Ha pasado más de una semana de la primera vuelta presidencial y todavía se siente el desconcierto y la incertidumbre. Apenas se están aflojando las contracturas y reponiendo los estómagos. Y no es para menos.
El escenario de un tecno fascista en la presidencia vuelve a ser real. Está a días o semanas de ser posible. No es un juego de ciencia ficción, ni mamertería de geopolítica o conspiracionismo. Créame, no es extremismo petrista, cepedista o lo que sea que quieran usar para encubrir ese androide, ese adefesio político que huele a muerte.
El fascismo no está tocando la puerta, ya estaba en la sala y ahora se quiere tomar la casa entera. Armar una parranda con lo que queda de la vida y sus ecosistemas, terminar de joder y pulir todas las tecnologías de control y manipulación. Si, asústese, espabile y actúe. Hágalo desde el amor, desde la rabia, con los vecinxs, con los amigxs o enemigxs, con todo el que pueda o quiera. Todo suma.
Algunxs lo vieron venir hace años, otrxs hace meses, otrxs llevan soñándolo o deseándolo en silencio otro tiempo, lo cierto es que ahora se salió de los libros y las pantallas y esta aquí en plena calle. Es el potencial control del poder, por una sombra invisible, que parece tener rostro y voz, pero es más artificio, máquina que humano.
Hoy mientras bajaba de Manizales a Pereira empecé a ver repetida una valla con la imagen de la campaña del DLE muy minimalista, que me parece explica todo. Un fondo azul, un texto con la frase que dice: el voto es secreto, un traje elegante de gangster moderno y un tigre acuerpando el traje con un gesto humanizado poniendo el dedo en la boca para pedir silencio. Cállense brutxs, parece que gritara. Todo es IA.
Leo el mensaje como una invitación a lxs electorxs de su candidato a evitar el diálogo, el contacto humano, veo el gesto del tigre acuerpando el traje como una expresión comercial y publicitaria del androide, del ciborg que es el propio Abelardo. Entregado desde ahora a una figura sin rostro. A un gobierno de otros, atemporal, sin territorio claro, sin responsabilidades.
La ficción democrática está en sus escenas finales, dicen. La vieja dualidad de las democracias capitalistas: izquierda-derecha se dinamitó. Hoy solo quedan unxs en favor de la acumulación de la riqueza, la tierra y el poder patriarcal y otrxs que nos les resistimos. Así que la disyuntiva va concretarse por acción o por omisión.
Votar y actuar para contener, aplazar, postergar, minar, romper el fascismo debe ser una agenda de todxs los que tengan algun capital comunitario o social de representación. Hágalo como quiera, como pueda, pero hágalo. De lo contrario usted será un fascista por acción o por omisión. Esta en juego la vida y la humanidad misma, esa que nos hace empatizar, ir más allá de nuestro propio ombligo, de nuestra propia burbuja y pensar en las consecuencias que este voto a la presidencia va a tener sobre los ríos, las montañas, los páramos, los animales y la gente que no la tiene tan fácil.