Diatriba cultural con propuestas pías

Los músicos tienen mucho de dónde escoger: hay cantidades de misas muy bien compuestas (empezando por Beethoven, Bach, Mozart, Palestrina, o Ramírez —ah… tal vez es muy “woke”); o pueden montar otras piezas menores de música sacra muy bella: motetes, tantum ergos, villancicos.
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Una participación relativamente mediana se notó en la movilización de oposición de esta semana. Y es que aún no se ha presentado una acción abiertamente antipopular que detone la desaprobación o la insatisfacción de muchos sectores. Sí se han conocido el enfoque, los criterios y la ideología que impulsan al gobierno, así como sus aliados internacionales. Lo paradójico es que cada semana el gobierno sí avanza un poquito en el camino de retroceso en lo que este país occidental judeo-cristiano ha avanzado en el espectro social y cultural. La llamada batalla cultural de la campaña de De la Espriella, ahora la renombra “contrarrevolución cultural”, en cuanto busca devolverse en lo cultural, mientras sigue su trabajo en los frentes económico, legal y de seguridad. Le molesta que se haya liberalizado gran parte de la sociedad y que se acepte la verdad relativa de muchos criterios en la vida pública: es más fácil no tener que convivir en la diferencia, sino suponer que todos pensamos, creemos y valoramos lo mismo; y que si alguien no lo hace es porque está equivocado. El respaldo de su argumentación es entender la democracia solo como sumar los votos: si un candidato gana por al menos un voto, todo lo que él diga y haga es válido para todos los ciudadanos, y ese otro 49% deberá aceptarlo así.

El presidente argumentó esta semana que “La cultura no puede seguir utilizándose como instrumento de la ideología” y que “Las instituciones culturales del Estado pertenecen a todos los ciudadanos»; pero se empeña en montar otra forma de exclusión desde la cultura y re-poner gran parte de lo hegemónico excluyente que había hace un siglo: un país de élite blanca, exclusivamente católico y una sociedad en la que nada cambie y que al que no le guste se tendrá que callar, aguantar, convertir, emigrar o…

Confirmando que lo que se viene anunciando en los organismos internacionales es solo el cumplimiento de instrucciones del mandatario, De la Espriella afirmó que se emprenderá un «lucha abierta, decidida y patriótica contra el wokismo, que no es más que una corriente ideológica que apunta a transformar los fundamentos morales, culturales y sociales de Occidente (los valores, la tradición familiar, la identidad nacional y la libertad individual)”. Y señaló que es absurdo promover el “relativismo moral» —suponemos que porque considera que la moral es absoluta, única y universal, como lo suponía la iglesia católica con su sistema inquisitorio, que tan inolvidables resultados produjo. Igualmente adornó su discurso culturalista dándole prioridad a  «las diferencias biológicas entre hombres y mujeres”, como razón de ser de los géneros; más simplemente no lo plantea nadie en Occidente desde el siglo XII.

Por si alguien lo dudaba, el presidente destacó que el Ministerio de Cultura aumentará la protección al patrimonio religioso (cristiano, se entiende): «Las iglesias, conventos, el arte sacro, los archivos eclesiásticos, la música religiosa y… las procesiones”. Por ello, anunció que ahora el ministerio será de Cultura y Patrimonio. Por algo, la ministra Holguín vino a Manizales depués del terremoto, visitó muy compungida la catedral y anunció algunos recursos económicos del ministerio sólo para su reconstrucción parcial, para nada más.

En su visita al Mincultura, el presidente acusó al gobierno anterior de fabricar una cultura oficial socialcomunista atea, y agregó que «se acabó la perversidad de convertir a la cultura en adoctrinamiento». O sea: esta cultura teológica o confesional que promueve el gobierno no es “oficial” ni es fabricada —las otras sí. Si el adoctrinamiento se hace hacia la doctrina católica cerrada (de los siglos XII a XIX, supongo) no es adoctrinamiento. Si el patrimonio que se conserva, se defiende y se promueve es el de los bienes, tradiciones y prácticas católicas, es lo correcto, pues lo demás es perverso y no es cultura; es paganismo (supongo). Así que todas la otras expresiones y manifestacioens culturales la van a ver dura en estos años.

Pero, como hay que ser propositivo y ayudar a hacer los milagros, me atrevo a proponerle al sector cultural regional estas ideas, que tal vez tengan apoyo del Mincutura y Patrimonio (digo yo). Veamos:

El Festival de Teatro puede centrarse en invitar grupos del mundo que representen la pasión de Cristo en vivo, o las novenas que conmemoran el nacimiento de Jesús.

