Después del temblor, los libros

La Librería Nacional, Panamericana, Centro Cultural, Savia y Livraria debieron cerrar debido a los daños. Lo mismo ocurre con las bibliotecas. No solo la Ramón Correa quedó afectada, también la Biblioteca Comfamiliar y la Luis Ángel Arango.
Compartir publicación en
Después del temblor, los libros


«Nos dicen que la vida puede cambiar en un instante.

Lejana sentencia hasta que nos toca vivir

la tierra convertida en un animal hostil».

—Gioconda Belli

Hay frases que parecen escritas para otros hasta que un día dejan de serlo. Un terremoto suele ser una noticia que vemos desde lejos, hasta que la tierra se estremece y lo que parecía una remota posibilidad se convierte en tragedia nuestra.

Pero los terremotos no solo revelan la resistencia o debilidad de las construcciones que encuentran a su paso. También hacen visibles otras grietas, menos evidentes, que ya estaban allí.

Dentro de esta crisis, el sector del libro parece ser uno de los más golpeados. Los espacios vinculados a la circulación del libro enfrentan las consecuencias de una emergencia que amenaza no solo sus instalaciones, sino también una actividad que desde antes atravesaba dificultades.

Sí, hay momentos en que la tierra se convierte en un animal hostil, pero también hay estructuras que, mucho antes de que llegara la bestia, presentaban fracturas.

El paisaje que dejó el sismo es, por eso, desigual. Mientras algunos espacios han podido continuar, otros han tenido que cerrar sus puertas. Recorrer la ciudad permite dimensionar no solo la magnitud de las afectaciones, sino también las distintas formas en que el mundo del libro intenta mantenerse en pie.

Para dar un breve panorama, casi todas las librerías de Pereira quedaron afectadas. La emblemática Roma y las cafebrerías Epifanía y Van Gogh (Lumbre) continúan abiertas, al igual que librerías virtuales como Tintea. No corrieron con la misma suerte la Librería Nacional, Panamericana, Centro Cultural, Savia y Livraria, que debieron cerrar debido a los daños.

Lo mismo ocurre con las bibliotecas. No solo la Ramón Correa quedó afectada, también la Biblioteca Comfamiliar y la Luis Ángel Arango que, aunque espera reabrir pronto, en sus paredes aún se lee la inscripción «peligro de colapso». También se mantiene la alerta en bibliotecas como la de la Universidad Libre, cuyo video, en el que se observa cómo se desploma, se hizo viral tras el terremoto.

Después del temblor, los libros
Biblioteca Pública Ramón Correa Mejía, Pereira. Crédito: Juan Diego Otaya Ospina

Pero cuando una librería o biblioteca queda fuera de servicio, no desaparece únicamente la posibilidad de comprar o prestar un libro, también se suspenden todos aquellos encuentros que ocurren a su alrededor. Por ejemplo, proyectos asociados a Savia como el Anticlub de Dibujo, la Editorial Mutante o La Bandita Riso, quedaron en suspenso.

La crisis no se limita a las principales ciudades. El terremoto también golpeó municipios pequeños donde, precisamente por contar con menos infraestructura cultural, la pérdida o el cierre temporal de un espacio puede tener mayores consecuencias.

En Montenegro, la Librería La Bruja de la Montaña tuvo que cerrar debido al riesgo que representaba para sus visitantes. Según Yesenia Ortega, responsable de la librería, entre los daños tuvieron la caída del techo y de parte de las paredes, aunque esperan reabrir este miércoles tras los arreglos. Aun así, a un mes de su cierre, han tenido consecuencias económicas preocupantes, no solo para sus fundadores, sino también para sus empleados directos y para otros colaboradores recurrentes.

El Quindío atraviesa, además, otro problema relacionado con sus bibliotecas públicas. Aunque estas no resultaron afectadas por el terremoto, sí sufrieron daños las alcaldías de varios municipios. Por esto, las bibliotecas permanecen cerradas a la espera trasladar allí las funciones administrativas, lo que implicaría suspender las actividades culturales de estos espacios.

