Monstruosos y pervertidos

Gobernar se ha convertido en un show barato de redes sociales, una opereta de tercera en la que todos los días vemos por televisión las peores actuaciones de reality fingido.
Compartir publicación en

Bienvenidos a la patria milagro, donde el estado adopta el discurso policial y el remedo de presidente se viste de camuflado, pistola al cinto, y sale a la calle a perseguir y capturar delincuentes, con vídeos que más parecen producciones estelares que verdaderos operativos militares. El mediocre posa con radioteléfono y kepis, cual guardia de seguridad, y no le cabe por ninguna parte la dignidad de jefe del desgobierno que han provocado él y sus subalternos. Esta administración es un desastre por donde se le mire: un presupuesto general hundido en el congreso por errores de trámite, ministros despedidos desde cuentas de X, desorden e irresponsabilidad con los recursos del flamboyante e inexistente “Fondo Milagro” y un plan de reconstrucción que no avanza y que tiene al Eje Cafetero sumido en la crisis social y económica. Pero sus secuaces no se atreven a cuestionarlo ni denuncian el desastre; disimulan como la gente de bien para no pisarle los callos al imbécil, vanidoso y engreído. Así están las cosas en Colombia, donde gobernar se ha convertido en un show barato de redes sociales, una opereta de tercera en la que todos los días vemos por televisión las peores actuaciones de reality fingido, en las que delincuentes menores y criminales de pacotilla son encarados directamente por el irrisorio ‘tigreso’, que se las da de muy macho y de muy heroico capturando muchachos confundidos y pendejos desocupados.

Pero para más señas, el gobierno se empeña en su “contrarrevolución cultural”. Es todo una pantomima para sostener con humo la ineptitud y la inoperancia administrativa de este gobierno de cacos. Entonces nos volvemos el chivo expiatorio de su narrativa, la amenaza del orden moral que promete restablecer los “valores sobre los que se asienta la nación”. Fabrican un relato ficticio con el que crean un enemigo interno y le hacen creer al país que los problemas socioeconómicos más graves que nos aquejan son culpa del feminismo y de la diversidad de género, de la ampliación de la democracia, la despenalización del aborto y los derechos de las disidencias sexuales. ¿Sí ven? Por eso es que estamos como estamos? Desde que Santos y Petro le entregaron el país a las FARC no hemos tenido un día de tranquilidad. Ese cuento de los derechos de las mujeres y de los gays, esa patraña del posconflicto y de la memoria nos tienen jodidos. ¡Cómo así que el Museo Nacional está lleno de fotos de terroristas! Me descuelgan ya todos esos cuadros”.

Y así, con cada nuevo anuncio de este circo en el que hemos convertido la política. Luego se inventan una imagen de Petro como el pervertido sexual: vuelven a usar la vieja imagen del depravado, del monstruo moral que devora “niños travestis” para validar la persecución y degradar al interlocutor convirtiéndolo en la encarnación del mal absoluto. Utilizan a una opaca exfuncionaria del gobierno para montar su número: todo son testimonios y bulos; ninguna prueba, ninguna denuncia. Se sirven del más inicuo de los traficantes de chivas periodísticas, un tipo que hace rato perdió toda credibilidad. Entonces nos pintan al expresidente –que no será ninguna jotiya– como un sujeto anormal y degenerado; una aberración de la naturaleza, movida por instintos criminales. El jefe de una red de prostitución que incluía menores y que nadie denunció mientras ejercía la presidencia. Sólo les faltó decir que se alimentaba con sangre de bebés y leche de vírgenes.

Ese es el nivel del debate público en Colombia y en el mundo. La contienda de los algoritmos y las bodegas y las granjas de bots que producen realidades virtuales en las que viven millones de personas. Maquinarias de poder y medios de comunicación que reproducen discursos de odio hasta convertirlos en verdades. Son tanto el descaro y la sinvergüenza que hasta en los medios del establecimiento ya se escuchan voces que critican los últimos acontecimientos. Estamos, sin dudarlo, ante un populismo autoritario de ultraderecha, pero casi nadie se atreve a denunciarlo. El presidente es veleidoso y tiene todas las características de un reyezuelo corroncho. Es tal su vacuidad que parece inofensivo, pero sus ínfulas de dictador y sus maneras de diva caprichosa son extremadamente peligrosas. No hay nada peor que un farsante con poder, un provocador profesional capaz de llevar una sociedad hasta sus límites. Su criminalización de la protesta social no delata más que el miedo a un merecido levantamiento popular contra políticas y decisiones tan dañinas. Este gobierno es tan inestable como el humor del mandatario y tan obtuso como su lóbulo frontal. Estamos a merced de la gente más mezquina e indiferente, pero nadie se rasga las vestiduras ni habla de crisis ministerial ni de irresponsabilidad con los recursos públicos, ni de inmoralidad, cuando nos enfrentamos al que seguramente pasará a la historia como el gobierno más nocivo e inoperante de todos los que hayamos soportado en esta república bananera. ¡¡Aplaudan!! ¡¡¿Por qué no aplauden?!!

Si valoras el periodismo artesanal, ayúdanos a seguir adelante.
Cada aporte, grande o pequeño, hace la diferencia. Puedes apoyarnos a través de Vaki.
  • John Jairo Osorio Giraldo

    Quimbaya, Quindío, 1994. Antropólogo y maestro en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia, con especialización en Gestión de Proyectos Culturales de la Universidad EAN. Docente, investigador y gestor cultural en instituciones del Eje Cafetero. Autor del libro de relatos La cotidianidad es un cuerpo que agoniza (Sílaba, 2022). Autor y editor de publicaciones académicas y literarias como la revista Conjuro, el magazín Mano Negra y la revista Escarabeo. Algunas de sus columnas pueden leerse en https://cronicasypalabrejas.blogspot.com.

Publicaciones relacionadas

Si valoras el periodismo artesanal, ayúdanos a seguir adelante.
Cada aporte, grande o pequeño, es una pepita de oro valiosa para nosotros. Puedes apoyarnos con donaciones en la cuenta de ahorros Davivienda 108900805756 a nombre de la Fundación Barequeo (NIT 902045164-5) o a través de Vaki.

En Barequeo nos interesa el periodismo artesanal, hecho a mano, con tiempo para escribirlo y tiempo para leerlo. Buscamos historias y enfoques como quien busca pepitas de oro.

Somos un grupo de periodistas que, desde Manizales, Colombia, generamos un medio de comunicación para fortalecer la deliberación pública desde nuestro territorio.

Creemos en la veracidad, la argumentación, el disenso y el valor de la escritura para la construcción de memoria histórica.

Correo: barequeo@barequeo.com

Cada aporte, grande o pequeño, es una pepita de oro valiosa para nosotros. Puedes apoyarnos con donaciones en la cuenta de ahorros Davivienda 108900805756 a nombre de la Fundación Barequeo (NIT 902045164-5) o a través de Vaki

Codirigen: Adriana Villegas Botero, Ana María Mesa Villegas y Camilo Vallejo Giraldo.