«El M-19. De la guerra a la política», de Jaime Rafael Nieto López (fragmento)

2 de mayo de 2026

El 21 de abril el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, intentó censurar la presentación del libro "El M-19: de la guerra a la política", de Jaime Rafael Nieto López. Hoy publicamos las primeras páginas de esta obra.
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Presentación

El título original del contenido de este libro es: “La Alianza Democrática-M19 y la Crisis del Bipartidismo en Colombia”, que corresponde al nombre de mi tesis de maestría presentada al Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia en el año de 1995 como requisito para optar al título de Magíster en Ciencia Política en esa entidad académica. Desde su aprobación hace treinta años siempre he tenido en mente publicarla como una contribución a la cultura política y académica del país. Sin embargo, la aparición de otros temas y problemas que han ocupado mi interés durante todo este tiempo me han hecho desistir de ese propósito.

Ahora que veo ondear escurridizamente una que otra bandera del M-19 entre multitudes convocadas por la candidatura presidencial de la Colombia Humana de Gustavo Petro, y el hecho mismo que en el debate presidencial se haya recordado y esgrimido por parte de sus contradictores políticos su pertenencia en el pasado a esta guerrilla de los años setenta y ochenta bajo el remoquete de “exguerrillero”, todo con fines de estigmatización y de descrédito de su nombre, me parece que bien podría justificarse la difusión a un público más amplio que el meramente académico la historia y el significado político de lo que fue (¿y sigue siendo?) el Movimiento 19 de Abril (M-19).

Esta permanencia de lo que fue y sigue siendo (el M-19) tuvo su momento culminante en el acto de posesión del nuevo presidente de Colombia, Gustavo Petro Urrego, el 7 de agosto de 2022 en la Plaza de Bolívar: acto, escenario y actor cargados profundamente de simbolismos. Pareciera como si todo, independientemente de todos, se hubiera dispuesto según una de las claves características del accionar político-militar de esta guerrilla: el juego articulador de lo simbólico, de los imaginarios nuevos y viejos como fundantes de la acción política.  Es, de nuevo, como si el M-19, un actor político-militar que en su trasegar de dos décadas como guerrilla supo conjugar no sólo lo militar con lo político, sino a ambos con lo simbólico, como recurso y expresión de la acción política, se hubiera encumbrado ahora en un escenario y en una trama completamente transfigurada: de la guerra a la política.  El accionar de la guerra se abre con un símbolo y pareciera cerrarse definitivamente en la política con el mismo símbolo: en el origen, con el “robo” de la espada de Simón Bolívar y, en el cierre, con la exposición pública y liberada de la espada del Libertador. Este “juego de espadas” encierra simbólicamente el itinerario de una apuesta política de la que el ahora Presidente y ayer guerrillero Gustavo Petro es su personificación emblemática,  y se nutre así mismo del simbolismo de libertad que en el imaginario político-popular de la nación colombiana representa Simón Bolívar y su espada[1].

Es sabido que toda sociedad o grupo humano suficientemente representativo, no es sólo lo que es sino también lo que imagina que es. Desde las sociedades más primitivas hasta las más modernas han requerido de sus mitos y sus creencias que hacen parte de su cultura y que muchas veces hacen posible no sólo su representación simbólica sino su propia institución como sociedad. De modo que contra el ideal moderno de secularización y racionalización lo mitológico y lo simbólico siguen jugando un rol crucial como dadores de sentido y de representación a la sociedad.

Entre estos mitos simbólicos los más duraderos e invocados son los llamados mitos fundacionales; de este modo, por ejemplo, la nación no sería pensable como colectividad moderna sin tales mitos fundacionales, asociados por lo general al origen que bien se expresan en los relatos épicos, en las batallas históricas, en los héroes, en las banderas, en los escudos, en los himnos, en los monumentos, en su arquitectura, en las canciones. Muchos de tales mitos son elevados y ungidos a lo sacralizado: de modo que un halo de sacralidad, no sólo religiosa, está presente en la vida de las sociedades, que las atraviesa muchas veces de manera transversal por ciclos extendidos de su historia; un conjunto de objetos que connotan un metarrelato de la nacional-popular. Creencias, quizás fantasmagorías, sin duda, pero con la fuerza para ungir como pegamento invisible de la sociedad. Muchos de estos mitos y simbolismo tienen su origen en lo político, desde donde se actualizan para reorientar o legitimar las nuevas luchas y los nuevos horizontes de futuro.

Ya lo había observado Marx, con su sarcasmo característico, en referencia a los acontecimientos y los actores que dieron lugar al golpe de estado de Luis Bonaparte en la Francia de mediados del siglo XIX :

“La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal”[2].

La política, en efecto, no está exenta de esta referencia sacralizada consagrada a lo simbólico. Por su propia naturaleza instituyente del orden colectivo, la política no es desnudamente la disputa por el poder como creía Schmitt, sino que esta disputa por lo general arrastra o está mediada por una carga simbólica enorme que muchas veces se nutre de lo imaginario instituido o se orienta hacia la creación de nuevos símbolos tal como lo mostró Antonio Gramsci. De ahí que la interpretación y el valor de lo simbólico además de hacer de factor de hegemonía en la conducción histórico-política de una sociedad, por ello mismo, es un campo abierto de disputas y de conflictos por afirmar un sentido específico a los mismos o por reinterpretarlos e inscribirlos en otras tramas de sentido social, político e histórico.

