Mal agüero, cantando

Ahora que estamos frente al auge de la derecha y la conquista de sectores “ganables”, deseo que hoy gane otro gobierno socialdemócrata.
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Traté de alejarme del tema electoral mientras escuchaba canciones que tienen estribillos o estrofas que se repiten, iguales o casi iguales, pero no pude. Entonces estuve pensando en lo que sucedería con los personajes visibles de la política durante los siguientes cuatro años, según quien gane la Presidencia de Colombia en esta dura elección. A continuación lo que pensé, en dos partes sustituibles…

Si gana el candidato de derecha Abelardo de la Espriella (ADLE), Cepeda iría al Senado como parte de la oposición, y se prepararía para ser nuevamente candidato a la presidencia por la izquierda, “con la plana corregida”. Paloma Valencia podría ser ministra y en dos años se convertirá en la candidata del uribismo a la presidencia para el 2030. Álvaro Uribe coordinará la colaboración de su partido con el gobierno de ADLE en el congreso, esperando cosechar para el 30, y buscando mostrarle al presidente quién es el jefe de las derechas.

La Cabal, ya sin curul y casi por fuera del Centro Democrático, también puede ser nombrada ministra de ADLE, pero pasado un tiempo (dos años también, o cuando Paloma se declare precandidata) empezará su aspiración a la presidencia por el abelardismo. Así tendríamos dos candidatas de la derecha y se daría un duelo similar al que acabamos de pasar.

Petro, por su lado, será desde el primer día de expresidente un activista de la oposición al gobierno de derecha, lo cual inquietará a Cepeda y los demás sectores de la izquierda que no desean que el vocero sea Petro. Y según como se gestionen las alianzas del progresismo, el expresidente podría ocupar el puesto de Roy: un aliado incómodo pero necesario para un futuro triunfo de Cepeda. O como Uribe para Paloma: un padrino indispensable para su figuración.

Mientras Roy se ocupará con sus poemas y sus memorias, Oviedo se dedicará a su campaña a la alcaldía de Bogotá y, en caso de no lograrla, podría engrosar la nómina de servidores del abelardismo; pero no sería por mucho tiempo, si decide volver a aspirar la presidencia. Si se presenta, volvería a tener un resultado flojo y pasaría a ocupar el lugar de Fajardo: un candidato fallido en varias ocasiones. Fajardo, por su lado, desparecería del ambiente de campaña cumpliendo su palabra, luego de su malhadado paso por las sucesivas candidaturas. Y su copartidario Jorge Robledo seguirá escribiendo sobre política económica y similares, teniendo aún mejores oportunidades para criticar a ADLE que las que tuvo con Petro.

Claudia López sobrevivirá al gobierno de ADLE, haciéndole críticas ocasionales, y verá más libre su espacio en el centro con el retiro de Fajardo. Será entonces candidata para el 2030, pero sin suficientes votos para una segunda vuelta. El excandidato Murillo volverá a aparecer para su siguiente fallida campaña presidencial, y algunas veces oiremos al señor Santiago Botero hablar mal de ADLE, mientras repite su ruta del presente año.

Los ciudadanos en general sufriremos varias dificultades por las políticas económicas y fiscales de ese gobierno. Unos lo tomarán como un sacrificio necesario para ayudar a “salvar al país” y otros lo sufriremos como castigo por no haber ganado en las elecciones presidenciales. Los movimientos de protesta sociales serán fuertes y frecuentes, muchos más que en el gobierno que acaba de terminar; con lo cual la represión será mucho mayor. Y en el congreso, algunas de las propuestas del gobierno tendrán largo trámite y recortes, pero varias pasarán. Las acciones de los grupos violentos se mantendrán como hoy, a pesar de la mayor acción militar que el gobierno de ADLE desplegará, presionará y favorecerá, sin acuerdo con ninguno de ellos. En lo político cultural, los de la izquierda, el progresismo, la socialdemocracia y las minorías sentiremos la reducción del espacio crítico ante la idealización de un tipo de sociedad “organizada”. !Ah! y a la hora de la segunda vuelta en 2030… creo que ganaría Cepeda.

