Diez películas se disputan esta noche el Premio de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, más conocido como “los Óscar”, y entre todas las nominadas faltó una que tiene todo para estar en la lista: Nuremberg, dirigida por James Vanderbilt. Cuando escribo que “tiene todo” es que es el cóctel de ingredientes que le gustan a quienes votan: tiene dos actores ganadores del Óscar enfrentándose (Rami Malek como el psicólogo Douglas Kelly y Russell Crowe como el reichsjägermeister Hermann Göring), está basada en hechos reales donde los estadounidenses son héroes y se estrenó en el 70 aniversario de los históricos juicios que sirvieron como base para establecer la jurisprudencia internacional sobre crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.
Además, y siguiendo la narrativa conspirativa de Hollywood, tiene un ingrediente súper poderoso y atractivo para la crítica: el Holocausto nazi. Los judíos son víctimas y deben ser reparados. Basta hacer una breve revisión sobre las películas nominadas en años anteriores y el tema aparece: El brutalista (2024), Zona de interés (2023), Jojo Rabbit (2019), El fotógrafo de Mauthausen (2018), El hijo de Saul (2015), El niño con el pijama de rayas (2008), El pianista (2002), La vida es bella (1997), La lista de Schindler (1993). Varias de la lista se alzaron con la estatuilla dorada. Entonces, ¿qué pasó con Nuremberg, a pesar de que portales como Rotten Tomatoes le dio una calificación de 71%, el Hollywood Reporter le dio 90/100, el Washington Post le puso 75/100 y otros medios con expertos en cine le dieron calificaciones sobresalientes?
La explicación creo que va más allá de la interpretación de Malek (pudo ser mejor), que se pudo ahondar más en la psiquis de Göring y demás líderes nazis (que es el eje del libro de Kelly 22 celdas en Nuremberg) o que faltó distribución (recaudó 57 millones de dólares en taquilla). Creo que el fracaso de la película se debe a que fue víctima de la política global contemporánea.
El planeta está convulsionando. Hay guerras en varias regiones del mundo, los líderes globales dan ultimátum a sus aliados para que tomen partido por el conflicto global y los ciudadanos nos estamos inclinando hacia la derecha y el fascismo porque el miedo nos está llevando a elegir la seguridad sobre la libertad. No hay tiempo para moralejas y Nuremberg plantea que las leyes están para evitar que se cometan y repitan atrocidades.
Hoy vemos en las noticias al presidente estadounidense Donald Trump pasarse por la faja las normas internacionales (y las de su país) para bombardear Irán e invadir Venezuela para hacerse con su petróleo. Al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, justificar los bombardeos a Palestina como “choque entre barbarie y civilización”. Y la Rusia de Vladimir Putin invadió a Georgia en 2008, a Crimea en 2014 y a Ucrania en 2022 y las Naciones Unidas – que deben ejercer el Derecho Internacional y aplicar sanciones – muestran que solo son un ineficiente aparato burocrático. Los buenos de las películas hoy son los malos. Los judíos son quienes ahora deshumanizan pueblos, los encierran en guetos a y los bombardean. Las leyes son ficción y ya pocos van al cine. “La fotografía es verdad y el cine es una verdad 24 veces por segundo”, dijo el director de cine Jean-Luc Godard, y Nuremberg nos cuenta esa verdad que olvidamos. O que no queremos recordar.
“La próxima generación está buscando a sus propios líderes y lucharán para proteger sus propios intereses nacionales. Así que ya pueden coger su moralidad, su arrepentimiento y su democracia y vendérselas a otro”. La frase la pudo haber dicho Trump. O Netanyahu. O Putin. O Mojtaba Khamenei, el nuevo ayatolá iraní. O cualquiera de esos líderes de ultraderecha que están surgiendo por el mundo y que usan las redes sociales para divulgar sus discursos disociadores, temerarios e incendiarios. Y están sus seguidores fanáticos para replicarlos y multiplicar su alcance. Pero quien la dijo fue Göring; antes monstruo, hoy, profeta.