Quienes llevan días enchufados a los vídeos de TikTok e Instagram, en los que en un bucle infinito aparecen imágenes de edificios derrumbados, escombros y rescatistas en Pereira y Cali, la primera impresión que causa el barrio San José, de Manizales, es que «aquí no pasó nada», luego del terremoto del pasado 10 de agosto.
El tradicional barrio del centro de Manizales todavía conserva casas construidas hace un siglo o más, en bahareque y guadua, que se mantienen en pie. Por eso un recorrido veloz puede dar un parte tranquilizador para quien mira las fachadas desde la distancia de un carro. La sorpresa, y también la preocupación, aparecen cuando los vecinos abren las puertas de sus casas e invitan a entrar: tejas quebradas, techos caídos, paredes ladeadas, grietas que van de piso a techo. Las viviendas aguantaron el movimiento, pero hay muros en los que parece mejor no recostarse.
Numerosos habitantes de San José temen que sus casas ya no sean un lugar seguro para pasar la noche. La palabra «réplica» se repite con frecuencia en las conversaciones y el Servicio Geológico Colombiano informó que hasta las 6:00 p. m. del 16 de agosto se habían registrado 313 réplicas del terremoto, 20 con magnitud mayor a 3.0 y 2 con magnitud mayor a 4.0.
La posibilidad de que una réplica tumbe las construcciones que quedaron débiles después del terremoto del 10 de agosto es latente. No obstante, entre los habitantes de San José hay desconfianza frente a las ayudas que puedan recibir porque dicen que ya van cinco alcaldías de promesas incumplidas para el barrio. En 2009 se anunció un plan de renovación urbana conocido como el Macroproyecto de San José, que se vendió como la gran panacea: 110 hectáreas para vivienda, comercio, espacio público e instituciones, inversiones por $630 mil millones, 1.550 apartamentos para reubicar familias de zonas en riesgo, otros 2.800 apartamentos de interés prioritario y $90 mil millones para una avenida de casi 4 km y 3 carriles. Todo eso se dijo, pero casi nada se cumplió: expropiaron viviendas, obligaron a cientos de familias a abandonar el barrio, tumbaron casas y 17 años después el Macroproyecto es una herida enorme en la ciudad.
El terremoto golpea esa herida: el mal estado de las casas se explica por la falta de mantenimiento de estructuras antiguas. Desde hace años no se invierte en reforzamientos estructurales de viviendas porque los propietarios temen que en cualquier momento el gobierno local decida que va a ordenar la expropiación o demolición de las casas. Desde que empezó a hablarse del Macroproyecto de San José los habitantes del sector viven en la macro incertidumbre.
Martha Lucía Loaiza y Comunativa

Doña Martha en la entrada de su casa. La grieta que se observa en la fachada apareció luego del terremoto. Doña Martha es una líder en San José. Fue reconocida en 2019 como Mujer Confa y en 2020 como Mujer Cafam. Su casa es la sede de Comunativa, un proyecto de tejido social que guarda la memoria del barrio y es el punto de encuentro de todos los vecinos.

Doña Martha usa caminador. Al momento del terremoto estaba en su casa y se ubicó junto a una pared. Celebra estar viva pero le inquieta el estado en el que quedó su hogar: el balance incluye un techo que necesita 12 tejas para reemplazar las que se rompieron y además tiene varias paredes con grietas. Hay grietas en la fachada, el comedor, algunos cuartos y en la entrada a la cocina. Dice que ya revisaron su casa y le dijeron que no tiene que evacuar. Le preocupa que caiga un aguacero antes de poder reparar el techo. Entre el lunes en que ocurrió el terremoto y el sábado 15 de agosto no llovió.