Aunque el M-19 ha sido la guerrilla que mejor y más eficazmente ha sabido valorar esta dimensión simbólica de la política, incluso muy por encima de las distintas expresiones de la izquierda legal, este libro no se ocupa de su simbolismo como tópico especial, sino de su historia, de su accionar, de sus discursos y de su estrategia de acción política y militar en sus diferentes etapas de su trasegar en la coyuntura colombiana de las décadas de los años setentas y ochentas del siglo XX hasta su efímera conversión en movimiento político legal como Alianza Democrática M-19 en la década de los años noventa. Sin embargo, si he evocado esta “coyuntura simbólica” de la candidatura presidencial de Gustavo Petro y su triunfo electoral como nuevo presidente de la república en 2022, es con el propósito de sugerir una lectura política de los símbolos en la que esté incluido como base fundamental el conocimiento de lo que fue el M-19 como una vía para comprender, en parte, la apuesta política de Petro presidente- A lo cual los invito.   

Debo aclarar que esta versión del libro El M-19:  de la Guerra a la Política conserva en su totalidad lo escrito en la versión inicial como informe de investigación; sólo se han hecho algunos ajustes tratando de mantener la referencia central al M-19 y no a la AD-M19, de la cual se ocupa en propiedad la última parte. Una primera versión digitalizada de este libro corrió por cuenta de la Asociación de Profesores de la Universidad de Antioquia en 2023 sin que se hicieran las debidas correcciones ortotipográficas, cuestión que se ha atendido con mayor rigor para la presente edición. Por otra parte, es importante no perder de vista la temporalidad del escrito en dos sentidos concretos: uno, que el tiempo presente de referencia del escrito es el siglo XX (1995) para efectos de traducción de otras temporalidades, como cuando solemos decir “el siglo pasado” (cuya alusión en este caso es al siglo XIX), y dos, que el libro está escrito según el vocabulario y la “jerga académica” crítica del momento, procedente de revistas como Foro, Análisis Político, Cien días Vistos por el CINEP, y muchos de los libros editados especialmente por Tercer Mundo, sin que esto signifique que los propios criterios académicos críticos y políticos del autor queden reducidos a estas referencias. 

Por último, quiero agradecer al profesor William Restrepo Riaza por sus pertinentes sugerencias metodológicas durante todo el proceso de investigación; al profesor Fredy Chaverra por la minuciosa revisión ortotipográfica y su motivación para la edición de este libro; y a la profesora y amiga Yesica Alejandra Guzmán Sossa, por su amable revisión del texto y sus sugerencias oportunas en la presentación de algunos tópicos importantes.

Introducción

Este libro se ocupa del estudio del Movimiento 19 de Abril (M-19) como tercera fuerza política alternativa al tradicional sistema bipartidista colombiano.

Desde una perspectiva de análisis que busca conjugar la historia con la política, el estudio pretende responder a los siguientes interrogantes: ¿Cuáles fueron los procesos socio-politicos que dieron origen al M-19 y a la AD-M19 como tercera fuerza política en la coyuntura de los años noventa del país? ¿Cuáles han sido los niveles de ruptura y continuidad con respecto a la tradición de las guerrillas en Colombia y a otras experiencias de terceras fuerzas políticas, registrados por el nuevo movimiento en su desarrollo político desde sus orígenes hasta su conformación? ¿De qué manera logró insertarse el M19 en el desarrollo reciente de la coyuntura política del país y convertirse en una tercera fuerza con posibilidades reales de relevar al bipartidismo tradicional de la dirección del Estado y la sociedad?

En otras palabras, este estudio tiene como propósitos, en primer lugar, comprender la manera como el gran vacío de representación política que fue dejando el sistema político bipartidista en Colombia durante el Frente Nacional se intentó llenar, en parte exitosamente, con la irrupción del M-19 como la tercera fuerza política de más reciente constitución, luego de las experiencias frustradas de la ANAPO y de las guerrillas en los años sesenta y setenta.

Por otra parte, se pretende establecer y analizar los factores y condiciones socio-políticas que hicieron posible la conversión de un movimiento armado en movimiento político en la coyuntura reciente de la política colombiana, lo cual representa una de las características sui generis de la AD-M19 que la distinguen de cualquier otra experiencia de tercera fuerza política conocida hasta entonces en el país.

Se trata de realizar el estudio de un movimiento político en presente, actuando, y con posibilidades reales de alterar el sistema político tradicional del país, una posibilidad histórica y política no vista desde el triunfo electoral de la Anapo en 1970.

Desde muchos lustros atrás el campo de la política en Colombia no había tenido tanta movilidad y dinámica como la que se presentó a partir de la reincorporación del M-19 a la vida civil y el amplio respaldo electoral obtenido en las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente. Lo más importante era que uno de los factores más dinámicos de la coyuntura política, y a veces el más dinámico, lo representaba precisamente este nuevo movimiento político en ciernes.

Es verdad que para finales de los ochenta y comienzo de los noventa el país estaba «al filo del caos», pero también lo es que en medio de la más grave crisis, la irrupción de la AD-M19 y todo el proceso de transformaciones político-institucionales que le acompañaban, enviaban señales para cultivar la esperanza.

