
Mirando videos de Instagram que retratan la realidad después del terremoto del 10 de agosto, ya lo había dicho en un artículo anterior acerca de mi temor a que la noticia perdiera vigencia; pues no sólo pierde la inmediatez sino que se va disminuyendo también en la información y lentitud en la toma de decisiones del aparato estatal que no tiene brazos institucionales para abrazar el problema y darle solución expedita y real, por eso se recurre a la figura de organizaciones no gubernamentales (fundaciones sin ánimo de lucro) para apurar la toma de decisiones desde un esquema de administración de los dineros captados (donaciones y ayudas) del público y su ejecución privada: El fondo Milagro.
Pero yo me quiero referir a los hechos previos a la decisión final. La ignorancia de la ley no exime de la culpa. Este es el principio legal más complejo de la administración pública en Colombia y el más difícil de entender porque de acuerdo con otra circunstancia, sin el cadáver no hay delito y todo se reduce a pruebas circunstanciales, así mismo es aquí donde me desvelo pensando en la paquidermia estatal. Se apuraron a demoler los edificios que presentaban mayor peligro, pero es que el “cadáver” sobre el cual se investiga la culpa y el delito es precisamente el mismo edificio que amenaza derrumbe y sobre el que deberán volcarse los investigadores del Estado y de las empresas de seguros para determinar el daño sobre el que han de responder.
Porque definitivamente, aunque el terremoto es un caso fortuito, no es el culpable de la destrucción de una cantidad indecible de bienes que fueron afectados y que siguieron un cause lineal al que hoy sí volvemos la mirada, mirada que de alguna manera fue desviada al momento de diseñar la planeación del ordenamiento territorial desde el último sacudón. La resistencia y el diseño, los materiales, la calidad, la estructura, los planos, los estudios de suelos, toda la documentación que sustenta la aprobación de una obra civil está en cabeza de un “alguien” que puso la firma y avaló la ejecución del mismo; de un presupuesto que además involucra al sistema financiero, fiduciario y bancario y que finalmente, es asegurado con responsabilidad por las compañías que hoy atiende con “su” bolsillo las demandas. Una cadena infinita de eslabones de toma de decisiones.
¿Qué preocupa? La dilatación en el tiempo y espacio de la respuesta adecuada y expedita. No hay manera, el Estado carece de fórmulas de respuesta rápida que se salen del radio de la UNRD una vez se atiende la inmediatez del desastre. La reconstrucción no es el desastre y no es allí donde se toman las decisiones a futuro. “Un acuerdo sobre lo fundamental” frase que acuñó Álvaro Gómez Hurtado sobre la constituyente y que traslado a este desvelo. ¿Cómo dar respuesta? La revisión de la relación entre ciudad y región es primordial. Porque si no es imposible avanzar y menos si no podemos hacer el levantamiento del cadáver y la definición de la culpa. Se puede caer en una espiral tan compleja que convertirá a las ciudades en fantasmas. La mano de obra se desplaza de acuerdo al desarrollo hacia los centros de producción que hay que identificar con urgencia para mantener a los ciudadanos dentro de la ciudad, que no provoque un desplazamiento de la población a otros lugares de la geografía donde puedan subsistir, trabajar, emplearse. En fin. Y esta es la necesidad inmediata: sobrevivir, pero a corto, mediano y largo plazo todas estas personas que sufrieron el desastre físico, económico y emocional del terremoto deberán abocarse a la asociación y definición de planes de desarrollo conjuntos para recuperar la ciudad como habitable.
Otro tema también delicado es el uso del terreno y los estratos sociales que nos ponen a todos en el mismo punto de partida para diseñar una nueva ciudad superando las barreras sociales que han determinado la exclusividad en el uso habitacional y la estratificación que acompaña la distribución y prestación de servicios públicos: centro de trabajo, desarrollo comercial y turístico, educación y profesionalización de los oficios para crear una nueva comunidad con otras reglas de juego diseñadas con todos los habitantes y que la sensación de igualdad no se determine por el resero que incomoda a los ricos y a los pobres. Los terremotos de cada ciudad nos pusieron frente a una nueva interpretación de la habitabilidad urbana y rural. !Vamos a ello¡ con entusiasmo, no hay otro modo.
¿Usted o alguien que conoce necesita acompañamiento psicosocial luego del terremoto? Comuníquese al teléfono 123, opción 3, línea habilitada por la Alcaldía de Manizales.

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