Frente a la casa de doña Martha se ven algunas viviendas con paredes caídas. Ella está preocupada pues allí viven adultos mayores que no han sido atendidos hasta ahora y tuvieron que cubrir con plásticos el hueco que quedó en los muros. Aunque la casa de doña Martha necesita intervención, su conversación deriva hacia las necesidades de los vecinos. Su hijo, a través de Comunativa, promueve ollas comunitarias para las familias que resultaron afectadas en Bajo Andes y otros sectores, y ella misma está más interesada en atender las necesidades de la casa del frente que las de su propia vivienda.
Tres mujeres en una casa por reconstruir

En la calle 26 con 15, en el marco del parque del barrio San José, viven Adriana Valencia (en la foto), con su hija Andrea Cuervo y con la hija de ésta. Al momento del terremoto las tres salieron al parque con su gatica, que resultó golpeada. Aunque por fuera la casa quedó bien, al abrir la puerta encontraron un panorama desolador: se desplomó el techo del segundo piso y en el primero hay una grieta que atraviesa todo el piso, de lado a lado. En el cuarto de la nieta el cielo raso se ve embombado. Aún así, desde el terremoto han seguido durmiendo en esta casa, en la que viven hace cuatro años, porque no tienen para donde irse. Su vivienda es una de las 3.993 que, según la Alcaldía de Manizales, registran afectación parcial en esta ciudad. A estas se suman otras 1.153 con afectación total.



Adriana Valencia y Andrea Cuervo armaron el sábado un convite con algunos familiares para empezar las reparaciones más urgentes, sobre todo del techo. Andrea trabaja como mercaderista vendiendo papitas fritas de paquete. Dice que no tiene el dinero para hacer los arreglos, que un pariente calcula que pueden costar alrededor de $15 millones, pero tampoco puede esperar indefinidamente la ayuda gubernamental porque el techo no da espera.
Jorge Ómar Rodríguez, el jardín infantil y el panorama general del barrio
Jorge Ómar Rodríguez lleva casi 20 años liderando la resistencia de su barrio, frente al Macroproyecto de San José. Esa experiencia comunitaria se le nota en la forma en la que explica lo que ocurre ahora después del terremoto: «esto que pasa hoy es el fruto de ese proceso de abandono en el que nos sumieron cuando nos dijeron que no le metiéramos ninguna mejora a nuestras casas que están consideradas de interés público y no se les va a reconocer nada».

La casa de bahareque y ventanas azules frente a la que se encuentra Jorge Ómar, es el hogar de César Benitez y su hijo, una familia que siempre ha vivido en San José. A ellos los evacuaron y les indicaron que no pueden regresar a su vivienda porque esta casa, ubicada en el marco del parque de San José, está en riesgo de colapso y se sostiene apuntalada con guaduas.
Este sábado 15 de agosto el barrio se reunió en una olla comunitaria para compartir un chocolate con pan, pero la idea principal del encuentro, según explica Jorge Ómar es «conversar, escucharnos, tratar de sacarnos de adentro estos miedos que nos vienen invadiendo porque somos humanos y somos sensibles y tratar de decirnos como comunidad que no estamos solos, que nos estamos acompañando. Y entender que aquí no se sale adelante esperando plata de los gobiernos extranjeros o locales. Aquí se sale adelante con mucha berraquera, en comunidad, y acompañándonos unos a otros».

Esta casa, construida en bahareque, que está ubicada sobre el Parque de San José, es una de las más afectadas por el terremoto del pasado 10 de agosto.
En la misma cuadra en la que está la iglesia del Barrio San José se encuentra el Centro de Desarrollo Infantil, Comuna San José. Allí asisten 250 niños diariamente, muchos de los cuales reciben como único alimento, o como alimento principal, la ración que les proporcionan en ese lugar. José Omar teme que con el terremoto el Centro de Desarrollo Infantil permanezca cerrado varios meses.
En marzo el Consejo de Estado le dio un plazo de 6 meses a la Alcaldía de Manizales para reformular el Macroproyecto de San José. A raíz de ese fallo José Omar Rodríguez nos acompaño en un episodio de El Río Suena, en el que explicó que este programa de renovación urbana del año 2009 desplazó a alrededor de 3.500 familias.
