Unos señores y señoras reconocidos, propietarios de empresas, dirigentes gremiales y otros ciudadanos preocupados, junto con otros señores que militan en —o representan a— unos partidos, critican que otros señores —en particular uno relativamente joven— protesten y hagan política con una propuesta de no tener tantos peajes cerca de Manizales y Chinchiná.
Los primeros suponen que sus actuaciones, sus propuestas, sus pronunciamientos y sus críticas no son políticos, y que en nada se relacionan con las actuales campañas presidenciales. Así las cosas, defender lo que se viene haciendo en cuanto al modelo económico que se utilice para la construcción y mantenimiento de obras públicas no sería expresión política ni tendría relación alguna con lo que uno u otro aspirante a la Presidencia plantee o pueda apoyar, y mucho menos podría relacionarse con que algunos ciudadanos piensen en votar por él o por ella —o en su contra— a partir de estos pronunciamientos.
Que los empresarios y defensores de unos partidos y los voceros de una forma de ver la administración del Estado propongan y opinen, que debatan, que critiquen, que se opongan, eso es democracia. Pero que no califiquen de “hacer política” lo que otro actor político propone o lo que otro actor critica. Ambas son posiciones políticas, ambas se relacionan con concepciones sobre lo que el estado nacional o regional debe o no debe hacer. Si unos periodistas destacan, apoyan o subrayan esas declaraciones y posiciones, eso es parte de los derechos, riesgos y desbordes del periodismo en las democracias, pero en todo caso es más problema de los periodistas que de la democracia. Si los empresarios, los gremios o las personas adineradas les aportan dinero a las campañas de unos candidatos, eso es democracia. Si alguien supone que ese aporte lo hacen para favorecer a candidatos cercanos a sus intereses, eso es democracia. Si un señor que ejerce un cargo de elección popular —sea o no adinerado— opina, critica, moviliza seguidores o simpatizantes a favor o en contra de la existencia de unos peajes: eso también es democracia.
No nos asusten, no aparenten que lo que ustedes opinan y proponen es limpio, aséptico, no se relaciona con la política y mucho menos con los políticos; no desprestigien a uno u otro sector señalándolo de “hacer política” porque no comparte su punto de vista (político). Ese otro es tildado de aprovechador y oportunista, pero su sector no está aprovechando la oportunidad de promover unos criterios y unos puntos de vista relacionados con una forma de gobernar —lo que proponen los candidatos.
Debe haber errores, estrategias innecesarias, formas de protesta que no nos gustan o que nos afectan; podemos discutir acerca de las proyecciones de rentabilidad o sostenibilidad de una vía, de ejemplos fracasados y exitosos de concesiones de obras o servicios: todo eso se debe argumentar. De eso se hacen las campañas políticas y se consiguen o se pierden los votos en cada elección —aquí y allá. Claro que políticos con olfato, congresistas que utilizan trucos, candidatos o dirigentes políticos con estilos verbales desagradables, con adjetivaciones que nos parecen innecesarias o injustas los hay: tanto en los bandos y partidos cercanos a los empresarios, como en los lejanos de sus puntos de vista e intereses. Claro que no todos los empresarios, no todas la empresas, no todas las concesiones se aprovechan de su posición o de su información privilegiada, ni se enriquecen injustificadamente. Claro que el ánimo de lucro (poco, medio o mucho) es legal, como lo es proponer nuevas concesiones o tener tarifas mayores o menores. Y claro que uno se va “amañando” de recibir pagos de peajes: “Ya quisiera yo ser dueño de un peaje”, decía mi amigo chistoso. Eso de recoger todos los días la plata que tiene que dejar la gente que pasa, mientras uno hace poco o mucho por la vía tiene que ser muy buen negocio, o no existirían concesionarios ni pedirían extensión de las concesiones.
