Deseo vs. realidad

Me parecería lo máximo que el gobierno Petro no hubiera cometido tantos errores, con lo que le facilitó las cosas a la derecha. Pero AdelaE ganó a pesar del deseo de casi la mitad de los votantes.
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Debo empezar por declarar que me parece un cuatrienio desafortunado el que empezamos ayer, luego de posesionado el nuevo presidente de la República (AdelaE). Pero esa convicción no me releva de recordar que uno puede llegar a ver lo que quiere ver, mientras que los demás ven otra cosa que ellos estiman es lo notorio. Sucede especialmente cuando una figura no es clara o ante un asunto dudoso sobre el que no poseemos suficiente información. Como cuando miramos a las nubes y buscamos formas de objetos en ellas: seleccionamos partes, completamos la imagen, damos forma a lo que no la tiene originalmente, y llegamos a delinear a una figura que se parece a algo que esperamos encontrar; entonces parece como si allí estuviera. También ocurre cuando estamos empecinados en algo y creemos ver señales de ello en donde quiera que miramos: le encontramos —le damos— una forma “adecuada” a lo que percibimos. En parte sucede por lo que se denomina sesgo de confirmación, y es frecuente cuando se está seguro de la ocurrencia de algún fenómeno o cuando se defiende una hipótesis: tratamos de demostrarla a partir de señales o pistas que puedan ser lógicas, pero que no necesariamente son verdaderas.

Por todo esto, debo expresar mi percepción y opinión acerca de la aparente prueba de fraude electoral que el hasta ayer presidente Gustavo Petro afirma tener. Le mostraron esta semana unos datos, una perspectiva y una parte de la realidad que cuadra perfectamente con lo que él ha venido pregonando y tratando de demostrar sin pruebas concretas, hasta ahora. Lo que él considera que es la “prueba reina” no parece serlo, pues hay una explicación para lo que a él y a su experto les parece imposible que suceda en un proceso electoral entre humanos —según expresó—, y que por ello supone que se trata de un fraude hecho con un software: que en la mayoría de las mesas de números menores (como la 1, 2, y cercanas) de todo el país tienda a haber mayor número de votos por el candidato De la Espriella, mientras que en las de números superiores haya mayor votación por Cepeda. Es decir, que haya una actitud más de derecha (o conservadora) en las mesas de números menores y más progresismo (o actitud de izquierda) en las de numeración mayor.

Pues resulta que esto es apenas lógico y tiene antecedentes, específicamente en la segunda vuelta de la elección presidencial. En la mesa número uno de todos los puestos de votación aparecen las cédulas de los ciudadanos de mayores edades, y los votantes van descendiendo en edad según asciende el número de su cédula, hasta llegar a la mesa de los jóvenes recién cedulados, cuyos números son muy grandes —y extensos. Y como es esperable en toda sociedad la tendencia es que las personas de mayor edad sean más conservadoras, mientras que entre los jóvenes se encuentren más votantes por los candidatos de las izquierdas. En consecuencia, es muy alta la probabilidad de que en las mesas de números más bajos (por ejemplo la mesa 1) tienda a ganar el candidato derechista, cuando compiten solo dos candidatos. Ocurrió así en la elección que ganó Gustavo Petro hace cuatro años, al igual que en la que acaba de ganar Abelardo de la Espriella. En general, el candidato Cepeda ganó claramente entre los votantes menores de 35 años, con hasta el 60 % de votos de las personas menores de 25 años; mientras que De la Espriella lo hizo ampliamente entre los mayores de 45 años, logrando hasta el 79% de votos entre los ciudadanos de más de 61 años.

A mí me encantaría que se demostrara que el triunfo de AdelaE fue por fraude y no porque en realidad logró un poco más de votos que el candidato del progresismo o de la izquierda. Me gustaría que fuera así, para decir que vivimos en un país en el que, para ganar, el candidato de derecha necesita hacer trampa; pero no hay pruebas de que sea así. Y me parecería lo máximo que el gobierno Petro no hubiera cometido tantos errores, con lo que le facilitó las cosas a la derecha. Pero AdelaE ganó a pesar del deseo de casi la mitad de los votantes; y es que de eso se trata una elección presidencial de segunda vuelta.

Me parecería mejor que no hubiera ministra de educación que pueda promover un claro sesgo cristiano-derechista, pero ahí llegó la Viviane Morales; o que el embajador ante la OEA no fuera un retardatario quema-libros, enemigo de los procesos de paz y dispuesto a todo con tal que la izquierda no gobierne, pero tendremos a Alejandro Ordoñez. Que el encargado de Relaciones Exteriores no fuera un cerrado pro-gringo y pro-israelí; o que la ministra de Cultura no fuera la señora Paola Holguín.

También desearía que el primer mandatario no hiciera alarde público de su nueva fe y de sus prácticas híbridas entre cánticos y expresiones corporales tipo testigos de Jehová y prácticas tipo coach motivacional, revueltas con expresiones católico-cristianas. Y lo peor, que suponga que quienes no compartimos sus prácticas, su liturgia, su confesionalidad o su fe somos “enemigos de la patria”. Aún más, desearía que el nuevo presidente no supusiera —o al menos no declarara— que sus acciones, decisiones y argumentaciones como gobernante se las va a inspirar o pre-aprobar un infalible dios, con lo cual transmite la idea de que los opositores seremos inspirados por “el maligno”. Pero no puedo solo pensar con el deseo. Igualmente, el expresidente Petro y la izquierda colombiana en general no pueden darle prelación a su deseo, a sus convicciones o sesgos de percepción, sobre la realidad. AdelaE está ahí y ahí se quedará por cuatro años. Por ahora, lo que podemos desear es que muchos más colombianos envejezcan con una actitud “de izquierda”, o que crezca el número de jóvenes —lo cual no va a suceder. 

Para cerrar con otro tema, debemos registrar la noticia de que la agencia de espionaje estadounidense —la C.I.A.— organizó formalmente un grupo de tarea secreto para apresurar que se logre lo que el presidente Trump quiere que suceda en Cuba. Eso significará poner en acción planes y actividades que presionen la caída del gobierno cubano, o para que cambie su forma de manejar asuntos clave de la economía y la política de la isla. Es de anotar que el director de esa agencia de inteligencia ya había hecho una visita formal a Cuba, hace tres meses. Y recordemos que los antecedentes de esa agencia en América Latina y buena parte del mundo son claros en cuanto utilizar todas las formas “de lucha” para oponerse —y tumbar— a gobiernos que no sigan la líneas del país dominante en el norte de nuestro continente. Como la situación de Irán se estancó, a Trump le volvió el afán porque cambien las cosas en Cuba, mientras la población cubana sigue sobreviviendo en condiciones muy duras, entre el optimismo (¿pesimismo?) de unos que consideran que muy pronto se acabará el gobierno socialista, y la resistencia de otros que esperen alguna salida que mantenga la orientación general de su sistema. Ojalá la realidad se pareciera a lo que uno quiere.

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  • Deseo vs. realidad

    Psicólogo, comunicador-periodista y magister en comunicación. Exprofesor y exdirectivo en la Universidad de Manizales. Experiencia en radio informativa, periodismo científico y columnista. Corriendo a des-atrasarme de lo que no había hecho antes.

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