«Cielo de tango», de Elsa Osorio (fragmento)

Sílaba Editores reedita una novela de 2006 que viaja entre París y Buenos Aires. Su autora, Elsa Osorio, construye distintos narradores, tiempos y espacios para acompasar el baile entre dos sagas familiares en los extremos de la escala social.
Compartir publicación en

Isadora llegó a los postres, Hernán disfrutó la expresión de Vicente cuando la presentó a los invitados. Cuchicheos como sanguijuelas perforando. Cuando ella terminó de contarle en voz baja que le habían anulado su contrato, Hernán supo por las miradas alborotadas, excitadas, escandalizadas, admiradas, indignadas, curiosas, de los comensales que bastaron esos pocos minutos para que todos supieran, superando cualquier barrera idiomática, que esa mujer, sentada a la misma mesa que ellos, había bailado el himno descalza, en un café de estudiantes, con la bandera argentina por todo vestido.

—No comprendo por qué tanta ofensa —le dijo Isadora—. Ningún francés protestó cuando bailé “La Marsellesa” con un chal rojo, azul y blanco. Si se puede bailar una emoción, si se puede bailar una idea, ¿por qué no se puede bailar un himno?

La libertad ofende, le contestaste, y apenas unos minutos después, tu mujer habría de demostrarlo.

Los músicos ya estaban preparados, costó acallar ese murmullo venenoso, un zumbido de moscas enloquecidas. Hernán golpeó las manos y pidió atención al conjunto criollo, que habría de deleitarlos con su música.

—A callar —ordenó Isabel de Borbón.

Un gato, un pericón, una vidalita, una cueca, vestidos floreados, botas lustrosas y pañuelos seduciendo, giros y medias vueltas, virtuosos zapateos y salerosos zarandeos, la infanta encantada, batiendo palmas, mucho más simpática de lo que imaginaron Hernán y su hermana, era evidente —lo habían visto desde que llegó a la estancia— que le gustaban mucho más los gauchos y las chinas que sus compañeros de mesa. ¿Y esta música no se baila?, preguntó en medio de “Los tres tauras”. El no de Vicente se mezcló al sí de Hernán que ya se había puesto de pie y pedía otro tango: “Retintín”, de Arolas.

La invitaste a bailarme pero Isadora no quiso, las miradas como dagas la clavaron en su silla, diste unos pasos abrazado al aire, pero sin mujer no tenía gracia y volviste a la mesa.

—¿Cómo se te ocurre? Ofendiste a nuestros invitados, y a mí —le dijo en un aparte Leonor—. Yo ya sé lo que es ese baile que pretendiste enseñarme en París, baile de… No voy a decir la palabra.

Pero apenas dos años después, cuando el artículo de Le Figaro, las recepciones de sus amigos, el presidente de Francia bailándome con su mujer y los empresarios de los Thé Tango me dieron mi lugar en París, tuvo la desfachatez de “confesar”, ese susurro afectado…, que hacía años que me bailaba en secreto con su marido. Te pareció que ese profesor francés le había enseñado y hasta te animaste en alguna fiesta con ella, cuando te empeñabas en quererla, aunque sabías muy bien que no basta aprender una coreografía para bailarme. Leonor nunca pudo, tampoco yo se lo hubiera permitido.

—¿Cómo se baila esta música? —quiso saber la infanta Isabel y otros invitados.

—Imposible satisfacer su curiosidad —contestó Cambaceres—. No hay quien cultive en nuestros salones ese género bailable, es tan exótico para nosotros como tantas otras cosas enterradas por la civilización del viejo mundo.

—¿Pero es una danza vuestra? —preguntó Maurice Breton a Hernán—. No sé si he comprendido.

—El tango es nuestro —bajando la voz, misterioso— pero para algunos, un mal nuestro que hay que ocultar, un pecado…


"Cielo de tango", de Elsa Osorio (fragmento)

Desde el título esta novela anuncia su tema: el tango. Lo que no anuncia, y el lector va descubriendo con el paso de las páginas, es el intrincado baile que propone: de Buenos Aires a París, de Ana a Luis. Dos personajes y dos ciudades, que se unen en una historia que se teje a partir de la saga de dos familias que se ubican en los extremos de la escala social.

En 2007, Cielo de tango ganó el Premio Biblioteche di Roma a la mejor novela extranjera y en 2009 el Premio Letterario Giuseppe Acerbi.

Sobre esta novela escribió María Eugenia Eyras en la Revista Ñ del Clarín, de Buenos Aires: «Elsa Osorio muda de tiempo, de narrador y de espacio, con la soltura de una buena bailarina. Su escritura transmite el vértigo de la danza del tango, la embriaguez del cóctel de música, sensualidad y movimiento». 

Cielo de Tango

Elsa Osorio

Sílaba Editores

Medellín

Septiembre de 2025

404 páginass

ISBN: 978-628-7729-62-9

Si valoras el periodismo artesanal, ayúdanos a seguir adelante.
Cada aporte, grande o pequeño, hace la diferencia. Puedes apoyarnos a través de Vaki.
  • Rostro de Elsa Osorio

    Buenos Aires, 1952. Sus obras han sido traducidas a casi 30 idiomas y su novela A veinte años, Luz (1998) se considera un clásico de la literatura latinoamericana. Otras obras suyas son La capitana (2012), basada en la revolucionaria argentina Mika Feldman de Etchebéhére, y Doble Fondo (2017). Reside en Buenos Aires, en donde ofrece talleres de narrativa.

Publicaciones relacionadas

Si valoras el periodismo artesanal, ayúdanos a seguir adelante.
Cada aporte, grande o pequeño, es una pepita de oro valiosa para nosotros. Puedes apoyarnos con donaciones en la cuenta de ahorros Davivienda 108900805756 a nombre de la Fundación Barequeo (NIT 902045164-5) o a través de Vaki.

En Barequeo nos interesa el periodismo artesanal, hecho a mano, con tiempo para escribirlo y tiempo para leerlo. Buscamos historias y enfoques como quien busca pepitas de oro.

Somos un grupo de periodistas que, desde Manizales, Colombia, generamos un medio de comunicación para fortalecer la deliberación pública desde nuestro territorio.

Creemos en la veracidad, la argumentación, el disenso y el valor de la escritura para la construcción de memoria histórica.

Correo: barequeo@barequeo.com

Cada aporte, grande o pequeño, es una pepita de oro valiosa para nosotros. Puedes apoyarnos con donaciones en la cuenta de ahorros Davivienda 108900805756 a nombre de la Fundación Barequeo (NIT 902045164-5) o a través de Vaki

Codirigen: Adriana Villegas Botero, Ana María Mesa Villegas y Camilo Vallejo Giraldo.