Es cierto que hoy no hay lugar para un optimismo desmesurado, luego de conocida la experiencia frustrada de la AD-M19. Sin embargo, pienso que su estudio sigue siendo esencial, por un lado, para comprender mejor aquellas características que le han sido comunes con las experiencias de terceras fuerzas políticas en Colombia y establecer su especificidad en cuanto tal, y por otro, para reconocer los aportes más significativos a futuros proyectos políticos alternativos al bipartidismo en Colombia, tal como lo estaría representando el movimiento político de la Colombia Humana primero y del Pacto Histórico en la actualidad en cabeza del Presidente Gustavo Petro.

Las terceras fuerzas políticas en Colombia han sido hechos concretos que han estado presentes en la historia política colombiana, al lado del sistema político tradicional integrado por el bipartidismo liberal-conservador. Como fenómenos de la realidad política, las terceras fuerzas se han expresado en la formación de una gama relativamente amplia, irregular e intermitente, de movimientos políticos, por fuera de las estructuras políticas del sistema bipartidista tradicional.

La noción de tercera fuerza política en la que aquí me baso parte de una consideración general: con ella me refiero a toda tipo de movimiento, grupo o partido político dotado de un programa y una estructura organizativa propia, el cual realiza una práctica política independiente del sistema bipartidista. Se trata de una noción todavía muy general, que comprende todo el amplio espectro de movimientos políticos que se expresan por fuera de la estructura bipartidista.

En un nivel más específico, podemos decir que en el amplio espectro de las terceras fuerzas políticas pueden identificarse dos tipos diferenciados de estos movimientos: el primero, se refiere a aquellas terceras fuerzas cuya formación proviene de los sectores de base o subalternos de la sociedad y se configuran como formas de representación y de participación política de tales sectores, lo cual les confiere una composición social más definida, generalmente como movimientos o partidos de clase. En este campo se puede incluir el amplio mosaico de los partidos y movimientos denominados genéricamente como de izquierda (legal o armada) y algunas expresiones de los movimientos sociales que desarrollan una práctica política más o menos regular.

El segundo tipo de terceras fuerzas políticas, se refiere a aquellos movimientos o grupos políticos cuya formación proviene de sectores de las clases dominantes o medias del país que se constituyen como formas de representación política de tales sectores, ampliándola en sus posibilidades a otros grupos sociales, lo cual les confiere un carácter policlasista en su composición social. En la experiencia histórica, este segundo tipo de terceras fuerzas se han orignado como disidencias del bipartidismo a raíz de la precaria base de consenso a su interior en las coyunturas políticas en que se han originado. Por lo general, tales movimientos son de muy corta permanencia, tendiendo a ser integrados nuevamente al sistema bipartidista. ([3])

En este estudio inscribimos a la AD-M19 como una tercera fuerza del primer tipo, cuyos orígenes, como he dicho, se producen en los marcos del Frente Nacional.

Aquí parto de la premisa según la cual la creación del M19 y más tarde de la AD-M19 no es un acto sino un proceso político, sometido a regularidades de orden histórico pero también a potencialidades políticas sujetas a ser desarrolladas por los actores comprometidos en las diferentes coyunturas en que el nuevo movimiento político tomaba parte. Esto significa que el estudio es tributario de una visión histórica que se conjuga con una perspectiva política. O, para decirlo con Hugo Zemelman, se trata de un estudio en el que, “de la lógica que concibe el presente como culminación de un pasado se pasa a un presente leído desde un requerimiento de futuro»([4]).

De acuerdo con lo anterior, debo insistir en que si bien el estudio compromete un lectura histórica del proceso de configuración del M19, no se reduce, sin embargo, a esta única perspectiva. Los factores y elementos de orden histórico considerados en el estudio están determinados por su aporte y posibilidad de enriquecimiento a la comprensión de las coyunturas políticas de configuración y actuación del nuevo movimiento político (Ad-M19), a fin de identificar sus especificidades, sus cambios y sus perspectivas. Se trata, en ese sentido, de combinar la perspectiva histórica con la política.

El libro comprende cinco partes fundamentales ordenadas según el desarrollo histórico del movimiento político, desde sus orígenes hasta la coyuntura reciente del gobierno de César Gaviria T. Las antecede una reflexión teórico general sobre la naturaleza del Frente Nacional y la irrupción de múltiples experiencias de Terceras Fuerzas Políticas, titulada: «Las Terceras Fuerzas Políticas y el Frente Nacional».

En una primera parte, subtitulada: «Frustraciones y Lucha Armada. Origen y Primeros Desarrollos del M-19», se trata de mostrar analíticamente los procesos socio-políticos que dieron origen al Movimiento 19 de abril, la fundación misma del nuevo Movimiento, sus identidades ideológicas, políticas y programáticas y sus liderazgos.

En esta primera parte se trata de fundamentar la tesis según la cual el M-19 es el resultado de la convergencia de dos experiencias frustradas de terceras fuerzas políticas en Colombia durante el Frente Nacional: la experiencia de la acción política legal que despliega la Anapo en los marcos institucionales del régimen de coalición, de un lado, y la experiencia de los grupos guerrilleros desarrollada desde mediados de los años sesenta, por el otro.

