Del papel a la calle: un recorrido por el universo visual de Luisa Velásquez

"Sigo insistiendo en la paciencia y la autogestión como principios de vida. Todo lo que he venido laborando con tanta dedicación durante tanto tiempo, inevitablemente se va a reflejar en el futuro; por eso reafirmo mi compromiso inquebrantable con la creación y el universo del collage".
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Hay trayectorias artísticas que no se construyen únicamente en los espacios formales del arte, sino en las grietas de la ciudad, en la textura del papel rasgado y en el diálogo constante entre territorios. La obra de la artista, gestora e investigadora Luisa Velásquez —creadora de la plataforma Arre Tijera y la propuesta La Serendipia— es una cartografía viva que une la geografía montañosa del Eje Cafetero con los paisajes urbanos y culturales de México y Argentina, país donde en 2012 se desempeñó como gestora desde Manizales para el encuentro Miradas y Postales en Bahía Blanca.

Desde sus primeras aproximaciones al collage y la intervención gráfica en espacios independientes de Manizales como Caza Retasos y El Vivero, pasando por su labor como cofundadora de la feria gráfica independiente La Independiente (2014), Luisa ha consolidado una mirada estética donde la apropiación de la imagen, la gráfica popular, el cartelismo y la experimentación analógica se convierten en herramientas de resistencia cultural y diálogo comunitario.

Su paso por la Ceiba Gráfica en México marcó un hito determinante en su investigación sobre el soporte: allí colaboró con el maestro Per Anderson en la elaboración de papel artesanal a partir de fibras naturales, insumos que posteriormente se transformaron en los formatos de sus collages. De regreso en Manizales, profundizó en esta técnica mediante la elaboración propia de papeles a base de fibras de cáñamo y papiro sobre los cuales compone sus obras. A esta búsqueda material se suma la escala del cartel, técnica mediante la cual amplía sus imágenes para llevarlas a la litografía y, desde allí, desplegarlas en las paredes de la ciudad.

Su trabajo, expuesto en escenarios internacionales como el Centro Cultural Atarazanas en Veracruz, Casualidad Art Project y la Galería Dlonngi Art en la Ciudad de México, así como en proyectos de resonancia nacional —entre ellos sus exposiciones en Casa Hoffmann en Bogotá, el Centro de Museos de la Universidad de Caldas, el Museo Intangible de Pereira y el Museo Libre de Arte Público de Cali—, demuestra una constante inquietud por habitar el espacio público. Sus intervenciones urbanas en festivales Bioculturales, el festival Narrativas Urbanas y acciones performáticas emblemáticas como la realizada junto a la artista María José Arjona en el Palacio de Bellas Artes de Manizales, dan cuenta de un cuerpo creativo donde la tijera no solo corta: hila memorias, saberes y comunidades.

Actualmente, Luisa fortalece esta mirada transdisciplinar cursando Séptimo semestre de Psicología en la Fundación Universitaria del Área Andina, tejiendo puentes entre el arte, la mente y el comportamiento humano. En esta edición de Barequeo, conversamos con ella sobre el recorrido de sus tijeras, la investigación de los materiales, la gestión gráfica independiente y el poder del collage como lenguaje de exploración del territorio.

1. El cuerpo como papel: hibridación entre danza y collage

Laura Victoria Álvarez Mora: Desde su trayectoria como artista visual, ¿cómo fue el proceso de descubrir y fusionar lenguajes en apariencia distantes como el collage, el cuerpo en movimiento y la pedagogía alternativa para construir sus narrativas analógicas?

Luisa Velásquez: La danza contemporánea y el collage no son tan diferentes como parece: la danza es en sí misma una hibridación de otras danzas, una mixtura, al igual que la música. Durante aproximadamente cinco años pertenecí al semillero de Cuerpo y Espacio de la Universidad de Caldas, al tiempo que adelantaba mi pregrado en Artes Plásticas. Más adelante surgió en mí la necesidad de articular ambos procesos para expandir y compartir conocimientos con la comunidad, pero también para auto sostener mis estudios, pasajes y gastos personales.

A partir de esa búsqueda creé una metodología de taller titulada La Serendipia, que propone articular la danza contemporánea con el collage: la danza como una exploración del cuerpo en el territorio y el collage como una continuidad de esa vivencia llevada a la narrativa visual y a la plasticidad del material. Esos talleres autogestionados y el diálogo directo con diversas comunidades se convirtieron en el insumo fundamental para construir mi obra y consolidar una voz propia.

Del papel a la calle: un recorrido por el universo visual de Luisa Velásquez
Taller Collage.

2. El quiebre y el impulso: la experiencia en Platohedro

Laura Victoria Álvarez Mora: Al obtener el estímulo del Ministerio de Cultura en 2017, la artista enfrentó el reto de realizar una residencia en la Corporación Cultural Platohedro en Medellín. ¿De qué manera esta experiencia transformó su producción de collage y su visión del trabajo comunitario?

Luisa Velásquez: Responder esta pregunta mueve fibras muy positivas en mí. En 2017 trabajaba con el Banco de la República y me sentía muy feliz por ello, pero al mismo tiempo atravesaba una crisis personal. En medio de ese contexto conflictivo, llegó la noticia de mi primera convocatoria ganada con el Estado, un proyecto en el que había trabajado durante tres meses organizando información y respaldos. Sentí un profundo orgullo de mi proceso. 

