Taurinos, los verdaderos animalistas

En promedio, el ganado destinado a la producción de carne se sacrifica a los dieciocho meses de edad; las vacas lecheras tienen entre cinco y seis lactancias, y el toro de lidia vive hasta que muere de viejo en la ganadería o en una plaza de toros a los cuatro años de edad, según la Ley 916 de 2004.
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No soy una persona política ni tengo convicciones de esa índole respecto a esa práctica que nos vuelve cada vez más inhumanos. No digo animales, porque quizás estamos muy por debajo de la calidad de vida y del respeto que existe entre aquellas especies que hacen del mundo un lugar mejor y de las cuales deberíamos aprender.

Soy una persona animalista, que cuida a los animales y se preocupa por su vida. Según la Real Academia Española (RAE), el término animalista tiene, entre otras, las siguientes acepciones:

  1. Adjetivo y sustantivo: que defiende los derechos de los animales (por ejemplo: agrupación animalista o manifiesto animalista).
  2. Adjetivo, en el arte (escultura y pintura): dicho del arte o de sus manifestaciones, que tienen como motivo principal la representación de animales.

Defiendo a los animales, sin importar si son de mi agrado o no, pues cada uno de ellos ejerce un rol en este planeta, defendiendo y respetando su naturaleza como animales y seres vivos. De igual manera, soy una persona con gusto y pasión por las corridas de toros y la tauromaquia, es decir, por todo aquello que se encuentra alrededor del toro bravo. Y no por esto dejo de ser animalista; al contrario, esto me convierte, a mí y a todos los taurinos, en animalistas.

Aquellas personas que se denominan antitaurinas y, al mismo tiempo, animalistas han cruzado la raya, pues, al ser antitaurinas, quieren acabar para siempre con la vida del toro de lidia y con su existencia como raza. Esto se vio reflejado en la investigación «Estudio descriptivo del sistema productivo taurino y de las opiniones sobre la tauromaquia en Bogotá, Manizales y Medellín», en 2013. Al preguntarles a los antitaurinos si les parecía atractivo el toro de lidia, respondían preguntando cuál era ese animal.

Han querido acabar con la naturaleza de esta raza única, como lo es cualquier otra. La única diferencia es que este animal bovino ha sido capaz de demostrarnos lo que significa la vida, la lucha y la muerte en nuestra propia existencia como seres humanos, incluso hasta el punto de lograr sobrevivir y prolongar su vida y la nuestra. Las demás especies animales no tienen esa misma posibilidad de vivir una vida completa.

Este resultado lo obtuvimos al realizar la comparación entre el ganado de lidia, el ganado lechero y el ganado de carne. En promedio, el ganado destinado a la producción de carne se sacrifica a los dieciocho meses de edad; las vacas lecheras tienen entre cinco y seis lactancias, y el toro de lidia vive hasta que muere de viejo en la ganadería o en una plaza de toros a los cuatro años de edad, según la Ley 916 de 2004.

Los anti-animalistas o antitaurinos han querido tergiversar todo lo relacionado con los animales, comenzando por el toro de lidia, al sacarlo de una plaza de toros e impedir que cumpla su propósito como animal. También están los perros que viven en pequeños apartamentos, alimentándose de comida concentrada a base de granos, cuando son carnívoros y, por naturaleza, cuidan, protegen y luchan por su manada. Lo mismo sucede con los gatos, con la diferencia de que tampoco se les permite cazar pájaros o ratones, como lo dicta su naturaleza.

Se escandalizan cuando un perro come algo de carne o regañan a un gato por cazar un pájaro. La verdad es que están despojando a los animales de su naturaleza y convirtiéndolos en animales de circo al servicio de sus vidas privadas, únicamente para su satisfacción personal. Su incapacidad para aceptar la naturaleza en todo su esplendor es la misma que los lleva a querer obligar a los verdaderos animalistas (taurinos) a abandonar la lucha por la libertad de los animales, empezando por el toro bravo.

Nos tildan a los taurinos de crueles y asesinos. Según la RAE, asesinar significa matar a alguien con alevosía, ensañamiento o por una recompensa. Pero ¿acaso quién les dio a ellos el poder de acabar con la vida del toro bravo mediante la prohibición de las corridas de toros?

En nuestra investigación encontramos que los ganaderos de ganado bravo a quienes entrevistamos respondieron que enviarían todo su ganado al matadero, ya que, sin las corridas, dejaría de cumplir la función para la cual ha existido y ha sido seleccionado durante miles de años. Esta fue su respuesta cuando les preguntamos qué harían con su ganado si las corridas de toros se prohibieran en Colombia. Esto da a entender que los toros definitivamente desaparecerían del campo colombiano. ¿No sucede algo semejante cuando se mantiene encerrados a un perro o a un gato en una vivienda humana, donde estos animales no tienen absolutamente nada de su entorno ni de su estado natural?

Al acabar con los animales y con su estado natural, han acabado también con prácticas culturales y con bases sobre las cuales se ha construido la sociedad desde hace miles de años. Han acabado con la verdad acerca de la vida, que es dura, cruel e injusta casi siempre, en cualquier especie. Han acabado con tradiciones que han sido relevantes para aportar al desarrollo de sociedades pasadas, presentes y futuras.

En nuestro estudio, los ganaderos respondieron que la ganadería brava no es rentable económicamente, sino que se mantiene por amor, cariño al arte y admiración por la magnificencia de la vida natural. También han acabado con la colaboración mutua para construir una sociedad mejor, con las familias unidas y con los sueños y anhelos personales. A propósito, ¿creen que pueden dictar qué debe y qué no debe hacer una persona para hacer realidad su sueño, en este caso, el de ser torero, picador, banderillero o ganadero?

Han acabado con el respeto, la tolerancia y la libre expresión, olvidando que mi libertad termina donde empieza la del otro. Para comprobarlo, solo hay que ver las noticias o leer el periódico, donde se informa de heridos de gravedad y, algunas veces, incluso de muertes entre los aficionados durante los partidos de fútbol. Sin embargo, nunca se ha visto ni leído en las noticias algo semejante entre los aficionados taurinos.

Si usted, como antitaurino, no gusta de las corridas de toros, está bien. Pero si tiene un perro o un gato en un apartamento las 24 horas del día, los siete días de la semana, y eso le parece bien, respete los gustos ajenos y no imponga su voluntad a quienes todavía creemos en la unión, la libertad, el respeto y la tolerancia; en el trabajo honesto y en la preocupación por hacer de esta humanidad una sociedad mejor, a partir de las enseñanzas de los animales y, en especial, del toro bravo.

En el caso de Colombia, ya es un hecho que las corridas de toros terminarán el 22 de julio de 2027, según la Ley 2385 de 2024. No contentos con esto, quienes se oponen a la tauromaquia acabaron con la vida de una especie y, después de muerto, continuaron golpeándolo hasta dejarlo destrozado. ¡Qué poca humanidad y qué poco animalismo demuestran estos personajes! ¡Qué poca vergüenza al acabar con tradiciones, culturas, valores y bases sobre las cuales se ha construido nuestra humanidad!

En definitiva, los verdaderos animalistas somos los TAURINOS.

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  • Santiago Saffón Zuluaga

    Manizaleño y médico veterinario de profesión, egresado de la Universidad de La Salle, en Bogotá. Creció en el campo, rodeado de ganado y caballos. Practicó equitación.

    Su trayectoria profesional se ha desarrollado principalmente en la ganadería de carne y los caballos de deporte. Trabaja en Canadá con caballos islándicos y con caballos de deporte: Pura sangre inglés para carreras y para polo.

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