En esta misma primera parte se desarrolla el capitulo, «Política  yGuerra. La Propaganda Armada y la Anapo», que corresponde a la primera etapa del accionar político militar del M-19. Una etapa en la cual la política primó sobre la guerra, aun si estratégicamente el criterio de la guerra era el que definía el proyecto político militar del nuevo movimiento.

En esta parte se pretende mostrar, por un lado, las características y el sentido de la acción militar del M-19, en un momento en el cual aún no se considera la confrontación armada como la forma principal de acción del movimiento, y por otro, busca indagar por el sentido de su articulación con el proyecto político de la Anapo.

La segunda parte del estudio se ocupa de la segunda etapa del M-19 “Guerra y Política. Lucha Armada y Protagonismo Político», en la cual se pretende mostrar la forma como se desplegó la estrategia y la concepción político-militar que identificó al M-19. Esta es, quizás, la etapa más extensa y compleja del movimiento armado, ya que durante ella es cuando cobra pleno vigor el desarrollo de su estrategia bifronte que lo distinguió de cualquier otro tipo de guerrillas en Colombia.

Se trata de mostrar en esta parte la forma como el M-19 conjugó a cabalidad el criterio de la guerra para producir resultados político, con el criterio de la política para legitimar la estrategia de la guerra. Pero también, se pretende indicar las contradicciones y adversidades que la aplicación de tal estrategia produjo en términos de perfilar un movimiento alternativo al sistema político bipartidista, a raíz de la equivocada lectura que hizo el movimiento armado de los gobiernos de Turbay y Betancur, en los que tal estrategia tuvo su aplicación.

Una parte tercera de la investigación se refiere a la tercera etapa del nuevo movimiento político, cuyo subtítulo ya es sugerente: «De la Guerra a la Política. De la Lucha Armada a la acción Política Legal». En esta parte se trata de indicar analíticamente los procesos socio-políticos que condujeron al M-19 y a otros grupos armados más tarde a replantear completamente la estrategia de la guerra y asumir su conversión en movimiento político legal, a través de un proceso de negociación con el gobierno de Virgilo Barco y César Gaviria.

En la parte quinta y última, «La AD-M19: Apogeo y Crisis de la tercera Fuerza Política», se pretende mostrar el proceso inmediato que dio origen a la Alianza Democrática teniendo como eje central el proceso de conversión política del M-19 y el papel que jugó como nuevo movimiento político en relación con la apertura y “modernización  democrática” de las instituciones, a través de la Asamblea Nacional Constituyente y la promulgación de la Constitución de 1991. Esta parte concluye con un acápite dedicado a mostrar los procesos que condujeron a la crisis del movimiento político y su virtual desaparición del escenario político nacional como tercera fuerza política.

En la parte de las conclusiones se formulan algunas hipótesis relacionadas con el fracaso de la AD-M19 como tercera fuerza política alterna al sistema bipartidista, así como también con respecto a las posibilidades de ensayar la creación de nuevos movimientos políticos diferentes a los partidos tradicionales a la luz de las experiencias realizadas y las potencialidades que encierra la actual coyuntura política del país.

El libro se cierra con un Epílogo breve: “Del M-19 a Petro Presidente”, en el que se intenta fundamentar la importancia y actualidad de esta mirada histórico-política de la guerrilla del M-19 para una comprensión y caracterización del perfil político-ideológico del gobierno el Presidente Petro.

Teniendo en cuenta el carácter exploratorio y analítico de la investigación en la que se basa este libro, debo decir que se realizó con base en fuentes primarias de segunda mano, esto es, en entrevistas y reportajes realizados a los diferentes líderes del movimiento armado en sus distintas etapas, las cuales han sido publicadas en algunos medios de comunicación y libros; también se recurrió a archivos de prensa y documentos propios del movimiento, así como a algunas entrevistas con dirigentes del mismo.

En la parte de análisis, se recurrió a fuentes de carácter secundario no relacionadas directamente con el movimiento político, pero que de todas maneras dieron luces sobre las diferentes coyunturas en las que éste se desarrolló.

En el momento de escribir los resultados de esta investigación, los estudios  sobre el M-19 eran  prácticamente inexistentes. Abundaba  una cantidad de escritos y análisis de diferentes géneros; reportajes periodísticos, artículos de prensa, ensayos cortos de revistas, etc, que se ocupaban del movimiento en diferentes etapas de su evolución política o sobre aspectos puntuales de determinadas coyunturas, especialmente en su condición de movimiento armado, esto es, como M-19; notándose una ausencia completa de estudios sistemáticos y globales sobre su proceso de constitución como tal y sobre todo acerca de su significado en relación con el sistema político colombiano.

Esta carencia se podría explicar por tratarse de un movimiento relativamente joven. Sin embargo, con la AD-M19 parece ocurrir también esa suerte de «negligencia» investigativa que ha marcado a los investigadores politico-sociales del país por los fenómenos irregulares del sistema político colombiano, como son las llamadas terceras fuerzas políticas.

Con la edición de este libro se pretende contribuir en algo la necesidad de llenar ese vacío.

