Creer ser, parecer y actuar

Casi ninguna persona quiere ser vista o clasificada como de estrato bajo, o decir que está en una situación económica muy mala. Excepto cuando percibe que puede recibir ventajas directas de ello, como auxilios, subsidios o la asignación de casa.
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Lo que creemos ser nosotros mismos puede importar más que lo que somos, y determinar nuestras opiniones y decisiones. En su columna de La República, el exministro Alberto Carrasquilla cita un estudio de Latinobarómetro, de 2024, en el que el 45% de la gente que se ubica a sí misma como de clase “baja” es calificada como de nivel socioeconómico “bueno” (el 30,7%) o “muy bueno” (14,7%), por un observador. Es decir, que la percepción subjetiva acerca de su nivel socioeconómico es muy diferente (peor) de lo que los demás ven en su realidad. Claro está que en el estudio las personas de Mala y Muy Mala situación económica “objetiva” (clasificados por el encuestador) solo suman el 6% de los encuestados (5,34 y 0,65, respectivamente); o sea que se trata de un estudio hecho con una muestra de muy pocas personas de nivel socioeconómico bajo (solo 6%: “se desaparecieron” los pobres). Mientras que el 63% de los encuestados fueron clasificados por el observador en Muy Buena (19,8) o Buena (42,7) situación económica.

Por casos como este hay que recordar siempre que los datos pueden ser equívocos, mal recolectados, mal presentaos o sesgados, así sean datos. Y que las condiciones del muestreo o la naturaleza de los indicadores utilizados son definitivas para interpretar y ponderar el tipo de conclusiones que nos presentan, en especial los economistas y los gobernantes. Si uno realiza este tipo de estudio solo en las grandes ciudades y con personas de estratos medios hacia arriba, logrará resultados muy diferentes a los que se encuentran cuando se incluyen personas de diversas ingresos y del hoy minoritario pero importante país rural.

Otros factores importantes en este tipo de estudios son las variables sociopsicológicas o psicosociales vinculadas con las apreciaciones y respuestas que damos las personas a encuestas y estudios de carácter social. Cuando nos indagan por la percepción de nuestras condiciones o calidad de vida, seguramente nuestras respuestas están relacionadas con nuestro criterio subjetivo, o con el punto de comparación que cada quien tenga acerca de su realidad. Lo común es que nadie está satisfecho con su situación presente, al punto que incluso las personas que tienen muy buenos ingresos pueden querer estar aún mejor; con mayor razón las de estratos o ingresos medios y bajos, que —más que aspirar a— necesitan ganar más.

El estudio citado concluye que las diferencias en la opinión sobre unos temas políticos (la justicia social) son mucho mayores entre quienes se sienten diferentes en su nivel socioeconómico que entre quienes realmente difieren en ese indicador; los que se creen más pobres sin serlo piensan parecido a los que lo son. Como si pesara más el autoconcepto y el prejuicio que la realidad “objetiva” (la que ven los otros); al menos en los estratos medios y altos que primaron entre los encuestados y observados.

A pesar de las limitaciones anotadas, es válida la relación a que se alude: por aspiración, por arribismo, por los modelos que las personas tenemos, o por las pocas oportunidades de mejora o ascenso que uno perciba, hay mucha relación entre  variables psicosociales y los datos y análisis socioeconómicos que se recogen y se reportan, en especial si se obtienen por auto-reporte y por la opinión de otros. Podemos percibirnos o clasificarnos en unas categorías que tienen diferentes significados para las comunidades que para los especialistas. También, la autopercepción y la autoevaluación pueden diferir de la percepción de los demás, o de la evaluación que de uno hagan los profesionales. Y según la forma como uno se evalúe serán las evaluaciones (opiniones) que uno tiene sobre el entorno y sus expectativas acerca la vida futura, propia o del país.

Paradójicamente, casi ninguna persona quiere ser vista o clasificada como de estrato bajo, o decir que está en una situación económica muy mala. Excepto cuando percibe que puede recibir ventajas directas de ello, como auxilios, subsidios o la asignación de casa propia, por ejemplo. En forma similar, la satisfacción y normalización de las condiciones de vida juega un rol importante en el día a día: se acepta lo que tenemos y lo que somos, pero se busca cambiarlo o mejorarlo. En la película española “El disputado voto del Sr. Cayo” (de 1986), unos activistas en la primera campaña política después de la muerte de Franco, llegan a una pequeña aldea y le dicen a una de las pocas personas que allí habita que son “del partido del pueblo” y que van a defender a “los pobres”. Y el aldeano les contesta que él no es pobre, y que “de necesitar, a veces sí quisiera que lloviera un poco más”. Con su casa y su pequeña parcela obtenía lo que necesitaba para vivir, y vivía con lo que tenía. Sus circunstancias y la valoración que de ellas hacía no era la misma que la que hacían los citadinos, políticamente formados.

Estar conforme con lo que se posee no tiene que conducir a la pasividad, pero la realidad de cada persona le va dando una línea de comparación y un tipo de objetivos de vida.

Y cerramos con unas preguntas sobre los operativos de seguridad de estos días. Ante las alteraciones al orden público y las acciones violentas registradas estas semanas, hemos visto al presidente De la Espriella en el rol de “sherif del pueblo”, con pistola al cinto recorriendo algunas zonas de dos ciudades. Por eso nos preguntamos: ¿Será que esa presencia del presidente armado agrega algo de seguridad a las noches de Santa Marta y Cali; o más bien es un estorbo porque, además de patrullar, lo tienen que cuidar? ¿Y si visitara desarmado a los policías y militares que patrullan -como lo hace un presidente- sería menos eficiente el patrullaje? (Parece un caso de sacarle jugo a la inseguridad, para promover el culto a la personalidad).

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  • Creer ser, parecer y actuar

    Psicólogo, comunicador-periodista y magister en comunicación. Exprofesor y exdirectivo en la Universidad de Manizales. Experiencia en radio informativa, periodismo científico y columnista. Corriendo a des-atrasarme de lo que no había hecho antes.

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