
Intentar poner en palabras lo que se siente resulta más complejo que asimilar todo lo que está sucediendo. Como psicóloga y manizaleña de crianza, nunca imaginé pasar por una situación tan ajena, y digo “ajena” porque eso solo pasa en televisión, en las películas y en otros países. Eso solo ocurre en otros lugares, nunca a “nosotros”.
He escuchado, tanto de mis conocidos como de los pacientes que he atendido, frases como: “Pensé que eso nunca iba a parar”, “Afortunadamente estamos bien, pero la sensación de vacío y tristeza no se me quita” o “Me da mucho miedo dormir, despertar y no encontrar nada a mi alrededor”. Esto nos obliga constantemente a recordarnos que el temblor ya no está y que, por el momento, no estamos en riesgo. Es empezar a jugar con las certezas y aprender a controlar las suposiciones.
Una paciente me dijo anoche, en medio de la consulta: “Por fuera me veo como si nada, pero por dentro estoy como si todo”. Me lo dijo con un sentimiento de culpa increíble, después de abrir su establecimiento, porque es el sustento económico de su familia. Y más allá de todo, el pensamiento de “no estar haciendo lo suficiente” es colectivo. Queremos salvar a los que amamos y, a veces, no hay una salvación completa; esta ocurre poco a poco y día a día.



Entre los rostros marcados por la tristeza y la impotencia, sigue habiendo solidaridad, empatía y entrega. La expresión de los rescatistas, ver los centros de acopio abastecidos y la movilización de las redes confirman, una vez más, que el pueblo siempre se ayuda entre sí.
Desde la psicología, se entiende que el estado de shock aparece cuando las personas nos enfrentamos a experiencias que generan grandes amenazas a nuestra existencia. Para este punto, muchos ya hemos salido de ese estado de shock. Salir de él implica retomar la vida, volver a ayudarnos, como pasó en abril de 2017 en los barrios Persia, González y Aranjuez, o en noviembre de 2011 en el barrio Cervantes.
Volver a ayudarnos es llenar los albergues de donaciones y movilizarnos para reconstruir aquello que, con tanto miedo, se perdió el lunes 10 de agosto.
Gracias a los rescatistas, a los estudiantes y a cada persona que, desde sus posibilidades, decide ayudar. A quienes hacen acarreos, a quienes trabajan sin descanso y a quienes, aun con tristeza y cansancio, extienden una mano para ayudar a una ciudad que, intenta levantarse una vez más.
¿Usted o alguien que conoce necesita acompañamiento psicosocial luego del terremoto? Comuníquese al teléfono 123, opción 3, línea habilitada por la Alcaldía de Manizales.

El terremoto del 10 de agosto de 2026 marca la historia de nuestro territorio. Narrarlo ayuda a construir memoria y a reparar nuestras grietas emocionales. Si quieres escribir qué piensas o sientes y publicarlo en Barequeo, envía lo siguiente a barequeo@barequeo.com
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