Mi cuñado es veterinario, vive en Pereira y dice que están bien. Su trabajo consiste en visitar granjas de pollos. La semana pasada, cuando pudo volver a una por Marsella, descubrió que por el corte de energía, a raíz del terremoto, se desestabilizó la temperatura de la granja y murieron 2.500 pollos. En otras la pérdida fue mayor.
Mi amiga Mónica García es abogada, vive en Manizales y dice que está bien. Tiene su oficina en el edificio Plaza Centro. Ya pudo entrar y tomar fotos de los destrozos. La administradora del edificio está adelantando las gestiones de reclamación con la aseguradora. Por ahora el edificio está evacuado. Mónica confía en que el seguro de zonas comunes cubra todo y el monto alcance. Como tantos, ella no tiene seguro particular.
María Isabel cumplió 11 años este sábado y dice que está bien. Tenía planes para celebrar con algunas compañeras del colegio pero no se pudo. Las vacaciones escolares terminaban el miércoles pero tuvieron que prorrogarse. Me muestra videos en su Ipad: al momento del terremoto en su colegio estaban algunos de los estudiantes “grandes”. En las imágenes se ven bajando hacia las canchas. Una llora, varios corren y una pared se desploma. Tiene muchos videos similares. No sabe aun cuando regresa al colegio ni si tendrá que tomar clases virtuales, como en la pandemia.
Magnolia García es estilista, trabaja en la Barbería Moderna de Manizales y dice que está bien. En su casa, en el barrio Bengala, no hubo daños por el terremoto, y la Casa Estrada, uno de los símbolos de la arquitectura republicana del centro histórico de Manizales, se ve intacta. Allí queda la barbería y por eso Magnolia está madrugando a trabajar, como lo hace desde 1994. El jueves, antes del mediodía, todavía no había recibido clientes.
Leo Hernández es la persona a la que le compro todo lo relacionado con celulares: el teléfono, el cable, el vidrio protector, el mantenimiento. Dice que está bien. Ayer madrugó junto con varios compañeros a hacer remoción de escombros en los techos del Centro Comercial Las Rampas, en donde tiene su local One Click. Aspira que pronto le permitan volver a abrir su negocio, en la carrera 23, en el centro de Manizales. Por lo pronto ofrece servicios a domicilio, como en la época del Covid-19.
Escribo esto desde mi computador, en mi casa. Hace 8 días, el 10 de agosto, ocurrió un terremoto de 7,4 que deja hasta ahora casi 300 muertos, una cifra similar de desaparecidos y un censo (muy preliminar) de 150.000 viviendas afectadas en Chocó, Valle, Risaralda, Caldas y Quindío. Escribo “estoy bien”, porque tengo casa y mi entorno familiar está completo. Mientras tecleo miro varias veces la lámpara que cuelga del techo y me sirve de sismógrafo. La observo porque es ella la que me indica que no está temblando, que esas réplicas que creo sentir están en mi cabeza. El Servicio Geológico Colombiano había registrado 313 hasta las 6:00 p. m . del domingo, pero “solo” 20 con magnitud mayor a 3.0 y 2 con magnitud mayor a 4.0.
Repetimos “estamos bien, no nos pasó nada” y efectivamente no nos pasó: nos está pasando.