I. Las Terceras Fuerzas Políticas y el Frente Nacional.

El sistema político colombiano ha estado formado históricamente por la presencia funcional del bipartidismo liberal-conservador en su papel de representación política de la población y de articulación del espacio de la sociedad civil y del Estado.

Desde sus orígenes, a mediados del siglo pasado, los partidos liberal y conservador han servido de base para el diseño y la organización de la dominación política a través de un régimen que históricamente ha articulado el funcionamiento de formas políticas correspondientes a la democracia formal con el ejercicio de formas autoritarias y violentas, excluyentes y clientelistas, de dominación política.

Como un caso excepcional en A. Latina, el sistema bipartidista colombiano creado en el siglo XIX se prolonga hasta el siglo XX. Esta continuidad se explica por la capacidad que ha tenido el bipartidismo para monopolizar el sistema de representaciones políticas por medio de la difusión y arraigo entre la sociedad colombiana de una fuerte ideología adscriptiva que lo convirtió, por lo menos hasta el Frente Nacional, en dos subculturas cuasirreligiosas. Pero así mismo, tal continuidad se ha logrado gracias a la exclusión de otras fuerzas o movimientos políticos diferentes al sistema bipartidista, especialmente a partir de la instauración del Frente Nacional.

Sin embargo, si esta continuidad por más de siglo y medio de existencia pudo ser tomada como señal de fortaleza y éxito, también es cierto que ella se ha dado con grandes irregularidades. Tales irregularidades se refieren a las épocas de violencia o de guerra civil protagonizadas por los dos partidos durante varios períodos de la historia política colombiana. Pero sobre todo, se refieren a su no completa capacidad de representación política de la población, la cual ha dado lugar a la formación de fuerzas o movimientos políticos por fuera de su mediación y de sus estructuras políticas.

Ciertamente, puede decirse que los partidos liberal y conservador hasta la implantación del Frente Nacional, colmaban en buena medida las necesidades de representación e identidad políticas de los diferentes grupos y clases sociales. Esto hacía de las terceras fuerzas, como vías alternas de representación política, hechos realmente ocasionales, de muy rara o excepcional ocurrencia y de duración efímera, terminando muy pronto en el fracaso en cuanto tales.

Con la implantación del Frente Nacional, por el contrario, no sólo se produce un cambio sustancial en el régimen político y en la tradicional articulación política de la sociedad y el Estado, sino sobre todo en la capacidad de representación política del bipartidismo con respecto a la población. Esta transformación tuvo una importancia fundamental en relación con las terceras fuerzas políticas. Sobre todo por que contribuyó a su proliferación.

AI acentuarse la crisis de representatividad del bipartidismo con el Frente Nacional y al no contar dentro del sistema político con formas y/o mecanismos de compensación e integración sociopolítica, tal como pudo ocurrir con anterioridad, el vacío de representación y de participación política de amplios sectores de la población favorecía ostensiblemente la ocurrencia y configuración de movimientos políticos diferentes o por fuera de la estructura bipartidista tradicional, es decir, de movimientos políticos terceristas.

Si, como se ha dicho, el fenómeno de las terceras fuerzas políticas no es reciente en Colombia, podemos afirmar, sin embargo, que durante el Frente Nacional es cuando adquiere una aparición y un desarrollo profuso y recurrente, nunca antes experimentado por la historia política colombiana. Muchas de esas terceras fuerzas políticas han logrado estabilizarse y perdurar desde entonces hasta hoy, aunque con un desempeño marginal en la vida política nacional.

En este estudio partimos de la tesis general, según la cual el M-19 y más tarde la AD-M19 es producto del Frente Nacional, aun si la constitución formal de esta última como nuevo movimiento político se produce por fuera de los marcos institucionales y políticos que rigieron el régimen de coalición bipartidista.

Las raíces, antecedentes y referentes de identidad política y cultural de los grupos e individuos que convergen en la creación del M-19 y de la AD-M19 tuvieron su formación granítica durante el Frente Nacional. Su razón de ser como movimiento político responde a la necesidad de algunos sectores de la ciudadanía por dotarse de instrumentos de representación y acción política propios y llenar el vacío de representación política progresivamente dejado por el bipartidismo.

Se trataba de una generación de jóvenes para la que la formación bipartidista no representaba sus ideales de sociedad y de Estado, la cual se siente, además, excluida del ejercicio de la política en razón a la naturaleza restringida y excluyente de las instituciones del régimen de coalición bipartidista.

Si bien con el gobierno de Virgilio Barco V. (1986-1990) se inició el desmonte de la «convivencia burocrática» de los dos partidos, el esquema de «gobierno de partido, partido de oposición» con el que pretendió ser sustituida no compensaba las demandas de participación política de amplios sectores de la ciudadanía.

En primer lugar, por la prolongada crisis de representatividad política que encarnan los dos partidos liberal-conservador, pero sobre todo porque no abría la posibilidad a que otras fuerzas diferentes al bipartidismo participaran en la acción política puesto que el esquema mismo se diseñó bajo el supuesto del monopolio legítimo de los dos partidos de la representación política de la ciudadanía. En este sentido, el partido liberal haría las veces de partido de gobierno, mientras el partido conservador, a su turno, haría las veces de partido de oposición o a la inversa según los resultados electorales. Elespíritu del régimen de coalición seguía incólume.

