Doris nos lleva a pie desde la plaza hasta la casa en la que nos vamos a alojar y mientras tanto nos comenta que en Murillo, Tolima, los arriendos y los lotes están cada vez más caros: “nos va a pasar lo mismo que le pasó a Salento, donde ya casi no quedan personas que sean propiamente de ese lugar. Mucha gente de afuera, extranjeros, están comprando casas y terrenos para venirse a vivir acá. Aquí la gente vive de la agricultura y de ordeñar ganado, con eso no alcanza para pagar arriendos costosos”.
La carretera que une a Murillo con la vía que lleva al Nevado del Ruiz fue entregada en septiembre de 2023 completamente pavimentada. Esta ruta, que funcionaba como una trocha en mal estado desde los 70 del siglo pasado, tiene un paisaje espectacular lleno de frailejones, pajonales, romerillos y otras especies de plantas propias del páramo. El día que íbamos para allá vimos algunas mirlas, pero este es también el hogar de los cóndores, del puma y de otros animales que son más esquivos. La vía ha sido calificada como la carretera más linda de Colombia y es la única del país que tiene pico y placa para disminuir el número de carros y personas que la recorren y que pueden ocasionar daños al medio ambiente.


La ruta atraviesa las cuencas de los ríos que ocasionaron la tragedia de Armero: Lagunilla, Azufrado, Molinos, Recio y algunas quebradas como La Marcada o La Hedionda, que no es tan fea. Se supone que no está permitido bajarse a tomar fotos, pero la tentación es mucha. La vía llega hasta los 4.149 metros sobre el nivel del mar. La paleta de colores del paisaje es predominantemente amarillo y cobrizo. Es amarillento el pasto, son amarillas las florecitas, los frailejones que crecen sobre un paisaje árido lleno de roca expuesta y todo está cubierto por una neblina blanca. Es precioso y es único, y aunque nada de eso exista gracias a nosotros, es imposible no sentir orgullo de poder llamar nuestro a un sitio tan hermoso.



El cauce del río Lagunilla es impresionante. Ver el enorme hueco que dejó la avalancha que borró a Armero es sobrecogedor. Casi es posible escuchar el ruido que debió despertar a los campesinos de ese lugar cuando ocurrió el deshielo del Nevado en el anochecer del 13 de noviembre de 1985. Justo en ese sitio, a nivel de la carretera, unos 50 metros hacia adentro, hay un lugar para tomarse fotos en el que venden tinto, gorros y guantes.

En Murillo
Lo primero que llama la atención de Murillo es que, para estar rodeado de montañas escarpadas, el terreno es perfectamente plano como una mesa de billar. También llama la atención la arquitectura colorida de tabla parada típica de las zonas frías de Caldas y Tolima. Y lo otro son los locales comerciales con nombres en inglés: Murillo Travel Store and Food, Jahr Coffee y otros, que dan pistas sobre los cambios que está atravesando a raíz del incremento del turismo, como consecuencia de la apertura de la vía. El pueblo, de 5.000 habitantes, está lleno de gente que viene de visita.



Llegamos casi a las 2 de la tarde y la primera preocupación es encontrar un lugar con televisor porque queremos ver la final del Mundial de Fútbol entre Argentina y España. Solamente encontramos dos sitios públicos en donde están pasando el partido, uno al lado del otro. Hay una mesa justo al frente de uno de esos aparatos y nos quedamos allí hasta que llora Messi con dos minutos de diferencia del televisor vecino, que nos arruinó la emoción del único gol.
Mis amigos y yo estamos allí porque, por el cumpleaños de una de mis amigas que ama la naturaleza y las caminatas, queremos hacer un paseo que se llama La Campanita. Este es un recorrido para bajar al río Recio en un sitio donde tiene, justo al lado, una piscina de agua termal. Vamos a dormir en la casa que nos alquila Doris por $300.000 la noche para ocho personas y que está muy bien acondicionada. En el segundo piso están las camas dobles con muchas cobijas, apenas para los 12° centígrados promedio del municipio, y en la planta baja está el baño con agua caliente, la cocina, la mesa del comedor y el patio de ropas. Es más de lo que necesitamos porque solo estaremos allí unas pocas horas.
La Campanita
Tenemos que estar todos listos a las 5:15 a.m. del día siguiente para ir a un lugar en la plaza del pueblo que tiene desayuno buffet. Ahí nos recogen los willys en los que nos acomodamos 12 personas. Darío es nuestro conductor. Mientras nos lleva por la ruta interveredal nos cuenta que la agricultura en Murillo ha decaído mucho. Según él explica los tratados de libre comercio hicieron que la papa y frutas de clima frío dejaran de sembrarse porque ahora se importan de otros países. Lo mismo pasó con la leche, dice. Buena parte de las personas que antes vivían de la agricultura están dedicadas al turismo. “Yo trabajo en esto porque es el trabajo que hay”, nos dice una de las guías que nos acompaña.
Comienza la caminata. Los guías nos aperan con botas pantaneras y bastón. La ruta, un camino de herradura, es en bajada y está dividido en dos tramos de más o menos la misma distancia cada uno. El primero es un camino de dos metros de ancho, empinado, pero caminable. El segundo, también en bajada y en zigzag, está lleno de piedras. Piedras grandes, medianas y pequeñas. Piedras sueltas y piedras fijas. Hay que ir con mucho cuidado y hay que cuidar las rodillas. En total tres kilómetros de vía y 550 metros de descenso, que luego habrá que subir. Antes de llegar encontramos la casa de un campesino que nos recibe con una bebida que él prepara y que sabe a guarapo, o chicha bien fermentada.

La recompensa vale toda la pena. El sitio es precioso. El río Recio, que tiene una temperatura de 4 o 5° es de agua cristalina entre verde y azul aguamarina, y la piscina termal de 35°, es también de color aguamarino, pero de agua detenida. Todo esto está en medio de una pradera ubicada en la parte baja de un cañón, que está rodeada del árbol nacional: la palma de cera que es el hogar del loro orejiamarillo. Tolima es el departamento de Colombia que tiene la mayor cantidad de estos árboles en todo el país. Es un paraíso protegido por lo difícil del acceso. Mientras estamos allí nos acompañan tal vez 40 personas más. Los guías llevan manzanas, galletas, mermelada y jugo, y nos quedamos en ese lugar aproximadamente dos horas, en las que pasamos varias veces del dolor en los músculos por el frío más intenso del río Recio, al placer del agua caliente de la piscinita.



Llega la hora del regreso y todos preguntamos por la opción de un helicóptero. Resignados empezamos el ascenso y, por fortuna, hay tres caballos que pueden llevar a sendas personas. Me gano un lugar en el más noble de los medios de transporte y subo, por $50.000, como una reina. Una reina asustada a la que no le fascina montar a caballo, pero Golondrina se porta muy bien conmigo y Alfonso, que me lleva a cabestro, más.
De regreso en Murillo almorzamos ovejo con rellena en la Feria Ganadera y cansados, pero felices, nos regresamos a Manizales no sin la inquietud de los cambios rápidos que están ocurriendo en Murillo. Volvemos con las preguntas que nos plantean Doris, Darío, Alfonso y los guías. La vida muta, los municipios cambian, las economías se reconfiguran y aunque todo eso ha pasado siempre, hay algo que se siente como una amenaza para unas formas de vida campesinas que desaparecen, una soberanía alimentaria que se traslada y un sitio donde parece que ocurrirá otro desplazamiento que se presenta como un simple cambio de dueño.
*Las fotos son Ana María Mesa y Carolina Guacaneme a quien agradecemos por permitirnos usarlas para este texto.