Sacar el polvo

Hay cosas que también pueden ensuciarse de abajo hacia arriba, porque de todas maneras el polvo no solo cae, sino que también vuela. Qué maravilla, qué versatilidad.
Compartir publicación en

Hasta que llega el día de limpiar. Cualquier persona que haya hecho en su vida labor doméstica sabe que el polvo es ubicuo y que todo, absolutamente todo, tiene una capacidad asombrosa para ensuciarse y para deteriorarse a menos de que se le pase un trapo o se le haga mantenimiento. 

Lo primero es descubrir que todas las cosas tienen varios lados. Está el lado de arriba, en donde el polvo se muestra desvergonzado, luego está la parte de atrás, de la cual estás segura de su existencia y que también se empolva. Pero a todas las cosas les aparecen partes que no sabías que tenían. Los poliedros (formas geométricas tridimensionales) esconden lados que una a simple vista no nota. Limpias una cara y al segundo aparece otra. Sucia. Son el polvo, las telarañas y los pelos arremolinados los que te van revelando que esa cosa que estás limpiando es más compleja de lo que creías.

Las cosas, además, contienen otras cosas. La estructura básica de una cama, por ejemplo, está compuesta por dos laterales, cuatro patas, un cabezal, el pie y muchas tablas. Pero si tu cama es como la mía, tiene además cinco cajones. Las locas del almacenamiento estamos llenas de cajones, y los cajones también están compuestos de otros lados y otras cosas. Por ejemplo las manijas. Y éstas a su vez puede tener también varias partes y varias caras y todo es un compendio finito de partes, que nadie sabe exactamente dónde terminan. 

Es importante establecer un orden para eliminar el polvo de todas las cosas con todas sus partes. Porque el polvo que sacudes de arriba cae abajo. Entonces, preliminarmente, parece mejor ir de arriba hacia abajo. Pero esta no es una ley universal. Hay cosas que también pueden ensuciarse de abajo hacia arriba, porque de todas maneras el polvo no solo cae, sino que también vuela. Qué maravilla, qué versatilidad. Conviene sacudir lo sacudido y aspirar lo aspirado, no solamente en el instante mismo en el que se hace esta tarea por primera vez, como después de un terremoto, sino también después, porque como somos paisas, y estamos obsesionados con el olor a limpio, habrá que asear todo al día siguiente, la semana siguiente, y la que sigue, y al siguiente mes. 

En donde sí recomiendo método y protocolo es en el uso de herramientas para sacar el polvo. Podemos someterlo a debate, pero creo que lo primero es aspirar las cosas y recordar que las aspiradoras tienen diferentes cabezales y que cada uno cumple una función precisa. Está el cabezal con boca estrecha que sirve para aspirar las esquinas. Y el cabezal con cepillito que sirve para despegar el polvo apelmazado. Y hay que usarlos todos para llegar a esos lugares y a esas caras que no sabías que tenía ese poliedro que puede ser una cama o un libro. 

Lo segundo es sacudir todas las superficies, que, ya lo dijimos, son más de las que sospechas: trapo húmedo primero, trapo seco después. Pero no los libros, no. El papel humedecido ya no ocupa equis espacio, sino equis por dos o tres. A los libros hay que salvarlos de la humedad, claro, pero también del polvo. “Los libros se limpian con un cepillo”. Eso dijo mi mamá y aquí acariciamos como si fueran caballos a todos los libros de la casa. Es en este momento en el que valoras, de lejos, el minimalismo de esas casas monocromáticas que no tienen ni un solo adorno, ni un solo libro, como la casa de J. Balvin en Medellín. Aunque reconoces que ni tú, ni tu familia, son minimalistas y menos reguetoneras.

Y a las cosas para limpiar también hay que limpiarlas. La aspiradora se llena, el sacudidor blanco se pone gris oscuro, la trapeadora negra. Agua, más agua, más agua. Con esta escasez. Y el agua se pone negra, o lechosa, y el polvo que sale de la aspiradora queda desperdigado alrededor del basurero, y entonces hay que barrer alrededor, y trapear y sacudir.

Y como en la casa vecina también limpian, y los vecinos de arriba también limpian, y el polvo todo lo inunda, entonces hay que volver a aspirar y sacudir, para después barrer y luego trapear para poder ensuciar de nuevo las cosas. Sísifo limpiando para ensuciar. Porque las cosas son para usar, pero es preferible que las cosas que usemos se ensucien por el uso, y no por el desuso, el abandono o la acumulación. Está visto que la mejor manera de cuidar algo es usándolo. 

Y todo esto debe obedecer a esa tendencia al caos de la que habla la termodinámica. Un terremoto es una forma segura de acelerar ese proceso, con los ladrillos caídos, las ventanas caídas, las tuberías de gas y de agua dañadas, y las nubes de polvo que dejan los edificios cuando se desbaratan. Después de retirar los escombros, hay que raspar y golpear las grietas, levantar lo derrumbado, rellenar, resanar, lijar y pintar. ¿Cuándo es posible empezar a limpiar? No es claro, pero hay certeza de que ese día llegará, con la promesa de que además podremos sacarnos las telarañas de la cabeza. 

En un punto hay que hacer una renuncia: aprender a vivir con un poquito de mugre, porque lo importante, de todas maneras, es saber que por lo menos nos quedaron cosas para limpiar. 

Si valoras el periodismo artesanal, ayúdanos a seguir adelante.
Cada aporte, grande o pequeño, hace la diferencia. Puedes apoyarnos a través de Vaki.
  • Sacar el polvo

    Manizales, 1974. Periodista. En 2020 publicó "Como Hombres": el mundo de las mujeres en zapatos masculinos. En 2021 ganó el Premio de Periodismo Regional Semana por la serie de pódcast Historias de guerra, vida y resistencia, conflicto armado en Caldas.

Publicaciones relacionadas

Si valoras el periodismo artesanal, ayúdanos a seguir adelante.
Cada aporte, grande o pequeño, es una pepita de oro valiosa para nosotros. Puedes apoyarnos con donaciones en la cuenta de ahorros Davivienda 108900805756 a nombre de la Fundación Barequeo (NIT 902045164-5) o a través de Vaki.

En Barequeo nos interesa el periodismo artesanal, hecho a mano, con tiempo para escribirlo y tiempo para leerlo. Buscamos historias y enfoques como quien busca pepitas de oro.

Somos un grupo de periodistas que, desde Manizales, Colombia, generamos un medio de comunicación para fortalecer la deliberación pública desde nuestro territorio.

Creemos en la veracidad, la argumentación, el disenso y el valor de la escritura para la construcción de memoria histórica.

Correo: barequeo@barequeo.com

Cada aporte, grande o pequeño, es una pepita de oro valiosa para nosotros. Puedes apoyarnos con donaciones en la cuenta de ahorros Davivienda 108900805756 a nombre de la Fundación Barequeo (NIT 902045164-5) o a través de Vaki

Codirigen: Adriana Villegas Botero, Ana María Mesa Villegas y Camilo Vallejo Giraldo.