¿Qué hubiera pasado, Chapecoense?

La mayor virtud de "El secreto de los sobrevivientes" y de Javier Sinay como escritor, está en la mirada, las preguntas, la voz.
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Un hombre sueña. No hay luna, el cielo oscurísimo, un ruido ensordecedor, un avión desciende bruscamente y se estrella contra unos árboles. Muchos mueren. Helio Neto está atrapado en la chatarra, aún respira. El pasillo de emergencia permanece iluminado. Va hacia allí. Sale, huye, no hay luces, los árboles lo hacen todo más sombrío. Como fantasmas detrás suyo ve a cuatro personas más. Sobrevivientes. Entonces él grita, al final, “Dios mío, hay gente viva”.

Decir que es un sueño, que Helio Neto sueña que un avión se desparrama sobre un cerro conocido como Gordo, que luego renombrarán como Cerro Chapecó. Sueña. Y calla. ¿Cómo hablar del terror cuando la vida ahora parece fantasía? ¿Cómo saber que el sueño antecede al destino? ¿Cómo saber que a la fiesta del Chapecoense, el equipo brasileño que acaba de eliminar en semifinales a San Lorenzo en la Copa Sudamericana de 2016 no le vendrá la gloria deportiva sino la tragedia, el azar, la muerte?

El cronista argentino Javier Sinay se lo pregunta página tras página en El secreto de los sobrevivientes (Tusquets Editores, 2026). Se detiene en el minuto 48 del partido de vuelta, el instante en el que el arquero Danilo desvía con una pierna un disparo del defensor argentino Marcos Angeleri. ¿Y si hubiese hecho el gol?, se preguntó luego el jugador. A lo mejor, si al balón no se le atraviesa la pierna, San Lorenzo habría clasificado a la final y los jugadores de Chapecoense no habrían viajado a Colombia el 28 de noviembre de 2016 para jugar la final de ida contra Atlético Nacional, reciente campeón de la Copa Libertadores.

El avión se estrelló: murieron 71 personas, sobrevivieron seis: tres futbolistas, entre ellos Helio Neto; dos tripulantes y un periodista. Neto, el hombre del sueño, sobrevivió dos veces al accidente, dos veces mientras dormía. Es extraño, la primera vez soñaba y la segunda… Despertó en un hospital de Rionegro, Antioquia, sin recordar, creyéndose lesionado, sin saber si el partido lo jugaron o no. Luego su familia y los médicos le ayudaron a reconstruir ese momento, y los recuerdos se agolparon. Esa es la historia de un sueño, de una premonición, aunque la historia del libro es: ¿qué hubiera pasado si…?

La pregunta de Sinay es, tal vez, la mayor virtud de El secreto de los sobrevivientes y de él como escritor de no ficción. Miles de historias fueron publicadas sobre Chapecoense y se renovarán ahora diez años después. En los grandes cronistas como él, no importa cuántas veces se escriba sobre un tema o un personaje, lo distinto, lo que hará realmente grande a una historia de otra será la mirada, las preguntas, la voz.

“Cuando uno desarma el envoltorio de una historia, a veces aparece lo imprevisto”, escribió Sinay, “resulta que ibas tras la pista de un equipo de fútbol y de una compañía aérea, y de repente estás descendiendo –ya sin marcha atrás- hacia las consecuencias de un enigma tan antiguo como la humanidad: azar o destino”.

Serindipia lo llaman, cuando buscando algo se encuentra otra cosa. Les pasa a los periodistas, les pasa a los contadores de historias. Llegan por curiosidad, con el interés de resolver una pregunta, y la realidad desbarata los planes. Entre más conocen más interrogantes emergen.

El ser humano continuamente especula y plantea nuevos escenarios a los hechos, algo conocido como historia contrafactual, aquella que dice “¿qué hubiera pasado si?”

Pero la realidad es una, llámese destino o no. Los múltiples caminos le quedan muy bien a la ficción. Lo hizo, por ejemplo, Paul Auster en su novela 4, 3, 2, 1. Cuatro vidas posibles de la misma persona, cuatro posibilidades, cuatro “y si” que funcionan muy bien en una novela y no en la vida. Quizá por ello Sinay, cuestionado, tal vez resignado, dice que en el destino no hay justicia, pero sí la posibilidad de aceptar la vulnerabilidad del ser humano, así lo recuerdan las tragedias, así lo rememora la caída del vuelo 2933 de LaMia, cuando se cumplan diez años. Al final podemos pasar la vida haciéndonos preguntas, o haciendo la misma pregunta, de qué habría pasado si San Lorenzo anota en el minuto 48. La pregunta podría ser infinita, aunque la vida tiene fin, “si hay un destino, no se trata de justificarlo. Se trata de entender qué significa”.

Lo complejo es que no hay respuesta para ello, o no una muy clara, o muchas hipótesis o la seducción de la historia contrafactual. Y Sinay lo sabe: “es perturbador, también, reconocer que ese secreto trascendental ya existía antes de que llegáramos y que seguirá existiendo después de que nos marchemos. Las cosas ocurren, aunque no haya explicaciones.”

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    Guarne, Antioquia, 1987. Periodista de la Universidad de Antioquia. Especialista en Derechos Humanos y DIH y magíster en Ciencia Política. Autor de La grieta (Sílaba Editores, 2024), finalista del Premio Nacional de Literatura de la Universidad de Antioquia (Colombia); Fin de semana negro (Sílaba Editores, 2019), finalista a libro periodístico del año en Colombia del Premio CPB; Aquitania. Siempre se vuelve al primer amor (Sílaba Editores, 2016); y Con el miedo esculpido en la piel (Hombre Nuevo Editores, 2013). También es coautor de los libros Nueva narrativa latinoamericana sobre drogas (Fundación Gabo, 2021), De ida y vuelta. 85 años de historias. Liga Antioqueña de Fútbol (Universo Centro, 2015) y Sinfonías en cuatro movimientos, lecturas de ida y vuelta (Palabras Rodantes, 2026).

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