Nuestras grietas retumban al mismo compás

Eileen Rada nació en La Guaira, Venezuela, y actualmente vive en Manizales. Ambas ciudades sufrieron terremotos devastadores en los últimos días. Esta es su historia. 
Compartir publicación en
Nuestras grietas retumban al mismo compás

9 días han pasado desde que la tierra se movió bajo nuestros pies con la fuerza de un alud enfurecido. Ese terremoto de 7.4 tambaleó la vida de muchos colombianos. La mía ya se estaba sacudiendo desde antes.

24 de junio de 2026. “Niñas, acaba de temblar muy duro en Venezuela. Escríbanle a sus familiares” leo en el grupo de Whatsapp de mis amigas.

Escribo a mi familia; no llega. Sale un nuevo mensaje; nadie lo recibe. Llegan videos de Caracas y La Guaira, uno peor que otro. Decenas de edificios colapsados. Cero noticias de mi familia. Mi cuerpo estaba en Manizales; mi cabeza en Venezuela. Nadie puede decir que no viví ese terremoto. 

El 26 de junio recibí, por fin, noticias directas de mi familia. “Estamos bien”, dijo mi madre tras más de 48 horas sin señal ni energía eléctrica, que se prolongaron durante varios días. Respiré, pero la noticia no calmó el dolor. Estar a salvo no es sinónimo de estar bien. Respirar no borra la tragedia. Los míos, llevaran o no mi sangre, seguían sufriendo.

En los siguientes días, sentí el peso del exilio, pero no del desarraigo. Más de 6 mil fallecidos, miles de edificios afectados. Lo que acababa de ocurrir no había sido solo un terremoto, sino un dedo en una de las tantas llagas que los venezolanos llevamos sin sanar.

Extrañaba enormemente a mi familia. Doné, organicé y aun así sentía que mi apoyo se quedaba corto. Manizales seguía cálida, hermosa y calmada, pero mis emociones estaban cada vez más revueltas. Con el paso del tiempo, la marea empezó a calmarse, pero ni siquiera imaginaba lo que se avecinaba.

A menos de dos meses de aquella tragedia, el 10 de agosto, 7:34 am, la tierra se estremeció en Colombia. Las casas se meneaban, los cables se sacudían, el suelo vibraba con intensidad. Se escuchaban rezos, lamentos, plegarias, preguntas al cielo de cuándo iba a parar el zarandeo mortal. Y, desde dentro, brotaba la sensación de estar viviendo una tragedia de tal magnitud por segunda vez.

Esta vez el ojo estaba puesto en mi nuevo hogar. Al menos 13 departamentos de Colombia sufrieron los estragos de aquel movimiento telúrico que se registró en San José del Palmar. Chocó, Risaralda, Caldas, Valle del Cauca y Antioquia aún lideran los titulares por razones no deseadas. Daños, víctimas, heridos, damnificados. El dolor ya existente extendió sus fronteras.

Aunque las condiciones hayan sido distintas, no dejo de ver un espejo entre dos tierras contiguas con afinidades y abismos. Compartimos la arepa y los colores de la bandera. La cachapa es prima de la arepa de chócolo y el dedo de queso es hermano del tequeño.Los ritmos afrovenezolanos comparten la cadencia de la cumbia y el bullerengue. Las montañas manizaleñas y merideñas se empeñan en pintar el cielo con su verdor y en darnos un respiro con su belleza.

También somos un reflejo del mismo dolor por los afectados, del mismo agradecimiento por la vida, de las mismas lágrimas, de la misma solidaridad, del mismo ingenio para ayudar a nuestra gente. Nuestras grietas retumban al mismo compás. 

Entre tantas cosas que nos unen y otras que nos separan, elijo creer que la resiliencia, la bondad y el ingenio son la materia prima del hilo rojo que nos conecta. Guardaré en mi bolsillo la esperanza de que Venezuela y Colombia, tarde o temprano, volverán a renacer de sus dolores.


 

Nuestras grietas retumban al mismo compás

El terremoto del 10 de agosto de 2026 marca la historia de nuestro territorio. Narrarlo ayuda a construir memoria y a reparar nuestras grietas emocionales. Si quieres escribir qué piensas o sientes y publicarlo en Barequeo, envía lo siguiente a barequeo@barequeo.com

  • El texto y/o las fotos que quieres publicar. Escribe el título con el que quieres que aparezca.
  • Adjunta tu foto, una breve biografía (2 o 3 líneas) y tus redes sociales, si tienes.
  • No publicamos textos anónimos ni denuncias o acusaciones que no podamos verificar.
  • Cualquier persona puede participar.
Si valoras el periodismo artesanal, ayúdanos a seguir adelante.
Cada aporte, grande o pequeño, hace la diferencia. Puedes apoyarnos a través de Vaki.
  • Nuestras grietas retumban al mismo compás
    La Guaira, Venezuela, 1991. Comunicadora social egresada de la Universidad Central de Venezuela. Contadora de historias que mueven, inspiran y cuestionan. Escritora, editora, creadora de contenidos y, sobre todo, una mujer entusiasta del autoconocimiento, el bienestar, la cultura y la identidad. Sus poemas y cuentos han sido incluidos en el libro Poesía Afrovenezolana: Primera Antología (2024) y en la antología de microrrelatos Microcuentos de amor, lluvia y dinosaurios (2016).

Publicaciones relacionadas

Si valoras el periodismo artesanal, ayúdanos a seguir adelante.
Cada aporte, grande o pequeño, es una pepita de oro valiosa para nosotros. Puedes apoyarnos con donaciones en la cuenta de ahorros Davivienda 108900805756 a nombre de la Fundación Barequeo (NIT 902045164-5) o a través de Vaki.

En Barequeo nos interesa el periodismo artesanal, hecho a mano, con tiempo para escribirlo y tiempo para leerlo. Buscamos historias y enfoques como quien busca pepitas de oro.

Somos un grupo de periodistas que, desde Manizales, Colombia, generamos un medio de comunicación para fortalecer la deliberación pública desde nuestro territorio.

Creemos en la veracidad, la argumentación, el disenso y el valor de la escritura para la construcción de memoria histórica.

Correo: barequeo@barequeo.com

Cada aporte, grande o pequeño, es una pepita de oro valiosa para nosotros. Puedes apoyarnos con donaciones en la cuenta de ahorros Davivienda 108900805756 a nombre de la Fundación Barequeo (NIT 902045164-5) o a través de Vaki

Codirigen: Adriana Villegas Botero, Ana María Mesa Villegas y Camilo Vallejo Giraldo.