En el universo de la fotografía de moda, donde abundan las fórmulas repetitivas y las tendencias efímeras, existen creadores que se niegan a ser básicos. Santiago Quiceno —diseñador visual egresado de la Universidad de Caldas, fotógrafo de moda y docente de la Escuela de Fotografía Zona 5 en Bogotá— es una de esas voces únicas. Representante del talento de Caldas, Quiceno no concibe la cámara como un simple artefacto técnico, sino como una herramienta de indagación íntima y colectiva.
En el taller dictado en Manizales en este mes de septiembre de 2026, Quiceno ofreció una lección magistral que trascendió la técnica formal para adentrarse en la poesía y lo visual. Su premisa fundamental resonó desde el primer minuto: en la fotografía de moda, el valor no reside únicamente en la estética del vestuario o en la sofisticación de la modelo, sino en la tensión indispensable entre el cómo quiero contar y el cómo lo voy a contar.
La trinidad del proceso y la arquitectura de la luz
Para Quiceno, la creación visual es un engranaje donde la preproducción, la producción y la postproducción forman una trinidad indivisible. Si uno de estos eslabones falla, el resultado final se desmorona. Es en la preproducción —esa fase silenciosa donde habita el concepto— donde la idea cobra fuerza y donde se define, incluso, si la luz debe congelar el movimiento o dejar que el trazo de la acción habite el encuadre.


Fotos de Santiago Quiceno
Cuando la idea previa es sólida, el ejercicio en el estudio se vuelve matemáticamente brillante. Es allí donde la luz deja de ser un recurso de iluminación para convertirse en el narrador principal. ¿Cómo sentimos la luz? ¿Cómo la miramos? En la composición, la luz y la sombra dialogan constantemente con los objetos, las situaciones y la psicología del color en los espacios.
La atmósfera fotográfica depende enteramente de la calidad de las sombras y de la intención emocional: una luz dura impone carácter y contraste; una luz difusa suaviza las texturas y transmite calma; mientras que esquemas como la luz frontal, lateral, cenital, nadir, backlight, Rembrandt o papillon —nombres que adoptan las diferentes posiciones lumínicas—, abren dimensiones narrativas que solo cobran sentido cuando existe un preconcepto claro. Sin esa preparación previa, las técnicas se reducen a meros artificios vacíos.
La luz como espejo del alma y la cultura
El sello distintivo de Santiago Quiceno como autor radica en su profunda sensibilidad humana. Nos invita a pensar la luz como un canal para reflexionar sobre cómo nos contamos como seres humanos, planteándonos preguntas que apelan directamente a nuestros sentidos: ¿Cómo vemos nuestro entorno natural? ¿Cómo lo sentimos? ¿A qué nos sabe?



Fotos de Santiago Quiceno.
Un mediodía incandescente o la penumbra de la noche no traen consigo el mismo significado para todas las miradas. El color del cielo es nuestro referente atávico para la luz, mientras que la oscuridad convoca inmediatamente sensaciones de misterio, peligro o inseguridad. Sin embargo, Quiceno recuerda que cada experiencia con el color y el espacio es auténticamente única y personal. La experiencia individual del fotógrafo está permeada por la memoria colectiva, la cultura y lo social, otorgándole una identidad inconfundible a su lenguaje visual.
Desde su rol como docente e historiador de la mirada, Quiceno demuestra que la técnica, cuando se domina con rigor, se resuelve con fluidez para dar paso a la identidad. Su propuesta en la fotografía de moda no busca vender imágenes estáticas, sino proyectar metáforas vivas, transmitir emociones puras y consolidar una forma de narrar donde la luz es, en última instancia, el reflejo más humano de nuestra propia existencia.
