Los últimos días han sido los más difíciles en mucho tiempo, y no se trata de la derrota electoral. Se trata de la llegada de un fascismo tecnocrático al poder en Colombia y en Latinoamérica completa. Han sido días de mucha confusión, de mucha tristeza y rabia. El mismo fascismo que viene de hacer un genocidio en Gaza, de instaurar legalmente el racismo en USA, invadir Irán y Venezuela por la fuerza, como alacenas de petróleo y minerales raros, ese mismo, llegó a la presidencia de Colombia. Todo lo demás es una pantalla y el gesto de un poder local, dueño de la mayor parte de la tierra, integrantes de partidos, empresas, medios de comunicación y otros poderes, que todavía creen que pueden sacarle algún provecho a esta alianza. No pueden estar más equivocados. A todxs los anteriores mi más profunda rabia.
Nos toca ir despacio. Para tratar de entender en medio del aturdimiento, del guayabo. Y empezar por ahí. Si bien esto era esperable, este proyecto transnacional es abiertamente imperialista y nunca ha disimulado su intención de reordenar el mundo y su geopolítica, nos duele profundamente y hay que reconocer que una parte de todo lo que está pasando es incomprensible. No sabemos bien sus orígenes locales, la manera cómo se calca de un organismo cultural y social a otro, sus mutaciones, sus variables, no sabemos cómo hacerle frente y ser al mismo tiempo cuidadosos y estratégicos. A todoxs lxs que han sentido este desconcierto y dolor, un abrazo amoroso, lo necesitamos.
Y aunque no teníamos duda de que se trata de este tecno fascismo, el de las grandes corporaciones que empujan una distopía post-capitalista y post-humanista, nos lo han dejado claro con dos gestos. Primero la intención de restablecimiento de relaciones consulares y económicas con el Estado de Israel, precisamente el mismo día en que la Comisión Independiente de la ONU ha difundido un informe en el que “se sostiene que al menos 20.179 menores han muerto en Franja de Gaza entre octubre de 2023 y octubre de 2025, cifra que representa el 30% del total de las víctimas del conflicto”. El anuncio de esta medida es más un trámite, estas agendas están delicadamente pactadas. Israel y EEUU dispusieron los medios para esta elección, lo que es aterrador. La dimensión de la barbarie aterra más al ver el escaso rechazo de esta acción “diplomática” de alianza con un Estado genocida. Simplemente son y serán socios de asesinxs. Luego se ofenden si les rayan el vidrio en la entrada de una oficina diciéndoles lo que ya son: ASESINXS.
Seguido por el anuncio esta semana de una financiación de un empalme “anticorrupción” por 60 millones de dólares, que provienen del Banco Interamericano de Desarrollo, una figura transnacional de poder económico que les estaría dando la capacidad de suplantar temporalmente al Estado para desconocer y atacar el mismo Estado que van a constituir y sin necesidad de pagarlo, al gratín, dirán ellos que de manera desinteresada. De nuevo la figura de la financiación trasnacional que subvierte un orden local, regional. Estos poderes tienen intereses, claro está, y ninguna intencionalidad de cuidar del territorio o la gente, las comunidades, el agua, los animales, la montaña, etc. Eso fue lo que se eligió, ni más ni menos.
Y aquí quiero volver sobre la elección, sobre esa batalla comunicativa digital que se dio en redes entre la primera y segunda vuelta presidencial, sobre la idea de segmentación. En 2016 cuando Colombia votó No a un plebiscito que buscaba refrendar el acuerdo de Paz, se supo de gente a la que le enviaron mensajes directos de Whatsapp o de texto, con informaciones que decían cosas tan falsas como que el acuerdo incluía que a los niños y niñas les iban a inyectar hormonas en las escuelas y colegios para promover una “ideología de género”. Ahora en esta última elección presidencial un amigo me contó que a su mamá le llegó un mensaje que decía que Iván Cepeda iba a crear iglesias Satánicas. Hubo 10 años entre ambas elecciones y no surgió ninguna capacidad de respuesta a esta segmentación. Una parte de la gente lo creyó, y cree todo lo que le llegue directamente y le hable en el lenguaje que quiere escuchar y otra cantidad de personas ni siquiera nos enteramos de que estos mensajes circulaban. A esto es a lo que se le llama la segmentación.
Esta práctica de comunicación fragmentada y directa, implica que un actor tiene la información suficiente para saber a quién enviarle determinado mensaje y cómo hacerlo. Y lo hace. Manipulando climas de opinión a gran escala. Cómo desactivar, prevenir y contraatacar un sistema de estas dimensiones, con este nivel de información y capacidad de acción persuasiva, debería de ser una de las prioridades para nuestras agendas a corto y mediano plazo. No basta con hacerse el loco y evadir un algoritmo que puede determinar el presente y futuro del territorio que amas y quieres proteger.
Así las cosas, la incertidumbre reina y el desasosiego amenaza, muchxs nos preguntamos ¿y ahora qué? Comparto las respuestas que converso con otrxs, las que me doy a mí mismo, en este irnos abrazando y preparando para una tormenta de violencias estructurales y directas que se nos vienen. De una parte, está el poder sostenernos en eso que ya hacemos y somos: sostener la alegría, el junte, lo que colectivizamos, la crítica, en un sistema-mundo-distópico lo comunitario es contracultural. Actuar contra todos los colonialismos, machismos, micromachismos, racismos y clasismos. De otra parte, es el momento para tratar de entender más allá de nuestros propios prejuicios y convicciones, de volvernos a preguntar y cuestionar eso que hacemos. ¿Cómo estamos facilitando y atornillando estas rutas a un fascismo tecnocrático?
Ser amor y rabia. Ser abrazo y grito. Ser diálogo y protesta. Ejercer nuestro libre derecho a la desobediencia, a la protesta y cuestionarnos las formas en las que lo hacemos.