Tiembla, tiembla, tiembla,
corro, corro, corro,
lloro, lloro, lloro,
porque no encuentro mi hogar.
Tiembla, tiembla, tiembla,
miedo todo el mundo,
mientras la tierra ruge,
llaman a buscar.
Las calles se levantaron,
las paredes se agrietaron,
y mi casa de 60 años
se desmorona en su lugar.
Dios Santo y bendito,
miro para el cielo,
mientras el Cristo tiembla
y cae con la torre en diagonal.
Mientras se mueve el piso,
pienso en quienes dejé en casa.
Mientras se mueve el piso,
el paisaje de siempre desaparece.
Ayer pasé por tus calles
y hoy todas llenas de escombros están.
Con el polvo se levantan
aquellos que se fueron
y suben al firmamento
con la polvareda.
En el piso veo cuadros de familias,
ropa antes planchada
y nada que rescatar.
El hueco en plena sala
muestra a la calle
lo que era un hogar.
No solo quedan ruinas,
también queda el miedo
de que algo vuelva a pasar.
Me atravesé toda la ciudad,
esperando que ninguna roca
se interpusiera entre mi familia
y mi llegar.
Si así estamos aquí,
¿qué será de las periferias?
El choque de las placas
se llevó consigo la señal.
¿Qué será de ellos
mientras miro aquello
que llegué a disfrutar?
Mientras quienes perdieron su casa
esperan la demoledora,
también están aquellos
que buscan en las piedras,
los que oran todos los días
y los que lloran al ver su ciudad.
Las calles ya cerradas
dos manzanas a la redonda,
pero quienes pasan por ahí
porque deben trabajar.
Pareciera que la vida no parara,
pero, aun así,
nadie vuelve a la normalidad.
Toneladas de comida
esparcida por la ciudad;
hay quienes ayudan
y quienes no saben cómo ayudar.
Fuera de las capitales,
¿qué pasa en los otros lugares?
¿Alguien se ha puesto a preguntar?
Nos preocupamos por nuestro desastre,
pero el de ellos no ha podido parar.
Tiembla, tiembla, tiembla,
llora todo el mundo,
por fin se dieron cuenta
de lo que amaban sus montañas.
Tiembla, tiembla, tiembla,
miedo todo el mundo
de que, cuando pase,
nada de lo que conocieron
vuelva a ser igual.
Hablo de Manizales,
pero pienso en Colombia,
que me ha enseñado a amar.
Pienso en Manizales,
pero hablo de Colombia
que, bajo tierra,
no puede quedar.
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