Confrontarme a una ciudad como Medellín y convivir con creadores de diversas disciplinas, culturas y miradas fue un reto apasionante que me abrió la perspectiva sobre el alcance de estos talleres. Me sirvió para constatar que sí es posible sostener propuestas creativas y comunitarias en otros contextos. De todo se aprendió, de lo bueno y de lo difícil, y significó un gran impulso para consolidar el taller itinerante de collage La Serendipia.

3. Las reglas invisibles de la calle y la gráfica urbana

Laura Victoria Álvarez Mora: Al observar los carteles y collages de Luisa Velásquez pegados en los muros urbanos se reconoce un sello autoral claro. Al intervenir el espacio público, ¿a qué muros invisibles, desafíos o dilemas éticos se enfrenta la creadora al llevar su obra a la calle?

Luisa Velásquez: En la intervención urbana a través de carteles propongo un juego con los transeúntes: que se acerquen por curiosidad y que esa misma curiosidad les genere más preguntas que respuestas. A través del uso de colores intensos y la repetición de imágenes por la ciudad, busco que las piezas se graben en el imaginario colectivo y lleven al espectador a cuestionarse por qué esa imagen habita allí. Concibo mi trabajo como una señalética en parques y callejones emblemáticos que desafía a los curiosos a investigar. Planteo imágenes visualmente sencillas pero cargadas de contenido. Por ejemplo, la figura del guatín —un animal muy presente en Pereira, donde residí cuatro años— alude a su rol vital como dispersor de semillas en el ecosistema, a pesar de que en Caldas a menudo se le confunda con una rata.

En cuanto a las dinámicas de la calle, considero que cada artista establece sus propias pautas. Dentro de la ética de mi trabajo, la premisa fundamental es no afectar el negocio, la vivienda ni el patrimonio de nadie. Mis carteles son una excusa para entablar conversaciones con la gente de a pie y conocer sus modos de ver el mundo, lo cual enriquece mi práctica. Además, tengo una regla implícita: intervenir exclusivamente de día. Al no consumir alcohol ni drogas, he encontrado en las pegatas diurnas una forma muy agradable y luminosa de interactuar con el espacio urbano.

Del papel a la calle: un recorrido por el universo visual de Luisa Velásquez
«El Cartel hace de la calle un lugar vivo».

4. El puente entre la montaña caldense y la escena mexicana

Laura Victoria Álvarez Mora: Las imágenes e intervenciones de la artista traspasaron el paisaje local para instalarse en tres salas mexicanas entre 2018 y 2019. Desde esa vivencia, ¿cómo se concibe el diálogo entre la montaña caldense y la escena artística mexicana, y qué trazado sugiere para que el arte local continúe abriendo caminos en el exterior?

Luisa Velásquez: Todo comenzó en 2019 mientras estudiaba en la Universidad de Caldas. Gracias a mi promedio académico, logré gestionar a través de la oficina de Internacionalización dos intercambios con la Universidad Veracruzana y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Durante esa etapa me acerqué a múltiples talleres independientes, galerías y espacios culturales para dar a conocer mi trabajo, mientras financiaba mi estancia con la venta de camisetas, stickers y la facilitación de talleres. Así fue como consolidé redes de trabajo que perduraron en el tiempo.

Para 2019, tras graduarme y mientras trabajaba con el Centro Cultural del Banco de la República, autogestioné una residencia con La Ceiba Gráfica, un espacio dedicado a la enseñanza de diversas técnicas de grabado y gráfica. El acuerdo consistía en colaborar laboralmente a cambio de hospedaje y acceso a los talleres para desarrollar mi obra. De esa interacción continua surgieron las alianzas que permitieron concretar las exposiciones en México.

A quienes están vinculados con instituciones educativas, les recomiendo aprovechar al máximo las convocatorias y plataformas de internacionalización. Con frecuencia, las universidades ofrecen becas, estímulos y convenios nacionales e internacionales que no siempre se explotan del todo. Como estudiantes, existe la responsabilidad —y la oportunidad— de explorar activamente estas ofertas para sembrar, desde la etapa universitaria, las relaciones que impulsarán la trayectoria profesional a futuro.

5. La pieza presente: el amor y la insistencia en el papel

Laura Victoria Álvarez Mora: Al mirar hacia atrás este mapa tejido entre la danza, las calles y la memoria… Si la trayectoria de Luisa Velásquez fuera hoy un gran collage en movimiento, ¿cuál es la pieza exacta que siente que está recortando y pegando en este momento, y qué nuevo paisaje empieza a dibujarse para el futuro de su arte?

Luisa Velásquez: En mi cartografía personal, la pieza fundamental que articula mi momento presente es el amor. A mis 38 años, atravieso un periodo de plenitud rodeada de mi núcleo familiar, el cuidado de mis padres, el amor de mi esposo, la compañía de mis mascotas y la cercanía con mis dos sobrinos, a quienes he visto crecer de cerca.

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  • Retrato de Laura Victoria Alvarez con flores en el rostro

    Neira, 1977. Comunicadora social y periodista de la Universidad de Manizales, apasionada por la construcción de contenido incluyente y relevante. Trabaja con la organización Üelkom y fue la productora de la exposición Proyecto Ciego y el Libro Ciego, que involucran en procesos de fotografía a personas con discapacidad visual.

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