Cuenta la filóloga y escritora Irene Vallejo en El infinito en un junco que el poeta romano Ovidio, que vivió entre el año 43 a.c. y el 17 d.c. fue muy criticado por sus contemporáneos por el gusto que tenía por mujeres adultas que se entregaban dichosas a él. Escribió Ovidio esto en El arte de amar, según la traducción que hace Vallejo en su libro:
«Prefiero una amante que haya sobrepasado la edad de treinta y cinco años y encuentre ya cabellos canos en su melena: que los apresurados beban el vino nuevo; a mí me gusta más una mujer madura que conoce su placer. Tiene experiencia, que constituye todo el talento, y conoce en el amor mil posiciones. La voluptuosidad en ella no es falsa y, cuando la mujer goza al mismo tiempo que su amante, es el colmo del placer. Odio el abrazo en que uno y otra no se dan enteramente. Odio esas uniones que no dejan exhaustos a los dos. Odio a una mujer que se entrega porque hay que hacerlo, que no se humedece, que piensa en sus labores. No quiero una mujer que me dé placer por deber. ¡Que ninguna mujer haga conmigo el amor por obligación! Me gusta oír que su voz traduzca su alegría, que murmure que es preciso ir más despacio, que debo contenerme todavía. Me gusta ver a mi amante gozando con los ojos vencidos y que desfallezca y no permita que la acaricie más».
Pienso en esto mientras leo el informe periodístico de CNN en el que pusieron al descubierto varias plataformas de Telegram y de Internet que enseñan a drogar mujeres para luego violarlas. Muchas de estas plataformas son usadas por hombres que buscan drogar a sus esposas para agredirlas sexualmente. Una de ellas, Motherless, recibió 62 millones de visitas individuales solo en febrero de este año. Es decir, 62 millones de hombres. Allí los usuarios pueden ver videos de las violaciones, algunos de los cuales tienen más de 50.000 visualizaciones. A todo esto condujo el hilo que siguieron dos periodistas alemanas luego de que se conoció el caso de Gisèle Pelicot, la mujer francesa que fue drogada y violada por su marido, Dominique Pelicot, de quien ella pensaba que era un buen hombre.

Ovidio era una excepción en su época, y lo es también en esta, en cuanto a su preferencia por mujeres de más de 35 años. Un estudio elaborado por la plataforma de citas Okcupid, mostró que hombres de todas las edades prefieren emparejarse con mujeres entre los 20 y los 25 años. Pero además, a Ovidio le interesaba el deseo femenino, lo seducía, lo prefería a la alternativa de violar mujeres, que era lo que hacían los demás, aunque no se diga de manera explícita. No hay otra manera de nombrar el sexo con alguien que no lo desea, que lo hace por obligación, incluso si se trata de sexo dentro del matrimonio, aunque decir esto sea una obviedad. En Colombia, la Ley 599 del año 2000 empezó a reconocer como violación el sexo no consentido dentro del matrimonio. Antes de esto se consideraba, y muchos consideran todavía, que las mujeres tienen obligaciones sexuales con sus esposos.
El informe de CNN trata de encontrar la explicación de que tantos hombres visiten estos sitios, pregunten por información sobre drogas para violar mujeres, vean videos de violaciones y compartan material de mujeres siendo agredidas mientras están drogadas. Señalan que las plataformas de pornografía comparten muchos videos de simulaciones de violación, pero también de violaciones reales. Comparten videos reales o representaciones de pederastia. Muchos de estos videos no se pueden diferenciar unos de otros. Por este camino muchos llegan a grupos privados, cifrados, en donde el material es cada vez más crudo. Dicen además que las redes sociales, las plataformas de Internet y los grupos de WhatsApp o Telegram crean comunidades en donde sus integrantes comparten un sentido de identidad, de pertenencia y de validación.
Ningún hombre es educado de manera consciente para ser un violador. A nadie le dicen de forma explícita que las mujeres son para agredir, para violentar. El mantra de que “a las mujeres ni con el pétalo de una rosa” se repite cada vez que un hermanito le pega a una hermanita. Entonces, ¿qué es lo que pasa que tantos hombres encuentran atractivo ver videos de mujeres siendo violentadas? 62 millones de hombres durante un solo mes de un solo año no son casos aislados, son la representación de un problema sistemático y estructural, un problema que existe desde antes de que Cristo naciera y que solamente ha encontrado con el progreso y el desarrollo más y mejores maneras de expresarse, de esconderse y de encontrarse.
¿Qué es lo que tiene que cambiar en la formación de los hombres para que, como dice el meme, les parezca tan repugnante violar mujeres como les parece repugnante el canibalismo? Quizá valdría la pena reflexionar sobre la manera en la que el deseo y el placer femeninos han sido presentados como pecado, como la expresión de una falla en la moral y la conducta. Una mujer que desea, que siente placer es calificada de puta, de fácil, de loca, de ninfómana. Una mujer que habla sobre su deseo es rara, difícil, incómoda. Es por eso que me producen desconfianza los hombres que se burlan, que relativizan o que se asustan con el deseo femenino.
¿Qué es lo que resulta tan incómodo de una mujer que desea?, ¿de una mujer despierta? Recuerdo que en el colegio del Opus Dei en el que estudié nos dijeron en clase de Comportamiento y Salud que el placer era para los animales, que el sexo tenía solamente fines reproductivos, que los hombres sí podían sentir placer, pero que nosotras debíamos entregarnos como un deber y solo eso. Generaciones y generaciones de gente reprimida que buscan eliminar el placer de las mujeres de la ecuación sexual solo pueden conducir a violaciones sexuales.
Desear a una mujer que también desea exige una forma de reconocimiento, de igualdad, de paridad que para muchos resulta incómoda e incluso amenazante. Los hombres han sido formados para poseer, controlar y dominar y no tanto para compartir y cuidar. Esos dos son los verbos de los que hablaba Ovidio.