La instauración del Frente Nacional se explica, ante todo, por los desafíos que deben afrontar las clases dominantes en este período, tras el colapso institucional de los años cincuenta. Crisis política donde se conjugaron tres rupturas del orden político tradicional: de una parte, el «derrumbe parcial del Estado», según la fórmula del historiador Paul Oquist; en segundo término, la pérdida provisional del control bipartidista del Estado cuando Rojas Pinilla decide en 1955 impulsara su proyecto autonomista; y finalmente, la pérdida del monopolio de las armas por parte de la institución militar.[5]

El pacto político que dio origen al Frente Nacional consistió en un acuerdo entre los dos partidos, el liberal y conservador, y su propósito inmediato fue el de reestablecer la estabilidad politico- institucional del régimen político seriamente amenazada luego del período de la violencia sectaria de los dos partidos y el fracaso de la experiencia bipartidista de la dictadura del general Rojas Pinilla. De esta manera se buscaba poner fin a la violencia partidista y garantizar la estabilidad y continuidad del régimen bipartidista.

El pacto frentenacionalista y la reforma constitucional a que condujo, fueron aprobados plebiscitariamente en diciembre de 1957. El contenido básico de este pacto político consistió en el usufructo paritario -bipartidista- de todos los órganos del Poder público: tanto del poder ejecutivo, como legislativo y judicial. Se instituyó lo que los analistas llaman «un régimen de cohabitación burocrática».

Una de las características más importantes del Frente Nacional fue la de haber establecido un régimen de democracia restringida, en el que el juego político estuvo circunscrito a la participación del bipartidismo liberal-conservador. Como régimen de coalición bipartidista que restringía el acceso a las posiciones del Estado sólo a los partidos tradicionales, fue manifiestamente un régimen excluyente y antidemocrático, pues cerraba la posibilidad a que otras fuerzas, partidos o movimientos políticos diferentes al bipartidismo accedieran legítimamente al ejercicio de la política.

Desde el punto de vista del sistema político, el Frente Nacional significó la neutralización de la lucha partidista por el poder con el propósito de lograr tanto la estabilidad del régimen político como también la continuidad del sistema bipartidista. Puede decirse, de esta manera, que con el pacto bipartidista, las clases dominantes lograban finalmente la unidad en su representación política. Pero a un costo muy alto. Sobre todo, no pudo evitar ni la exclusión ni la pérdida progresiva de la representatividad popular. De esta manera, no solo bloqueó la inserción de nuevos actores en el sistema político sino que también amplió la brecha entre la esfera política y el resto de la sociedad.

De acuerdo con lo anterior, no parece convincente la insistencia de algunos analistas en desestimar el carácter autoritario y excluyente del régimen de coalición. En realidad, no es fácil desde esa óptica explicar por qué amplios sectores de la población no encontraban en los partidos tradicionales referentes de identidad política y cultural, ni explicar, así mismo, la proliferación y/o fortalecimiento de otras formas de manifestación política y social por fuera de las estructuras del sistema político tradicional.

Una de las consecuencias más importantes del Frente Nacional sobre el sistema político consistió precisamente en que por la naturaleza paritaria-burocrática del pacto se borraron progresivamente las fronteras programáticas e ideológicas entre los partidos. Lo cual condujo a que en igual medida se desarrollara un proceso de integración y de desideologización partidista sobre la base del consenso relativo que sintetizaba el propio pacto politico y la «cohabitación burocrática».

Esto tuvo un impacto considerable sobre los referentes político-culturales de identidad entre la población, así como sobre la capacidad de representación política del bipartidismo, que con el tiempo se fue agravando ostensiblemente. Al quitarle el componente sectario y pasional a la confrontación partidista y al quedar delimitada la participación paritaria en el control y conducción del Estado, los partidos perdieron fuerza de atracción como factores aglutinantes de la lucha política y de articulación socio-cultural, lo cual condujo a que la política misma sufriera un proceso de desarraigo entre la sociedad colombiana.

Como bien lo observa Francisco Leal Buitrago: «Este compartir permanente y mancomunado del poder burocrático fue lo que inició el lento proceso ya descrito de despolitización dentro de la ideología de pertenencia a una u otra de las colectividades. En efecto el desarraigo bipartidista que fue dándose, especialmente en las nuevas generaciones, se enfrentaba, a medida que avanzaba, a la protuberancia del monopolio burocrático constitucional”. [6]

La restricción de la política al control burocrático del Estado trajo como consecuencia, además, la instauración del clientelismo como forma dominante de ejercicio de la política y por consiguiente como mecanismo predilecto de articulación del bipartidismo con determinados sectores de la población. Las lealtades partidistas fueron progresivamente suplantadas por las lealtades burocráticas.

Los costos de la unidad política de las clases dominantes lograda através del Frente Nacional, se expresaban en una pérdida creciente de identidad bipartidista por parte de la ciudadanía. Esta crisis de representatividad del bipartidismo estuvo articulada, además, a la necesidad que sentían algunos sectores de la población por establecer nuevas formas de representación y de participación política al margen de los partidos tradicionales.

Democracia restringida que significaba exclusión de otras fuerzas del campo de acción política y crisis progresiva de representación política del bipartidismo, constituyen el transfondo desde el cual se erigen las terceras fuerzas políticas durante el período del Frente Nacional.

