Votaré por Iván Cepeda y Aida Quilcué en las próximas elecciones presidenciales del 31 de mayo de 2026 y lo haré consciente de las contradicciones que implica el Pacto Histórico, de la caída ética de una vara moralista (buenista se dice ahora) que pudiera pretender unas trayectorias y vínculos políticos sin mancha, consciente de los pactos del Pacto. Y espero, esperanzado como soy, que puedan llegar, gobernar y hacerlo mejor que en estos cuatro años anteriores.
Aun así, tengo ideas y sensaciones mezcladas. Escribir este texto es una forma de ordenarlas, mientras trato de relacionar subidas con bajadas, cambios con derrotas, reversazos, en fin, toda una complejidad de fragmentaciones políticas que vivimos y que en mi manera de ver explican (aunque seguro se quedan cortas) el escenario político que tenemos, aquí y ahora.
En el primer mix iré de lo macro a lo micro, señalando la paralela entre el ascenso tardío del progresismo en Colombia, con el ascenso trágico del fascismo (la necropolítica o política de la barbarie) en el mundo. Y es que parte de las razones por las que el Pacto Histórico es hoy una posibilidad ineludible, tiene que ver con la barbarie que Colombia vivió en los últimos 50 años a causa de actores asociados a un mismo entorno político y económico.
Así se hubieran llamado primero Liberales y Conservadores, luego la U o Cambio Radical, o Centro Democrático, Nuevo Liberalismo, etc., corresponden al mismo origen y sostienen las mismas prácticas que reciclan las espirales de violencia en Colombia: concentración de la riqueza y la tierra, uso del Estado para el beneficio de grupos económicos (por decir los más flagrantes). Y que ahora son mandamiento en las democracias fascistas que dirigen nefastos líderes en cada vez más países.
Estas prácticas políticas, estos nuevos mandamientos y sus visiones de mundo, que intentan pintarse de colores, escondiéndose con la luz, como buenos camaleones, son hoy una amenaza para la vida y la humanidad misma. En Colombia al progresismo que busca garantizar derechos y diferencias le está tocando convivir con la más directa negación de los derechos, del derecho mismo como discurso y acuerdo ficcional. La fragmentación de los partidos y las ideologías es causa y efecto de estos movimientos.
Aún en esta distopía, apostamos por el Pacto Histórico porque crecimos conociendo y reconociendo los rostros de un establecimiento incapaz de cambiarse a sí mismo. Y sabemos que, aún preso del sistema y de sus influjos, una diversidad otra de actores que han venido a ocupar lugares de poder, pueden transformar parcialmente nuestras condiciones de vida. También sabemos que el Pacto es un estado transitorio, el lugar de un diálogo y en muchos sentidos, un espacio de concesiones. En las que pueden coexistir formas muy diversas de Frankesteins políticos, ideológicos, programáticos, etc.
Yendo de lo micro a lo macro, desde lo local, la coyuntura se ve como un reversazo, como la oportunidad histórica que llega tarde a una serie de actores, que ahora integran el progresismo y apoyan la campaña de Iván y Aida. Y sirve para probar la teoría de la cooptación política por vía inversa. Hablaré de dos de los casos, por lo contundentes que resultan para explicar la idea, aunque hay más:
En su segundo día como exconcejal del Nuevo Liberalismo en una tarima en La Dorada Caldas, junto a Iván e Aida, Camillo Muñoz gritaba enfático “Yo nací en el movimiento estudiantil, yo nací en los sindicatos, yo nací en el ambientalismo”. Y aunque no se pueda corroborar todos esos nacimientos, sí se puede dar fe del reversazo, el exconcejal que había tenido que irse años atrás al Nuevo Liberalismo, “para tener una opción de poder”, vuelve a sentirse en casa, donde él nació. Ahora sí fiel a sus principios y orígenes.
Algo similar pasa con una parte de la dirigencia del Holocausto Norte, sé de buena fuente que la barra en su momento cuando decidió entrar a la política, casi veinte años atrás, luego de considerar entre varios partidos, eligió la mejor opción, es decir la que le daba la garantía de ganar, en ese momento el partido de la U. A través del cual y en la figura de Juan Sebastián Gómez sostuvieron una representación política hasta que la U estuvo demasiado debilitada y se pasaron al Nuevo Liberalismo. Ahora que una parte de esta dirigencia de la barra ha pasado a integrar el Pacto Histórico, que es ahora mismo la mejor opción, se configura un reversazo de dos décadas y el discurso de barra popular suena aquí más coherente.
Amanecerá y veremos si las reversas, los camaleones y los Frankenstein se mantienen y logran tener el éxito en lo local, tanto como el que esperamos tengan Aida e Iván en lo nacional.