El miedo tiene cuatro patas 

Después de ese día cambió de prácticas. Luego de haberla rescatado del desorden, polvo y un poco de escombros venidos desde la parte superior del apartamento, los nervios o mejor dicho, los estímulos que nos provocan sensaciones, fueron más notorios.
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El miedo tiene cuatro patas 

“Para quien tiene miedo, todo son ruidos”. 

Sófocles 

Era muy frecuente que, en las horas de la mañana, mi perra se alistara para salir a realizar su recorrido habitual alrededor de la unidad en la que resido. Su postura, su forma de caminar y hasta la forma de husmear e inspeccionar el suelo, lo hacía con desparpajo y naturalidad, incluso se notaba muy claro que disfrutaba sentir la brisa de la mañana y la cantidad de olores que presumo, tiene el suelo recién levantado.

Ella se ufanaba y se sentía orgullosa de su rutina. Despreocupada, distraída y mirando al suelo en la mayoría de las veces, parecía no tener más problemas que el que derivaría de volverla a su apartamento con la vaporosidad y frescura de un nuevo día: Ese si era un problema, querer quedarse más tiempo del que yo podía, por mis ocupaciones que no admitían una excusa simple como la de una perra con ganas de ser libre y disfrutar del césped fresco.

Su tranquilidad era notoria, una perra que por su raza muchos decían que no parecía representarla. Esta raza se caracteriza principalmente por su constante ladrido, su “ferocidad” minúscula, por destruir con pequeñas dentadas, todo lo que se le atravesara y le causara curiosidad en su exploración matutina.

Creerse más grande y agresiva de lo que es, ha sido un rasgo que no ha abandonado desde que era cachorra. Incluso muchas veces hemos tenido la necesidad de enfrentar otros canes que fácilmente de una bocanada podría engullirse a la pequeña que nos acompaña en casa.

Ella, la pequeña can, se quedaba sin premura durante largas horas del día en su apartamento, descansando en el sofá, en el cuarto principal, en el cuarto de huéspedes, en el estudio, en fin, en toda el área destinada para su disfrute. Duraba horas completas en sueños profundos, escuchando sin afán el ruido de vehículos o la armonía de las aves que con frecuencia visitan las alturas de la unidad y la traslucidez de las ventanas del apartamento.

Era feliz, prueba de ello, es que en los largos 12 años, madura ya, las dolencias en salud no han pasado de dos atenciones urgentes. Su salud física está al 100% pero no sé si pueda decir lo mismo de su salud en términos de una conciencia animal, que no sabemos si se posee, pero que, en definitiva, se evidencia en su cambio de conducta, de hábitos y su vulnerabilidad por las circunstancias “abruptas” naturales o humanas.

Casi que ella estaba destinada por su tranquilidad, parsimonia y pasividad a quedarse sola sin la necesidad de salir durante la tarde y la noche a las afueras de su hogar para su viaje emancipatorio. Como lo dije, permanecía largas horas quieta en una cama o en un sofá, incluso podría hasta presumir que, por sus suspiros y sonidos en el trance de un viaje sin rumbo, disfrutaba del placer de estar arropada y en el sueño más profundo que la invadía por completo, desde su pequeña cabeza hasta sus patas totalmente flexibles en su lugar de descanso, así lo evidenciaban.

Pero el 10 de agosto y justamente después de las 7:34 am, después una hora y media de haberse quedado sola en casa, su mundo, literal, se vino abajo. Asumo que ese minuto y medio de torbellino, ruido, gritos, llanto y romería externa, le generaron a ella, una pequeña, por su estatura, cuadrúpeda frágil, una condición de intranquilidad por querer salir cuanto antes de lo que hasta las 7:33 am de ese día, había sido lo que llamamos los humanos, su lugar seguro.

Después de ese día cambió de prácticas. Luego de haberla rescatado del desorden, polvo y un poco de escombros venidos desde la parte superior del apartamento, los nervios o mejor dicho, los estímulos que nos provocan sensaciones, fueron más notorios. Las grietas físicas que son visibles desde afuera, fueron absorbidas casi que de inmediato por las grietas que son ocultas a los ojos, pero evidentes a los que tenemos afinidad por emoción, con las personas y con nuestras mascotas.  

Siento que la mascota de casa, así lo planteamos con mi esposa, sufrió cambios. Lo más complejo es que tratamiento para atender una aparente necesidad “psicológica de mascotas” no existe, o por lo menos no lo he visto por “Instagram” “Tik Tok”, en donde suelen emerger “médicos” ofreciendo cualquier tipo de tratamiento esotérico o prestidigitador para cualquier dolencia humana, tratamientos que podrían ofrecerse sin escrúpulos para otras especies sin emocionalidad aparente y menos sin palabras, como un perro. En redes se encuentra cualquier exabrupto ofrecido masivamente y público que compra quimeras por miles.

La mascota de casa tiene un llanto incontenible cuando salimos o llegamos a casa, le da pánico saber que arribamos al apartamento y por alguna cuestión debemos salir solos. Pide con llanto y ladridos que por favor salgamos con ella. Ni que decir cuando el viento o la lluvia agrestes, frecuente en estos tiempos de cambio climático, mueve las ventanas o hacen desprender un sonido de una puerta que golpea al ritmo del aire que entra con vehemencia a su residencia.

Su intranquilidad es más que consciente. Se ha hecho “pis” en lugares que no eran habituales y el césped que antes disfrutaba tocar con sus patas, tiene un divorcio en construcción. Definitivamente el miedo se pasea en cuatro patas por el apartamento y puede ser un compañero frecuente e incómodo.  

Hay prioridades de atención en salud mental para los humanos después de un evento como el surgido en el mes de agosto. Hemos abonado terreno en hablar abiertamente de las “grietas emocionales” de cada uno con el profesional adecuado. Se percibe una cultura del cuidado de la salud mental, pero, desde mi postura, el cuidado de las mascotas en su atención post-evento, requiere de pensarse en la relación de respeto y amor que podamos darle, la prioridad de cambios de rutina como forma paliativa para que gradualmente se recupere la tranquilidad de habitabilidad de lo que antes fue seguro para nuestras mascotas. Por lo menos si no hay personal especializado que las atienda, que sean sus mismos cuidadores, los que puedan hacer terapia desde la protección animal.

El miedo tiene cuatro patas 

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    Manizales, 10 de agosto de 1983. Docente de ciencias sociales desde el año 2008 hasta el año 2024. Después de ese año, coordinador de las instituciones educativas Alfredo García – Pablo Emilio Cardona, de Pereira. Licenciado en Ciencias Sociales y Magister en educación de la Universidad de Caldas y docente catedrático de algunas universidades de Pereira.

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