Algunos de tales movimientos políticos, los más destacados, como el MRL y la disidencia conservadora de Jorge Leyva en los inicios del Frente Nacional, no alcanzaron realmente a constituirse en terceras fuerzas y pudieron conservar el carácter de disidencias partidistas, liberal el primero y conservadora la segunda, para ser cooptados nuevamente por sus partidos de origen.

El carácter contestatario y de réplica al pacto frentenacionalista y a la oficialidad bipartidista que ambas disidencias encarnaban, si bien lograron capitalizar en sus comienzos el sentimiento antifrentenacional de franjas importantes del electorado colombiano, sus alcances políticos limitados no les permitió trascender el esquema bipartidista, integrándose nuevamente a él.

Por el contrario, otros movimientos políticos lograron constituirse como terceras fuerzas políticas, esto es, separados orgánica y programáticamente del sistema bipartidista. Desde el campo de la acción politica legal (aparte de la existencia ya histórica del partido comunista), la más importante de ellas fue, sin duda, la Alianza Nacional Popular -ANAPO-, cuyos orígenes se remontan a los ensayos fallidos de movimientos políticos intentados por el general Rojas Pinilla desde el gobierno, primero a través del Movimiento de Acción Nacional y luego con la “Tercera Fuerza».

En el contexto de crisis del sistema bipartidista, ANAPO se constituyó en el aglutinante político más importante ocurrido durante el Frente Nacional. Su capacidad de representación política provenía de su perfil claramente antifrentenacionalista y de su capacidad para articular políticamente el descontento social producido por la gestión socio-económica de los gobiernos bipartidistas, intentando reinscribir nuevamente lo social en lo político. Su fuerza político-electoral adquirida especialmente en el último lustro de la década del 60, se constituyó en una seria amenaza para el sistema político tradicional. En las elecciones presidenciales de 1970 colocaba en entredicho no sólo la legitimidad ya erosionada del establecimiento sino también su misma legalidad.

Sin embargo,  el fracaso electoral de ANAPO luego de las elecciones del 19 de abril de 1970 produjo entre sus seguidores sentimientos de frustración y escepticismo y en su dirección crisis intestinas cada vez más agudas que la fueron minando en su fortaleza hasta terminar desmoronándose como alternativa política consistente al sistema bipartidista.

Otras expresiones e intentos de constitución de terceras fuerzas políticas durante el Frente Nacional, son las provenientes de las diferentes experiencias realizadas por la izquierda, las cuales configuran un mosaico bastante amplio. La casi totalidad de ellas están asociadas a proyectos político-militares de acción guerrillera, cuyos orígenes se remontan a los reductos guerrilleros de la Violencia o a ensayos realizados por sectores de jóvenes universitarios y de trabajadores fuertemente radicalizados e influenciados por el ejemplo de las revoluciones china y cubana.

Algunas de las más importantes de estas experiencias son las de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC-, creadas en julio de 1964 luego del reagrupamiento guerrillero del Bloque Sur, manteniendo desde entonces vínculos políticos muy estrechos con el Partido Comunista.

El mismo año se creó el Ejercito de Liberación Nacional -ELN- con la participación de grupos juveniles universitarios radicalizados, al cual ingresa posteriormente el sacerdote Camilo Torres R., quien previamente, en 1965, había ensayado infructuosamente disputar el monopolio político al bipartidismo con la creación del Frente Unido.

Producto de una escisión con el PCC, liderada por Pedro Vásquez Rendón y Pedro León Arboleda, en 1965 se fundó el Partido Comunista de Colombia Marxista Leninista (PCC-M-L), creando posteriormente el Ejército Popular de Liberación (EPL) como su brazo armado.

Ya en 1959, el PC habla sufrido la escisión liderada por Antonio Larrota, quien daría origen al MOEC como proyecto armado. En 1968, surge el MOIR como proyecto político legal, producto de una escisión del MOEC liderada por Francisco Mosquera. El PC y el MOIR ensayarían coaliciones políticas con sectores y personalidades políticas provenientes del bipartidismo y de la ANAPO, como la UNO y el FUP. En los años 70 diversos grupos de jóvenes universitarios darían origen a la corriente socialista que se expresaba en varios movimientos como el Bloque Socialista, la URS, el PST y el PSR.

El carácter excluyente del régimen político frentenacionalista que, como se indicó arriba, obstruía cualquier posibilidad de acción política que se desarrollara por fuera de los marcos bipartidistas, más la tradición de violencia política del país y el distorsionado impacto de las revoluciones triunfantes por la vía armada, frustrarían tempranamente la posibilidad para que desde la izquierda se configurara una alternativa política consistente al régimen bipartidista del Frente Nacional.

El «enguerrillamiento de la política» que la izquierda practicó durante el régimen de coalición, la colocó en una posición de ghetto y marginal a los conflictos políticos fundamentales ocurridos durante el período. Este carácter marginal de la política se vio agravado, además, por su acendrado dogmatismo, su precario conocimiento de la realidad del país y su tendencia al fraccionamiento extremo. La vía de las armas ha sido hasta ahora otra experiencia frustrada de terceras fuerzas políticas en Colombia.