Diatriba cultural con propuestas pías
¿De dónde venimos?, obra presentada durante el Festival Internacional de Teatro de Manizales por la compañía L’Om Imprebís. Foto: Juan David Rivera, @riverajuanda

Los músicos tienen mucho de dónde escoger: hay cantidades de misas muy bien compuestas (empezando por Beethoven, Bach, Mozart, Palestrina, o Ramírez —ah… tal vez es muy “woke”); o pueden montar otras piezas menores de música sacra muy bella: motetes, tantum ergos, villancicos (a la nueva Tuna Ciudad Manizales le deben sonar muy bien, por ejemplo).

Al festival Nos Queda la Palabra le quedan miles de poemas del género místico para declamar (con Sor Juana Inés de la Cruz tienen, aunque algunos son casi-eróticas; y la Santa Teresa tiene buen repertorio). Pero también las palabras de la Biblia son millones. Claro, tendrían que renunciar a escribir, pues lo importante, “escrito está”.

A los novelistas les queda la imaginación al mencionar temas religiosos, o escribir sobre asuntos neutros, historias de buenos hombres heróicos, salvadores de la patria, defensores de la moral o creadores de empresas. Además, siempre está la ciencia ficción. Nada de resaltar a escritoras poco pías, ni hablar sobre esos poetas y escritores homosexuales caldenses, por favor (esos ya no existirán).

El festival de jazz podrá resurgir programando spirituals —pero no protestantes y ojalá invitando pocos cantantes o intérpretes negros (mejor no digan afro).

Los canta-pisteros encontrarán baladas muy apropiadas en Roberto Carlos (El millón de amigos ), Manolo Otero (“Y si eso es una ramera que venga Dios y lo vea”); hasta en Arjona o en Altamirano (con “Dios a la una”). Eso sí, sin arriesgarse mucho con las buenas  composiciones de los cantantes de músicas protestantes.

Para los otros cantantes más líricos, fuera de la música sacra propiamente dicha, están por ejemplo las saetas españolas: son infinidad y algunas excelentemente hechas.

Las folcloristas y Tamboras podrán encontrar pronto ejemplos de tradición religiosa, en los alabaos, por ejemplo; y en temas inolvidables que toman imágenes y personajes católicos y los integran a ritmos de origen africanos o afrocolombianos, como el que dice “Santa Antonio ya se vá” (excúsenme lo de afro).

Los rockeros podrán gritar el My Sweet Lord, del beatle George Harrison —aunque es un poco orientalista y le pide mucho que se deje ver—, o la inigualable Stairway to Heaven de Led Zeppelin (¿muy existencialista y mística?) y hay infinidad de alusiones a un dios —generalmente el cristiano— en el rock, incluso creo que en el Heavy Metal (del cual no conozco mucho).

Para los despecho-populares debe haber muchas canciones de desamor y traición aguardientera que mencionan al Cristo (de la pared) y a Dios (eviten incluir en el repertorio esa que habla del Dulce Pecado… no conviene).

Los pintores y escultores merecen capítulo aparte; por ahora les dejo solo la sugerencia de la cantidad de imágenes religiossa dañadas en el terremoto (el maestro Vallejo ya está resaurando el Cristo de la catedral, por ejemplo), y la imaginería y práctica religiosa popular tiene muchas (recuerden al Gregorio del Venezuela); siempre  hay demanda de cuadros, alegorías, representaciones (hasta Miguel Ángel se ganó la vida un buen tiempo haciendo obras maestras muuuuy católicas).

Me excusan los demás creadores, artistas y promotores culturales de la región, pero no alcancé a buscar más ideas para sugerirles cómo sobrevivir durante el milagro, pero ustedes sabrán encontrar (o yo espero poder seguir esta exploración). En todo caso, no se pueden morir de hambe los artistas ni abandonar las expresiones culturales (católicas, o cristianas al menos). Para todo lo demás el ministerio no tiene dinero.

¡Ah!; eso sí, es probable que los intérpretes y artistas deban pasar la censura o revisión de las señoras ministras Paola Holguín e Ilva Myriam Hoyos (no sé si con la asesoría de la esposa del presidente). Entonces, no se admiten homos, lésbicas, inters, Q’s, indefinidos, intermedias, bi’s y demás: los hombres se alistan a mostrar el pene y las mujeres sus vulvas. Si es necesario, puede venir el embajador Ordoñez desde la ONU a revisar a los hombres, para evitar ofensas al pudor. Y por último, les recomiendo que si hay entrevistas, las aspirantes parezcan ser “damas” y ellos hablen “como machos” —y nada de decir “los y las”, que los descalifican (a ellas también). Y guarden sus obras para dentro de cuatro años (eso espero).

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  • Diatriba cultural con propuestas pías

    Psicólogo, comunicador-periodista y magister en comunicación. Exprofesor y exdirectivo en la Universidad de Manizales. Experiencia en radio informativa, periodismo científico y columnista. Corriendo a des-atrasarme de lo que no había hecho antes.

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