Polvo en el viento

Muchas familias dejaron el mundo juntas, unidas y abrazadas. En medio del terror, incluso hubo personas que se unieron a su mascota en un último gesto de afecto.
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Polvo en el viento

“I close my eyes, only for a moment, and the moment’s gone
All my dreams pass before my eyes, a curiosity
Dust in the wind
All they are is dust in the wind”

Lo primero que me hizo comprender la gravedad de lo que había sucedido, fue la llamada, por demás providencial, de mi tío desde Cali. Su voz siempre serena y racional ahora estaba genuinamente afectada por un profundo pánico. Nunca lo había escuchado hablar así. Me dijo que, en Manizales, igual que en Cali, el terremoto había sido demoledor.

Lo segundo fue la lucidez de una compañera de ese inolvidable primer día de trabajo. Ella me señaló la polvareda del centro y la torre inclinada de la Catedral. La evidencia de un relámpago de destrucción que todavía no veo de cerca con mis propios ojos y que apenas empieza a transitar las primeras etapas del duelo.

Últimamente he pensado en el destino como el popular juego del tingo tango. Esa azarosa dinámica que parece pensada como una terapia de choque para las mentes ansiosas. Un solo segundo basta para “salvarse” de la penitencia, y ese mismo segundo es suficiente para mirarla, aún temeroso, desde la barrera.

Cada día tomamos decisiones que nos hacen vencedores o perdedores en el indescifrable juego del destino. Elecciones absolutamente inconscientes de lo que definen y determinan. El oficinista que apaga la alarma para dormir cinco minutos más, el escolar que, apurado, decide no devolverse por la lonchera olvidada, la madre que prescinde del momento del café de la mañana porque debe ir a comprar la leche, el adolescente que va a conversar a la habitación de su hermana antes de tomar una ducha. Ni el individuo más aprensivo está esperando que una decisión como esa cambie definitivamente el rumbo de su vida, aunque sepa que no todo está bajo su control, que lo excepcional ocurre, y que las excepciones también configuran la realidad.

Polvo en el viento
Catedral de Manizales. Crédito: Luisa María Aranda Correa.

Dice Norbert Elías precisamente en su libro “La soledad de los moribundos”, que el momento más solitario y personal que vive un ser humano es el instante de su muerte. Sin embargo, al morir junto a un ser querido, se comparte algo de esa soledad. El 10 de agosto de 2026, y los días subsiguientes, muchas familias dejaron el mundo juntas, unidas y abrazadas. En medio del terror, incluso hubo personas que se unieron a su mascota en un último gesto de afecto. Ese momento de infortunio común, el soplo de tiempo en el que cerraron los ojos y todo se había ido, los inmortalizó en una circunstancia también excepcional, la de compartir el misterio supremo, el único problema filosófico verdadero y real.

Ahora mismo observo la desdicha desde la barrera y me pregunto cuál fue la acción o la omisión inconsciente que me mantuvo con vida, no solo a mí, sino a mi familia. También quiero entender por qué esos “tiempos perfectos de Dios”, en los que confían tantos creyentes, transcurren de formas tan diferentes para todos. No logro dejar de pensar en todo eso, y creo que no lo lograré en mucho tiempo aunque me resulte pavoroso Si es bajo los tiempos perfectos de Dios que se manipulan los hilos indescifrables del azar, no queda otra cosa que esperar a que esos hilos se entrecrucen o se rompan de maneras que siempre consideraremos caprichosas e imposibles.

“Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo,

Y apenado por no poder tomar los dos

Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie

Mirando uno de ellos tan lejos como pude

Hasta donde se perdía en la espesura;

Entonces tomé el otro,

Imparcialmente,

Y habiendo tenido quizás la elección acertada

Pues era tupido y requería uso;

Aunque en cuanto lo que vi allí

Hubiera elegido cualquiera de los dos.

Y ambos esa mañana yacían igualmente,

¡Oh, había guardado aquel primero para otro día!

Aun sabiendo el modo en que las cosas

Siguen adelante,

Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.

Debo estar diciendo esto con un suspiro

De aquí a la eternidad:

Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,

Yo tomé el menos transitado,

Y eso toda la diferencia”

Robert Frost


 ¿Usted o alguien que conoce necesita acompañamiento psicosocial luego del terremoto? Comuníquese al teléfono 123, opción 3, línea habilitada por la Alcaldía de Manizales.


Polvo en el viento

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