré de la existencia de esta novela gracias a la respuesta del padre Francisco Sancho Fermín cuando le pregunté por novelas históricas en las que Stein hubiese sido retratada. El carmelita descalza, especialista en la espiritualidad y el quehacer intelectual de la filósofa alemana, después de pensarlo un poco y haciendo la salvedad de que biografiar a esta pensadora conllevaba cierta dosis de fantasía, concluyó que había una obra completamente ficcional, la del filósofo Ernesto Castro.

Claro, y es que el periplo de esta mujer tiene unos giros muy interesantes. Por eso, antes de continuar con la exposición sobre Jantipa, intentaré proporcionar una síntesis biográfica.

Edith Stein nació en la ciudad de Breslau (hoy Polonia), el 12 de octubre de 1891. Fue la última de once hermanos en un hogar judío, que se sostenía con la comercialización de maderas. De esta empresa se hizo cargo la madre, Auguste Courant, al quedar viuda en 1893, demostrando su capacidad para los negocios y evitando depender de sus hijos mayores o de otros familiares.

Jantipa, una novela entre la historia y la filosofía
Edith Stein

Las preguntas que acumulo, soñando con que algún día estaré en condiciones de escribir una biografía suya, giran en torno a esos cambios que vienen con la juventud: ¿Qué te llevó a escoger la filosofía cuando el entorno parecía favorecerte una carrera médica? ¿Por qué si también pensaste una carrera universitaria en torno a la literatura no la elegiste? ¿Puedes explicarme qué es la fenomenología y cómo ella te lleva detrás de Husserl? ¿En verdad era tan desorganizado? ¿Cuáles fueron tus sentimientos filiales y patrios durante la primera gran guerra? ¿Por qué tu conversión al cristianismo no se contentó con el bautismo? ¿En serio una biografía de santa Teresa de Jesús podría tener la fuerza para decidirte? Yo leo con alguna frecuencia a la doctora de Ávila y aunque la amo con fuerza, no dejo de ser un borracho que la piensa y se entusiasma con su iconografía. ¿Por qué te hiciste carmelita si había otras comunidades donde podrías haber sido una pedagoga mejor conocida hoy? Eso sí, me gusta mucho tu nombre religioso: Teresa Benedicta de la Cruz. ¿Conciliaste filosofía, teología, mística y conciencia histórica cuando te embarcaron en un tren rumbo a Auschwitz?

En lugar de ofrecer escenarios para profundizar en estos aspectos, la novela de Castro se centra en un debate sobre el derecho a decidir la muerte (o la vida, que es el reverso de esa misma moneda) de los demás, con Edith como interlocutora.

Para que dicha controversia tenga lugar, Castro abre un paréntesis en la historiografía de la filósofa, ganando un espacio en el cual desarrollar la resistencia al interior del campo. Durante esas semanas, el paralelo entre una Edith que da clases de alemán y un Elias Lindzin que demuestra su tiranía hacia su propia gente, detonan el dilema moral en el que un grupo de mujeres pretende privilegiar la vida de su amiga en lugar de la del traidor.

Jantipa, una novela entre la historia y la filosofía
Ernesto Castro Córdoba. Crédito: imagen tomada de Arpa Editores.

Hablo de un paréntesis propuesto por Castro, al repasar el relato de Amata Neyer, cuando explica que Edith no habría pasado mucho tiempo en el campo, dado que:

Al amanecer del viernes (7 de agosto) el grupo se puso en movimiento hacia la estación de Hooghalen. El tren pasó por Schiffferstadt en el Palatinado y debió de dirigirse después hacia el este. Muy probablemente el transporte llegó a Auschwitz el domingo, 9 de agosto; la mayor parte de los prisioneros fueron conducidos inmediatamente a Birkenau y allí fueron matados (Cómo llegué al Carmelo, 1998).

Otra licencia que se permite Castro es la de invisibilizar a la hermana de Edith, Rosa, con quien fue detenida en el convento holandés de Echt y quien no aparece en ninguna parte de la novela.

Eso sí, entre los aspectos historiográficos de los que el profesor de estética da cuenta en su novela, pueden encontrarse: el proceder del condiscípulo de Stein, Martín Heidegger; la producción filosófica y teológica de la fenomenóloga; el tipo de feminismo escogido por ella; su posición frente al antisemitismo europeo y las acciones que emprendió pidiéndole a Pío XII que condenase el nazismo.

