
Cuatro días después del terremoto, mientras escribía las notas para las páginas del sábado, entró al Whatsapp un mensaje de la secretaria de mi jefe. Como media hora antes había llegado otro mensaje citando a reunión virtual obligatoria al día siguiente. Pensé que era sobre el mismo asunto pero de parte de la otra empresa, porque mis funciones allí se desarrollan a manera de préstamo y devolución.
Me explico: mi contrato está por la más grande, a los cuatro meses me enviaron a redactar a la otra empresa que es de los mismos propietarios, pero con otra razón social y en la que estuve más de tres años. Hace dos años exactamente, la jefe inmediata de las dos empresas me informó que para que la carga laboral no incidiera en mi maltrecho estado de salud, se había decidido que volvería a escribir para la casa, por decirlo de alguna manera. Así fue como estos dos últimos años me dediqué a las entrevistas de protagonistas en diversas áreas, “sin la presión”, de la nota diaria.
Después del susto, ¡llegó el otro susto! Cuando por ociosa abrí el segundo documento de ese Whatsapp con membrete, diferente al primero, me informaban que la empresa había decidido no renovar mi contrato. Entré a trabajar a la(s) empresa(s) en septiembre de 2021. Son cinco años de darle duro a la tecla, criar sola a una hija en Pereira, caminar con ella, y correr sola para llevarla o recogerla por tres años y medio por las calles entre la 23 y la 31, que ahora están irreconocibles. La decisión de vivir en Dosquebradas obedeció al cambio de colegio para la niña. En Pereira también superé el cáncer de mama que me diagnosticaron en enero de 2024, pero no la anemia, en Pereira me angustié por la falta de un riñón de la niña de la que me enteré 11 años después. De aquí salí corriendo un domingo de abril de este año, cuando me informaron del accidente de mi papá, el mismo que le costaría la vida 10 días después.
Amo a Pereira y su área metropolitana porque nos acogió cuando toda esperanza se agotaba, y me duele, como consta en los cientos de páginas y un montón de videos en YouTube donde quedó registro.
Sé que a pocos días de quedar desempleada, mis temores no son nada al lado del sufrimiento que me llevan por delante cientos de padres que también quedaron desempleados, sin casa y con más hijos, pero yo tengo una limitante que ellos de pronto no: a mí no me contratan en un almacén de zapatos porque no vendo un tamal en un derrumbe, no me aceptan de secretaria porque me falta experiencia en el cargo, a lo sumo podré aspirar a un call center con turnos rotativos que me harían dejar a la niña sola en las noches.
Dios no nos trajo aquí después de una separación y una pandemia, para volver atrás, es que no les puedo negar que la incertidumbre asusta, asusta mucho porque las fuentes de empleo obviamente disminuyeron, porque no soy una muchachita de 28 años, y solo imaginar tener que separarme del amor de mi vida al no poder sostener las obligaciones mensuales se convirtió en mi pesadilla desde hace cinco días.
A cientos el terremoto les quitó la vida, a muchos la casa y a otros tantos, la consideración y la empatía.
¿Usted o alguien que conoce necesita acompañamiento psicosocial luego del terremoto? Comuníquese al teléfono 123, opción 3, línea habilitada por la Alcaldía de Manizales.

El terremoto del 10 de agosto de 2026 marca la historia de nuestro territorio. Narrarlo ayuda a construir memoria y a reparar nuestras grietas emocionales. Si quieres escribir qué piensas o sientes y publicarlo en Barequeo, envía lo siguiente a barequeo@barequeo.com
- El texto y/o las fotos que quieres publicar. Escribe el título con el que quieres que aparezca.
- Adjunta tu foto, una breve biografía (2 o 3 líneas) y tus redes sociales, si tienes.
- No publicamos textos anónimos ni denuncias o acusaciones que no podamos verificar.
- Cualquier persona puede participar.