Me excusarán lo personal, pero fui tan crítico de este gobierno como tuve que serlo, ante sus errores y su inconveniente estilo; por ello, considero que Petro es tal vez el presidente que más ha facilitado las candidaturas de oposición, después de Duque. Pero ahora estamos frente la realidad del auge de la derecha y la conquista de sectores “ganables”, y puede ser que hoy gane. Por ello, ya estoy ensayando la canción: “Claro que se perder; no será la primera vez… Seré un buen perdedor; el mundo no cambiará…”. En todo caso (como podría haber dicho Piketty), la lucha por una sociedad más igualitaria se ha ganado antes -no siempre- y se volverá a ganar en el futuro. (Tarara-rarará…)

Ahora bien, si ganara hoy Iván Cepeda las cosas seguirían siendo similares en varios sentidos, pero el ambiente socio-político y cultural será más respirable que en el caso contrario. ADLE, al no lograr la presidencia, iría a la curul de oposición al Senado, y se prepararía para ser nuevamente candidato a la presidencia por la derecha, “con la plana corregida”. Eso sí, mientras no se le alborote mucho la tentación de irse para Italia. Paloma Valencia esperará mantenerse vigente cosechando errores y oportunidades para ser la voz más crítica de ese gobierno dentro del establecimiento, y en dos años se convertirá en la candidata del uribismo a la presidencia para el 2030 (ya se lo prometió “su papá”). Álvaro Uribe coordinará la oposición de su partido al gobierno de Cepeda en el congreso, esperando cosechar para el 30, y buscando recordarle a la derecha quién es el jefe.

La Cabal, ya sin curul y casi por fuera del Centro Democrático, también estará todo el tiempo en pre-campaña, siendo una voz aún más crítica, pero sin acercarse mucho a Uribe. Pasado un tiempo (dos años también, o cuando Paloma se declare precandidata) empezará su aspiración a la presidencia por el abelardismo. Esto, siempre y cuando ADLE decidiera no aspirar de nuevo a ser presidente. Si lo hiciera, la Cabal no tendría opción, sino unírsele. Así tendríamos dos candidatos de la derecha y se daría un duelo similar al que acabamos de pasar.

Petro, por su lado, será desde el primer día de expresidente un defensor del gobierno en términos generales, pero un crítico del mismo en algunos aspectos en los que Cepeda actúe diferente, lo cual inquietará al presidente y a otros sectores de la izquierda no cercanos a Petro. Y según como se gestionen las alianzas del progresismo, el expresidente podría ocupar el lugar que tuvo Robledo en su gobierno: es decir, la voz de una parte de la izquierda crítica permanente del gobierno Cepeda.

Mientras Roy se ocupará con sus poemas y sus memorias, Oviedo se dedicará a su campaña a la alcaldía de Bogotá, y en caso de no lograrla, aspirará nuevamente a la presidencia. Si se presenta, volvería a tener un resultado flojo y pasaría a ocupar el lugar de Fajardo: un candidato fallido en varias ocasiones. Fajardo, por su lado, desparecería del ambiente electoral, cumpliendo su palabra luego de su malhadado paso por las sucesivas candidaturas. Es posible que le coqueteen para un ministerio en el gobierno Cepeda, pero si acepta no duraría mucho. Mientras tanto, su copartidario Robledo seguirá escribiendo sobre política económica y similares, ahora como acérrimo crítico de Cepeda.

Claudia López sobrevivirá al gobierno de Cepeda, con probable figuración en un ministerio, del cual deberá retirarse haciendo algunas críticas. Viendo más libre su espacio en el centro con el retiro de Fajardo, será de nuevo candidata para el 2030, pero sin suficientes votos para una segunda vuelta. El excandidato Murillo volverá a aparecer para su siguiente fallida campaña presidencial, y no oiremos mucho del señor Santiago Botero, hasta cuando se reinicie la campaña y pueda hablar mal del gobierno.

Los ciudadanos en general sufriremos varias dificultades por las políticas económicas y fiscales de ese gobierno. Unos lo tomaremos como un sacrificio necesario para ayudar a “salvar al país” y otros lo sufrirán como castigo por no haber ganado en las elecciones presidenciales. Habrá más movilizaciones abiertamente organizadas por la oposición, pero de baja intensidad, con lo cual la represión no será mayor. Y en el congreso, algunas de las propuestas del gobierno tendrán largo trámite y recortes, pero varias pasarán. Las acciones de los grupos violentos disminuirán, si se logra mantener el acuerdo con algunos de ellos. En lo político cultural, los de la izquierda, del progresismo, la socialdemocracia y las minorías sentiremos que se mantiene el espacio crítico sin la idealización de un tipo de sociedad “organizada”. !Ah! y a la hora de la segunda vuelta en 2030… ni idea aún.

Me excusarán lo personal, pero fui tan favorable al gobierno Petro como debía serlo, pues ha sido el único de izquierda en casi cien años; pero ahora que estamos frente al auge de la derecha y la conquista de sectores “ganables”, deseo que hoy gane otro gobierno socialdemócrata. Eso sí, he ensayado otras dos canciones que dicen: “Cambia todo cambia”, la una; y la otra “Al final la vida sigue igual”. (…Tran trán.)

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  • Mal agüero, cantando

    Psicólogo, comunicador-periodista y magister en comunicación. Exprofesor y exdirectivo en la Universidad de Manizales. Experiencia en radio informativa, periodismo científico y columnista. Corriendo a des-atrasarme de lo que no había hecho antes.

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