Este próximo sábado estará en Manizales Aida Quilcué, fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda a las elecciones presidenciales de 2026. Será un día hermoso, es un hecho sin precedentes, histórico, es en sí mismo el sueño o el amanecer de una larga pesadilla. Imposible no detenerse a denunciar a la alcaldía de Jorge Eduardo Rojas por manifestar su más deplorable condición política de derecha, en el intento por sabotear el uso del espacio público para este encuentro. Una manifestación más del miedo que les da esa diversidad que se abre paso y viene ganando poder.
Quilcué encarna el legado de 500 años de luchas, es la reexistencia en sí misma, la expresión de una forma originaria de ser y hacer con el mundo que está aquí desde hace siglos. Desde antes de la colonización española, desde antes de las colonizaciones antioqueñas o caucanas, desde antes de la barbarie del conflicto armado en sus más de 60 vueltas de rosca. Sus abuelas y abuelos han sostenido sus comunidades, aún en medio de las peores violencias. Siempre estuvieron en la sombra, silenciadxs, mutiladxs, asesinadxs, en un infame intento, por borrarles, exterminarlxs, que aún hoy continúa.
Hoy toma el micrófono en lo alto de la plaza pública y camina la minga desde el Cauca hacia el viejo Antioquia, recorriendo caminos que han estado vedados por odios ya muy viejos, causados por heridas atroces que todavía nos duelen. Dicen que a Manuel Quintín Lame, otro líder indígena Nasa del Cauca de hace 100 años, le arrancaron el pelo en una plaza pública como un intento de expiar su pensamiento salvaje, los conservadores de la época lo apodaban “el animal”. Ese impulso Colonial de arrebartar el pensamiento diverso y sus manifestaciones de vida, está en la base de todas las violencias que hoy repiten políticos, burócratas y tecnócratas.
Este pensamiento diverso, complejo y tantas veces opuesto, es el que vive a través de la palabra de Aída. Esa es la razón de mi alegría de poder escucharla. Por tener la posibilidad de encontrar algún asomo de esperanza, alguna afirmación o reafirmación que alimente los caminos de resistencia propios que venimos andando. Aún hoy, en medio de la barbarie más cínica y del colapso de todas las crisis y poderes.
¿Habrá luz ahora, después de la larga noche de 500 años? Aún no lo sabemos, pero la llegada de Aída es un buen presagio. Una oportunidad de escuchar las alternativas a esos mundos del desarrollo, de la competencia, del éxito, etcétera, etcétera. Vayan a verla y oírla, quizás se les dibuje una sonrisa como a mí, leyendo este debate que le hace Quintín Lame a los sabios de su tiempo, que viven nombrando todas sus escuelas, sus ciencias infalibles, sus dogmas religiosos, técnicos, morales, políticos; los mismos que usan para justificar los asesinatos, el despojo y todas las violencias.
“Todos hablan de sus claustros de educación; por esta razón, yo también debo hablar como lo hago, de los claustros donde me educó la Naturaleza; ese Colegio de mi educación:
El primer libro, fue ver cruzar los cuatro vientos de la tierra
El segundo, fue contemplar la Mansión de los cuatro vientos del Cielo
El tercero, fue ver nacer la estrella solar en el Oriente y verla morir en el ocaso (…)
El cuarto libro, contemplar la sonrisa de todos los jardines sembrados y cultivados por esa Señorita que viste de traje azul, y que se corona ella misma de flores y se perfuma en su tocador interminable
El quinto libro, el coro interminable de cantos
El sexto libro, ese bello jardín de la zoología montés
El séptimo libro, oír atentamente esa charla que forman los arroyos de agua en el bosque”
En defensa de mi raza / Manuel Quintín Lame; introducción y notas: Gonzalo Castillo Cárdenas https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/2864901/