Una de las tesis centrales que pretende fundamentar este estudio consiste precisamente en mostrar la experiencia del Movimiento 19 de Abril, primero, y la de la AD-M19 más tarde, como la síntesis y desarrollo de las dos vías ensayadas hasta ahora para conformar movimientos de terceras fuerzas políticas alternativos al sistema político bipartidista.

La conjugación de la vía política con la vía armada en la experiencia del M-19, y la de la vía política como sustituto de la guerra en la AD-M19, a pesar de su fracaso, se constituyeron en el desafío político más importante que ha afrontado el sistema bipartidista en los últimos veinte años.

Desde la fundación del M-19 en las postrimerías del Frente Nacional, hasta hoy, podemos decir que la suerte del proceso político de configuración de la AD-M-19, ha estado estrechamente ligada a la evolución del régimen político; mientras, de otra parte, desde su irrupción como movimiento armado, ningún otro movimiento político ha desatado tantas reacciones y reacomodos en el régimen político colombiano como la AD-M19. Después de la experiencia del M19 es difícil pensar en términos de una consolidación democrática en Colombia, sin la irrupción y consolidación de una nueva tercera fuerza política, realmente alternativa al régimen bipartidista tradicional.


[1] Me he referido en particular al simbolismo de la espada de Simón Bolívar por razones evidentes, pero en realidad la ceremonia de posesión presidencial (una puesta en escena en sí misma simbólica), estuvo cargada de otras simbologías referidas al M-19, como por ejemplo, el ceñimiento de la banda presidencial a Gustavo Petro como nuevo presidente de Colombia por parte de María José Pizarro, hija del último comandante de esa guerrilla, Carlos Pizarro León-Gómez, asesinado por fuerzas contrainsurgentes de dentro y fuera del establecimiento luego de firmar un acuerdo de paz con el gobierno de turno, quien además lucía una destacada esfinge de su padre estampada a su espalda, convirtiéndose en unos de los momentos más conmovedores del acto protocolario; el discurso presidencial, cargado de referencias emblemáticas a la gramática discursiva del M-19, como “la unidad latinoamericana”, “el pueblo”, “la nación”, “la democratización”, “el diálogo nacional”. Para los más exigentes sólo faltó en esta ceremonia el nombre de Jaime Báteman Cayón y la entrega de la cachucha de guerra del Comandante 1, Rosemberg Pabón, al nuevo presidente, entrega que ya había hecho años atrás al “presidente de la guerra”, Alvaro Uribe Vélez, en un acto aparente de capitulación política.

[2] K. Marx. Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. Varis Ediciones.

[3] Cfr. Nieto L., Eduardo y Jaime, Las Terceras Fuerzas Políticas en Colombia, Tesis de Grado, Departamento de Sociología, Universidad de Antioquia, Medellín, 1987.

[4] I. Zemelman, Hugo. De la Historia a la Política. La experiencia de América Latina,Siglo XXI-UNU, México, 1989.

[5] Pizarro L., Eduardo, «Democracia Restringida y desinstitucionalización Politica», en: Pedro Medellín Torres compilador): La Reforma del Estado en América Latina,Fescol.

[6] Leal Buitrago Francisco, Estado y Política en Colombia, Cerec- Siglo XXI, Bogotá, 1984.


Jaime Rafael Nieto López

El pasado 21 de abril Jaime Rafael Nieto López, profesor jubilado de la Universidad de Antioquia, se disponía a presentar su libro El M-19: de la guerra a la política en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, cuando le informaron que el alcalde de esa ciudad, Federico Gutiérrez, había ordenado la cancelación del evento:

Ante este mensaje, Jaime Rafael Nieto dialogó con las personas que estaban listas en la Biblioteca para escucharlo, y acordaron que la presentación se haría, como estaba previsto. Es decir, la orden del alcalde no fue acatada y, al contrario, generó una oleada de repudio, frente a este acto de censura que motivó un editorial de El Espectador, distintas columnas de opinión y una amplia entrevista en El Armadillo.

El profesor Jaime Rafael Nieto es autor y coautor de libros y artículos sobre el conflicto armado y los procesos de paz en Colombia; la violencia en Medellín; resistencia, actores colectivos, democracia y ciudadanía; pensamiento social y ciencias sociales latinoamericanas, y sobre las terceras fuerzas políticas en Colombia.

El M-19. De la guerra a la política

Jaime Rafael Nieto López

Ediciones Desde Abajo

Bogotá

Marzo de 2026

256 páginas

ISBN 978-628-7694-32-3

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  • San Pelayo, Córdoba, 1958. Sociólogo de la Universidad de Antioquia; Magíster en Ciencia Política del Instituto de Estudios Políticos de la misma Universidad; Doctor en Pensamiento Político, Democracia y Ciudadanía de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla-España; ha sido Profesor Titular e investigador del Departamento de Sociología de la Universidad de Antioquia por más de 30 años; es miembro del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe –CELYC. Autor, entre otras obras, de Resistencia. Capturas y Fugas del Poder (Ediciones Desde Abajo, 2008) y Resistencia Civil No Armada. La Voz y la Fuga de las Comunidades Urbanas (Hombre Nuevo editores y Universidad de Antioquia, 2013).

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