Empiezan un nuevo congreso y un nuevo presidente, en medio del supuesto olor postapocalíptico del país que ha difundido el entrante gobierno, el cual parece estar aún en campaña. Y como todo mandatario necesita nuevas leyes, De la Espriella entrará a trabajar con un congreso que parece que le va a apoyar una buena parte de sus proyectos y propuestas. Los 103 nuevos senadores se distribuyen como sigue:
- 26 del Pacto Histórico, incluyendo a Iván Cepeda —por el Estatuto de la Oposición
- 17 del Centro Democrático
- 13 del Partido Liberal
- 11 de la Alianza por Colombia —Verde 5, ASI 4, P. Demócrata 1, En Marcha 1—
- 10 del Partido Conservador —incluido Wadith Manzur, preso por el caso UNGRD—
- 8 del Partido de la U
- 7 Cambio Radical-ALMA
- 5 de Ahora Colombia -3 de MIRA, 1 Dignidad & Compromiso, y 1 Nuevo Liberalismo
- 4 de Salvación Nacional
- 1 de MAIS
- 1 de AICO
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Así, se puede decir que serán 62 senadores los que —en teoría— generalmente apoyarán al gobierno (Salvación Nacional 4, Centro Democrático 17, Conservador 10, Liberal 13, de la U 8, Cambio Radical-Alma 7 y MIRA 3). Mientras que de oposición serán 31 senadores (26 de Pacto Histórico —con Cepeda—, parte de Alianza Verde-2, Dignidad 1, En Marcha 1 y MAIS-1), o 32, si se suma el de AICO. Y habrá 9 más que se pueden denominar independientes o “ganables” para la oposición en algunos casos (de ASI 4, otra parte de Alianza Verde-3, del Nuevo Liberalismo 1, y del Partido Demócrata 1).
Por ende, los proyectos de ley y reformas que proponga el siguiente gobierno pueden tener vía fácil si cultiva sus mayorías con acuerdos o pactos, en particular con los senadores centristas y “móviles”. Entonces, debido a las ausencias y abstenciones habituales a la hora de votar, es previsible que muchos proyectos se aprueben con unos 48 votos a favor y 25 en contra. Finalmente, en los debates del senado muchos extrañarán —para bien y para mal— las voces gritonas y altisonantes de las tres senadoras uribistas que esta vez no estarán, pero a quienes otros las sucederán. En paralelo, será notorio el vacío de los firmantes de paz en nombre de las exFARC, que siempre han sido blanco fácil de críticas.
Ya en la Cámara de Representantes, las presencias más numerosas son del liberalismo, del Pacto Histórico y del conservatismo, además de la fuerza relativa que mantiene allí Cambio Radical. Mientras tanto, el Centro Democrático, la U y Alianza Verde estarán en un segundo nivel. En todo caso, no parece que fuera a existir allí una tendencia mayoritaria clara, a pesar de la aparición de varios representantes de Salvación Nacional. Se estima que serán 52 representantes alineados con el gobierno (Centro Democrático, Salvación, MIRA y 10 “acomodables” de los conservadores, liberales, de la U y Cambio Radical). Frente a 40 representantes seguramente ubicados en la oposición, liderados por los del Pacto en compañía de 3 de Alianza Verde y Nuevo Liberalismo, que votarían en contra de la mayoría de propuestas del gobierno de derecha, al igual que 9 conservadores, liberales, de la U o de Cambio Radical que es posible que voten con la oposición algunos proyectos.
Por ello, a la hora de votar proyectos en pro de la defensa de los derechos sociales, serán clave los otros 6 representantes de centro y centro-izquierda, que muy seguramente se declararán independientes (fundamentalmente de Alianza Verde y Dignidad). Lo mismo que los 2 votos indígenas, que probablemente se inclinen más a la izquierda. Entonces, inicialmente, podría ser más difícil para el gobierno lograr la mayoría en el Senado que en la Cámara, aunque ya se ha visto en otras legislaturas que los representantes son más fáciles de convencer (uno a uno) que los senadores, en particular si el senado ya ha votado a favor de un proyecto. En particular durante el primer año de gobierno de un presidente, según es ya tradicional. Recordemos que esta cámara está compuesta por 183 curules (161 de los departamentos y Bogotá; 16 transitorias de las víctimas del conflicto armado; 2 de afrodescendientes, 1 de raizales de San Andrés; y 1 de colombianos en el exterior). Pero los votantes suelen ser solo unos 100, por lo que los proyectos requerirán de unos 52 votos para su aprobación o rechazo.
La primera prueba de medición de fuerzas del gobierno central en el congreso será esta misma semana, cuando se deba decidir si se aprueba autorizar sesionar fuera del recinto regular del congreso, para la posesión del presidente De la Espriella en unas instalaciones militares. A lo mejor terminaremos viendo dentro de tres semanas una posesión en un batallón, ante la mayoría simple de Senado y Cámara, con la ausencia evidente de la izquierda o de los partidos de oposición. O tal vez haya dos posesiones: una formal ante un mermado congreso —“en pleno”— y la otra en una guarnición militar.
Por ahora, y tal vez como consecuencia de que su victoria fue por una diferencia muy baja, el nuevo gobierno —en su adanismo— sigue buscando adeptos para su concepción de que estamos en una “patria miseria”, a la cual ellos le harán el “milagro”.
Mientras tanto, Álvaro Uribe da la batalla por ser el líder de la “verdadera” derecha —la que espera permanecer como partido— en la elección de la presidencia del Senado, frente el candidato del presidente electo. Sin embargo, parece que esta vez pierde la puja, pues para que su candidato gane esa presidencia tendría que aliarse con el Pacto Histórico, lo que no parece muy probable ni para Uribe ni para el Pacto, pues suponemos que la izquierda preferirá apoyar al candidato De Luque (de La U) que ha sido “menos extremo” que el uribista Henríquez.
Y para cerrar, debemos celebrar que la Corte Constitucional ordenó proteger los murales “Las cuchas tienen razón” en Manizales y Medellín, pues consideró que son expresiones artísticas con valor simbólico para la memoria del conflicto armado y la reconciliación. En consecuencia, ordenó evitar nuevos actos de vandalismo e impedir que sean borrados. Además, el tribunal ordenó que el atarván concejal de Medellín, Andrés “Gury” Rodríguez, debe ofrecer disculpas públicas por haber vandalizado el de Medellín. Suponemos que el alcalde de Medellín ahora sí dejará de borrar murales similares, y que en Manizales no les dé por aprenderle al “paisa” esa conducta autoritaria o violenta —intolerante, dirían los comandantes de Policía.