Ante esta situación, en un comunicado, la Fundación Sirirí recurrió a la Ley 1379 de 2010, que reconoce la utilidad social de las bibliotecas. «No estamos pidiendo que se desconozca la emergencia; estamos pidiendo que las bibliotecas sean reconocidas como parte de la respuesta a ella. Por medio de la palabra, la oralidad y la cultura, permiten a las comunidades conversar sobre lo sucedido, simbolizar y asimilar las experiencias vividas», argumentan.

La Biblioteca Nacional también se han pronunciado defendiendo los servicios bibliotecarios como «servicios públicos relevantes para afrontar la emergencia», al ser «un refugio fundamental y un espacio seguro» para la ciudadanía y el ejercicio de los derechos culturales y sociales, pues los espacios de circulación de libro propician la solidaridad.

Esto resulta evidente en acciones como las de Fundalectura. La organización dispuso un centro de acopio para recibir alimentos y productos de primera necesidad, y comenzó la recepción de libros infantiles y juveniles donados con el propósito de elaborar kits de lectura para entregar en zonas afectadas.

El apoyo de la comunidad lectora ha sido monumental. La librería Wilborada logró recaudar más de dos mil libros que fueron enviados al Chocó. Pero las críticas, aun en estos casos, no cesan y muchos se preguntan si es posible leer sin casa o con hambre, o si basta con enviar libros para mitigar una situación de esta magnitud.

Para Diana Carolina Rey, directora de Fundalectura, la solidaridad no puede reducirse a los elementos materiales de primera necesidad: «Desde Fundalectura estamos convencidos de que la solidaridad no solo se traduce en ayudas, implementos o comida, necesitamos cobijo, abrazo, sostén y estamos convencidos de que la literatura también es refugio. Vamos a usar las palabras para acompañar la soledad y la desolación y juntos ir saliendo de a poco de esta tragedia».

Precisamente, para apoyar esta misión, el CERLALC dispuso dos libros de descarga gratuita orientados a la intervención cultural en situaciones de desastre. Parten de una premisa clara: «la reconstrucción de una comunidad no es únicamente material. La literatura, las bibliotecas y los espacios de lectura pueden convertirse en lugares de diálogo, escucha y cuidado, contribuyendo a la recuperación de los vínculos sociales y al bienestar socioemocional de las personas afectadas». 

Mariane Ponsford, de La Casa de los Libros, lo resume así: «aunque lo que llamamos cultura parece pasar a un segundo plano en este momento, pues se necesita comida, techo y medicina, a medida que pasan los días o estén un poco más cubiertas las necesidades urgentes, comienza a sentirse un pozo de desconsuelo en los corazones y es ahí donde la literatura viene a hacer lo que sabe hacer, consolar los espíritus».

Algo similar plantea Gustavo Osorio, editor de La Cebolla Azul, quien considera que el arte «es un producto de primera necesidad», porque todo aquello que hacemos al leer resulta necesario «para entender el trauma y continuar». El problema, señala, es que «parece que todo se centra en la economía del sobrevivir y lo que llaman ‘ocio’ pasa a otro plano». Y es que en esta sociedad del cansancio, incluso imaginar un momento de recogimiento a través de la literatura puede parecer innecesario y en medio de una emergencia, impensable.

Sin embargo, las experiencias de estos días parecen demostrar lo contrario. Varios clubes de lectura en Pereira han decidido reanudar sus actividades, incluso sus mismos miembros solicitaron activarlos justamente porque encontraron en la lectura una manera de volver a reunirse y procesar lo ocurrido, acompañándolo, en algunos casos, de ejercicios de escritura como forma de poner en palabras el trauma provocado por el sismo.