Ahora bien, en otro sentido y ya que estoy hablando de peajes, debo decir algo bastante impopular entre ciertos sectores “populares” (y este planteamiento seguramente es político y se puede utilizar políticamente para criticar, apoyar… y “hacer política”): a mí me ha parecido que los motociclistas sí podían pagar algo en los peajes. Ellos —y ellas— utilizan las carreteras como el vehículo promedio; desgastan la capa de rodadura, así sea en una proporción de digamos un tercio de un vehículo promedio; congestionan la vía casi como cualquier otro vehículo o al menos en una proporción de digamos la mitad; se accidentan más que el vehículo promedio, requieren del uso de la ambulancia mucho más que el vehículo medio y demandan asistencia técnica o grúa en forma similar al promedio de los demás vehículos. Pero no pagan peajes.
La diferencia entre, digamos, $15.000 o $20.000 y cero es muy alta; mientras —por ejemplo— la diferencia entre $14.000 y $19.000 que pague un carro y mil —o dos mil pesos— que pague una moto va poniendo las cosas en perspectiva. Igualmente, si para una buena parte de los asalariados propietarios de motos de bajo cilindraje puede ser oneroso pagar —por ejemplo— mil o 2mil pesos de peaje, es mucho más oneroso para la persona de estrato medio-bajo propietaria de un carrito viejo pagar $15.000 o $20.000 en cada peaje. No todos los propietarios de vehículos de cuatro ruedas son ricos o ganan salarios millonarios, así como no todos los propietarios de motos carecen de posibilidades de pagar un peaje barato (mil o dos mil). A falta de un criterio de cobro de peaje según el nivel socioeconómico del propietario del automotor, se podían buscar criterios aproximadas a la equidad. Asunto diferente es el de la exoneración o la tarifa diferencial para los habitantes de las vecindades de los peajes, para personas de nivel económico bajo, o para los pequeños transportadores.
En la actualidad, seguramente las motos que cruzan por los peajes son muchas menos que los automóviles (así en las ciudades ellas sean más numerosas), pero si aportaran un porcentaje bajo de la tarifa de peaje que cancela el carro más barato y destartalado (supongamos el 5 o el 8% de la tarifa menor), en mucho contribuirían a la construcción y mantenimiento de las carreteras y a la justicia con los otros aportantes dueños de carro. En los casos de: la licencia de conducción, la matrícula de la moto, el impuesto de vehículos, las multas por faltas a las reglas de tránsito y hasta en el SOAT, el asunto ya está claro. ¿Por qué no podrían pagar algo de peaje los motociclistas, en lugar de suponer que los demás propietarios de vehículos y pasajeros los tenemos que pagar por ellos, para que ellos puedan utilizar nuestras vías con toda tranquilidad? Claro que en la medida que crece el número de propietarios de motos, es menos probable conseguir un congresista o un gobierno que proponga algo como eso, en particular en meses de campaña (más bien proponen que el Estado pague subvención a la gasolina, el SOAT, o la matrícula).
Cerremos con una pirita sobre otro tema: es muy insólito, postmoderno o parte de las crisis socio políticas del mundo, que haya habido una visita oficial y abierta del director de la CIA (sí, la central de inteligencia gringa) a la isla de Cuba. Pero lo más inesperado es que el gobierno norteamericano la solicitó —mientras seguro siguen actuando sus agentes encubiertos— y que el gobierno cubano la aceptó —mientras sigue tratando de contrarrestar la acción de los espías gringos, con sus limitados recursos. Parte de esta nueva etapa de relaciones extrañas de una potencia con un pequeño estado vecino; junto con la acusación formal que un fiscal norteamericano acaba de presentar denuncia penal contra el expresidente Raúl Castro, por haber dado orden de derribar dos avionetas que ingresaron al espacio aéreo cubano, y causar así la muerte de cuatro ciudadanos norteamericanos, hace 30 años (recordemos que la Fiscalía de Estados Unidos es muy influenciable por el gobierno central). Nada extraño que en unos meses, si se emite orden de detención en su contra, se planee —“¿y ejecute?— una operación militar de “extracción” de ese (anciano) dirigente, para llevarlo a juicio.