No matarás ni perfilarás

Activistas, histéricxs, guerrillerxs, mendigxs. Se escucha en las redes sociales, repiten los funcionarios designados, aparece en los documentos borradores de los empalmes del nuevo gobierno.
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A veces me despierto y pienso cómo es posible que este pasando todo lo que está pasando. Me rasco los ojos, no me lo creo, no quiero creerlo. Que estemos a punto de repetir las peores desgracias de nuestra historia, de manera deliberada, casi psicótica. Por momentos parece que nos devolviéramos a los 80 con todo el señalamiento de que las formas organizativas y políticas, legítimas como son, todas ellas, son facciones armadas de una guerrilla. Otras veces parece que estuviéramos directamente en los 50 o los 70 cuando se puso en marcha la Operación Cóndor, que igual que ahora, tumbó, compró y derrocó todos los gobiernos de América Latina en nombre de un fantasma: el comunismo. Y con el mismo propósito específico, recursos naturales: petróleo y minerales. ¿Caímos por la escalera de caracol?

Pero no, sigue siendo 2026 y entramos de lleno en la fórmula del perfilamiento, la deshumanización y la estigmatización del otro: opositor, enemigo o adversario. Por esta vía ya se hizo un genocidio en Colombia, el de la Unión Patriótica, y se cometieron decenas de miles de asesinatos selectivos, desapariciones y torturas. Perfilar, nombrar al otro y descalificarlo, es siempre la antesala. El planteamiento es sencillo, al tecnofascismo le sirven los estados inestables, las guerras internas. Se sabe y se conoce, a través de nuestro propio perfilamiento diario en las redes sociales, que el odio crece más fácil que la compasión o la solidaridad. Estas máquinas de posverdad y sus algoritmos, en nombre de la acumulación billonaria, favorecen y empujan esas confrontaciones que, aunque pocos lo creen, van a salir de la pantalla y van empezar a hacer estragos en nuestra vida cotidiana.   

Repito, por si no he sido suficientemente directo: perfilar equivale a matar. Y no se trata de una muerte simbólica, económica o social; si bien las segregaciones, los clasismos y las exclusiones vienen primero. Me refiero a vidas humanas, no-humanas, la vida del territorio misma. 

Activistas, histéricxs, guerrillerxs, mendigxs. Se escucha en las redes sociales, repiten los funcionarios designados, aparece en los documentos borradores de los empalmes del nuevo gobierno. Histéricxs lxs ambientalistas que estallan en llanto al ver la regresión que supone una política que prioriza el interés económico y los compromisos de inversión extranjera, por sobre la vida misma de los ecosistemas, y que se rehúsa a reconocer y nombrar una crisis ambiental. No somos histéricxs activistas los periodistas u opinadores que cuestionan, hacen preguntas incómodas, elaboran críticas, reflexiones e investigaciones. Tampoco somos activistas guerrilleros todxs aquellxs que pertenecemos al Pacto Histórico o la Alianza por la Vida. Falso. Guerrillerxs todxs lxs que integran el partido Comunista Colombiano o las Juventudes Comunistas, falso.

Mendigxs todxs lxs sabedores, creadores, artistas y gestores culturales. Y como sé que van a pensar que estoy exagerando o que es una interpretación crítica mía, les dejo estos párrafos que forman parte de la “Declaración de intención” del Plan 2026-2030 firmes con la cultura:

Al “Modelo centrado en la transferencia directa de recursos estatales a través de convocatorias que generan dependencia crónica, desincentiva la capitalización privada y el emprendimiento cultural, y reproducen ciclos de precariedad en los agentes culturales”.

“Este plan propone una transición hacia un modelo de economía en el que los activos culturales susceptibles de comercialización se constituyen como capital productivo y generan flujos de retorno sostenibles”.

“Este plan propone exactamente lo contrario: reemplazar la economía de la mendicidad por una economía de la propiedad intelectual, donde el creador no es beneficiario de un subsidio sino titular de un proyecto económicamente viable.”

Y así, como por milagro, amanecemos siendo unos mendigxs en la boca de estos tristes administradores del fascismo más bárbaro. Se resuelve en tres párrafos toda una discusión de décadas y tomos de política pública, y se apropian de unas trayectorias dignas de resistencia y organización con solo nombrarlas pobres, frustradas, decepcionantes. Claro que estamos precarizados, pero no somos mendigxs. El sentido de las convocatorias tiene que ver con la democratización de los recursos y los saberes, y la garantía de los derechos culturales, bioculturales ya decíamos. Sin y con convocatorias a la mano, han sido lxs sabedores, creadores, artistas y gestores culturales quienes han construido y sostenido un ecosistema cultural y lo sostendrán.   

Finalmente el texto se cura en salud y define que sí financiará al “patrimonio”, pues este no puede ser comercializable, y reduce el patrimonio a:

“Las lenguas nativas en riesgo de extinción, las expresiones culturales de los pueblos étnicos y las músicas tradicionales comunitarias”. 

Todos ellos muy importantes claro está, pero que son apenas una pequeñísima porción de todo lo que debe ser financiado, porque no tiene o debe tener pretensiones comerciales o de propiedad intelectual. Así todxs los demás seremos, lxs viejxs mendigxs, lxs activistas de un estallido cultural, seremos perfilados, etcétera, etcétera. Repite conmigo: no matarás, ni perfilaras.

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  • No matarás ni perfilarás
    Educador popular, gestor cultural y creador en lenguajes de la imagen con 20 años de trayectoria en el diseño y realización de iniciativas sociales, culturales y comunitarias. Gestor e Integrante de la Corporación Nodo.

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