Cómo está estructurada Jantipa

La novela comienza con unas primeras páginas de diálogo entre Aspasia y Jantipa, cuyo interés se centra en esos últimos días de Edith Stein en Auschwitz. Jantipa, quien fue enfermera allí y la conoció, le cuenta cómo algunos judíos, para sobrevivir, se convirtieron en victimarios, haciéndose aliados de los militares nazis, mientras que Stein retornó a ser la profesora de Espira, para la cual « la poesía y la metafísica alemanas eran demasiado valiosas y frágiles como para dejarlas solo en manos de los alemanes».

Por esa razón, el grupo que conforman Charlotte Delbo, Heda Bloch y la propia Jantipa, gracias a la posición que tienen en el campo, pretende alterar los documentos para que quien muera sea Elias Lindzin y así aplazar el turno de la filósofa de Friburgo. Es aquí donde está el núcleo de la novela, la discusión cuando las tres mujeres van, en la noche, al camarote de la monja, para contar con su visto bueno. Ese es el inicio de un intenso debate al que asistimos los lectores durante 123 páginas.

Jantipa, una novela entre la historia y la filosofía
Edith Stein y un grupo de amigas

Las cinco mujeres (luego se sumará a ellas la gitana Philomena), bien representan la disputa dialógica a lo largo de los siglos. A Charlote se le reconoce como materialista, mientras que Heda resulta idealista. Así pues, la ficción termina por sentar una cátedra humanística sobre el cuerpo, el alma, el carácter sagrado de la vida y sus implicaciones políticas, la desnaturalización de los animales, en fin, sobre la existencia humana.

El corazón último de Jantipa

Escribí párrafos antes que en las últimas páginas de esta relectura de Jantipa me habían devuelto la razón por la que insisto en recomendarla. Por el uso que hago de referentes cristianos en mis conversaciones cotidianas, las posiciones que asumiría frente a temas como el aborto, el suicidio o la eutanasia suelen darse por sentadas. La verdad es que prefiero callar y sembrarme allá, en lo profundo, una buena cantidad de dudas posibles que me eviten emitir juicio alguno. He ahí porque me identifico con un borracho: demando paciencia si alguien quiere saber lo que pienso, pues doy vueltas antes de movilizar una lengua que se me hace pesada.

Jantipa, una novela entre la historia y la filosofía

Esta última digresión se debe a la sensación que me habitó, como ya he dicho, la mayor parte del tiempo pasando las páginas de Jantipa. ¿A dónde llevan los debates de estas mujeres? A todos los lugares y a ninguno. Sabemos mucho de la vida, pero no tanto como para definirla en un párrafo. Entonces, es cuando llego a esas líneas en las que Castro, a través de su personaje Edith, dice:

Así como el Infierno del más allá no se diferencia mucho del infierno del más acá, pues cada pecado lleva en sí mismo su justa penitencia, el Paraíso no es una recompensa a la virtud, como cree Heda, sino una continuación infinita del goce en la existencia virtuosa […] No, el Paraíso no es una fiesta, ni un masaje, ni una orgía. Más bien será un hospital. Un sitio donde todos cuidamos de todos.

Jaque mate. No tengo otra escatología. La virtud no como un trabajo que sólo nos hace desear el descanso, sino como esa serie de actitudes que nos hacen responsables con lo que comemos, lo que nos entretiene, lo que votamos, los chistes que hacemos. Y, pues como a algunos se nos dificulta la templanza (o alguna otra de las virtudes), aparecen los amigos como médicos y enfermeras que nos remiendan y generan esperanzas. Donde a veces también somos nosotros los que abrazamos y perdonamos para restablecer a otros. Es por eso por lo que le pido a los míos que lean Jantipa, para que cuiden de mí y sepan que mi disposición es 24/7.

 No me queda más por añadir sino un Amén, Ernesto. Y un Salud, Edith.

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  • Jantipa, una novela entre la historia y la filosofía

    Licenciado y Magíster en Literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira. Docente en la IE Miracampos de Quinchía (Risaralda). Ha cultivado la narrativa en cuentos y novelas, así como la reseña de libros en prensa.

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