Alguien lo puso allí

Amanecimos con el Museo Nacional saqueado de historia después de un día de marchas que no llamo multitudinarias para no exagerar, pero si suficientemente fuertes para golpear un ego tan duro como el de nuestro respetado presidente.
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Recurro a la inspiración, para  escribir de nuevo, a un artículo de María Camila Cabrera Celis aparecido aquí mismo en Barequeo y, me citó a mí misma en el primer artículo que escribí para este medio que va acentuándose con identidad, y es porque le da espacio a todos los que quedamos cimbroneados por el sismo y desde esa fecha estamos como incómodos con nuestras comodidades.

Decía yo: ¿Cómo llegamos aquí!? ¿Cómo se subió la tortuga al palo donde está la lora? Alguien la puso allí. Y me refería a Abelardo y a la cínica esperanza de que la carencia de calles y habitantes nos perdonara el siniestro espectro que se cierne sobre las cabezas cándidas de la izquierda apisonadas por una derecha elegida, no impuesta, para mayor absurdo, de no ver marchar las tropas de la invasión. No la vamos a poder evitar ni con terremoto.

Amanecimos con el Museo Nacional saqueado de historia después de un día de marchas que no llamo multitudinarias para no exagerar, pero si suficientemente fuertes para golpear un ego tan duro como el de nuestro respetado presidente. 

Se me parece a un niño maleducado que se lleva el balón porque simplemente es el dueño y no porque la pataleta es producto de su ignorancia y cobardía. Sacar la imagen de Pizarro, quitar el afiche de la campaña, a Pardo Leal, no sé si el de Galán y, no se que más habrá saqueado en la noche y en el silencio de su gobierno que no da explicaciones. Así mismo, el niño recoge su balón y se lo lleva. Él no juega, pero tampoco permite que los demás juguemos.   

Vengo de México de visitar a mi hija y compartir espacios culturales con amigos colombianos. “Refugiados” o bien porque la oportunidad está allí. Y vengo verde de la envidia, por el respeto con el que asumen su historia y el sincretismo que los caracteriza. Aceptar “la derrota” de esta raza, la de aquí, que es vencida por las armas y no por las ideas, mantiene vivo el sentimiento de identidad. He recorrido Colombia trabajando y por placer, las selvas que no son una sino muchas las que componen la geografía, y se me ocurre una idea que puede ser arbitraria pero la expongo y la discuto si es necesario: ¿Colombia debe agradecer a la guerrilla habernos mantenido alejados de Chiribiquete, La Lindosa, Tuparro o Mavecure? Que hoy descubrimos orgullosos y la mostramos al mundo con interés turístico y científico.

Y pareciera que termino con una idea descabellada, pero así se me hila el pensamiento: Un museo saqueado cuando otro en otra geografía nos da lecciones de humanidad y aceptación del otro aún cuando lo hayan vencido. Unas ciudades destruidas por un terremoto y con excusas de presupuesto inexistente para su reconstrucción como si el problema fuera de la gente y no la responsabilidad del Estado de bienestar que obliga la constitución. Unas calles atestadas de gente voceando derechos. Un país silenciado de explicaciones aunque salga a marchar. “¿Cómo se subió la tortuga al palo de la lora?” Alguien la puso allí. 

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  • Alguien lo puso allí

    Cali, 1960. Actualmente vive en Envigado Antioquia. Graduada en Filosofía de la Universidad Javeriana y como especialista de los Andes en Gestión Publica e Instituciones privadas. Investigadora en el desarrollo de población vulnerable en zona de conflicto con muchos años de experiencia especialmente en el Choco. Publicaciones varias con la Konrad Adenauer y el CINSET, entre las que se cuentan Encadenamientos Socioproductivos para población vulnerable, casos.

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