Pero volver a la actividad cultural tampoco resulta sencillo. Para el fundador y librero de Epifanía, regresar a una cierta normalidad se siente extraño cuando la ciudad continúa enfrentando tantas necesidades. «Es difícil llevar esa dualidad de saber que la ciudad necesita tantas cosas, pero que también nosotros tenemos muchas responsabilidades», comenta Carlos en Instagram. La contradicción está presente en muchos de estos espacios: ¿cómo abrir una librería u organizar un club mientras aun hay personas con necesidades apremiantes?; pero también es necesario brindar espacios de calma.

Paradójicamente, mientras el comercio tradicional comienza a recibir atención dentro de los planes de recuperación, librerías y editoriales tienen la sensación de que sus necesidades ocupan un lugar secundario. 

Algunos han comenzado a cuestionar abiertamente la poca gestión institucional. Es cierto que todavía ha pasado poco tiempo y que las dimensiones de la emergencia obligan a establecer prioridades, pero que sea pronto para calcular las pérdidas no debería convertirse en una excusa para dejar sin protección a un sector que también necesita reconstruirse y que deben recuperar cuanto antes sus medios de subsistencia.

Ciertos actores aseguran, además, que nunca han recibido ayudas o apoyos gubernamentales, sienten que sus espacios, pese al aporte a la cultura local, se consideran invisibles y, por esa misma razón, han aprendido a sobrevivir por su propia cuenta, conscientes de que en esta crisis también están solos. Por eso, más que esperar una respuesta inmediata, algunos depositan sus esperanzas en la solidaridad colectiva.

Y es la solidaridad una de las cosas que más llaman la atención en esta crisis, la solidaridad de un sector que pese a haber perdido todo, se ha volcado a la ayuda. Algunos han convertido sus establecimientos en centros de acopio, otros han salido a remover escombros o a repartir ayudas.

Camila Reyes de Livraria, lo explica desde una posición especialmente difícil. Su librería sufrió daños y debió despedirse de su sede física, pero sus prioridades, al menos por ahora, están en otro lugar.  «Si bien necesitamos levantarnos -dice-, estamos dándole prioridad a las personas que lo perdieron todo y a las personas que necesitan ayuda muy urgente. Después veremos qué inventamos para levantar la Livraria», cuenta mientras prepara mercados para damnificados. 

Ver esta publicación en Instagra

Una publicación compartida de Libreria S A V I A (@libreria.savia)

De la misma opinión es Pablo Reyna, librero de Savia. Aunque la librería no sufrió daños estructurales graves, la caída de parte del techo y las posteriores lluvias afectaron mobiliario y libros. La previsión es que el cierre pueda prolongarse varios meses y el panorama, reconoce Reyna, será difícil: «Creo que regresaremos, pero sí es cuesta arriba estos meses de parón y de reparaciones». Aun así, al igual que Camila, considera que ahora mismo existen otras prioridades: «Por lo pronto, nos parece que las necesidades de otras personas son más urgentes».

Quizá ahí se encuentre una de las mayores paradojas de esta tragedia. Quienes necesitan ayuda para reconstruir sus propios espacios son, al mismo tiempo, quienes están ayudando a los demás a reconstruir sus vidas. Y mientras esperan poder volver a abrir sus puertas, continúan haciendo aquello que han hecho por años: sostener la vida espiritual de sus comunidades porque, como San Francisco, dando también se recibe.

Tal vez esa sea una de las lecciones más sencillas que dejan las catástrofes: cuando todo parece venirse abajo, nada se sostiene solo. Lo que venga después dependerá de lo que decidamos hacer juntos pues, como diría Machado, «solo el pueblo salva al pueblo».


¿Usted o alguien que conoce necesita acompañamiento psicosocial luego del terremoto? Comuníquese al teléfono 123, opción 3, línea habilitada por la Alcaldía de Manizales.


Después del temblor, los libros

El terremoto del 10 de agosto de 2026 marca la historia de nuestro territorio. Narrarlo ayuda a construir memoria y a reparar nuestras grietas emocionales. Si quieres escribir qué piensas o sientes y publicarlo en Barequeo, envía lo siguiente a barequeo@barequeo.com

  • El texto y/o las fotos que quieres publicar. Escribe el título con el que quieres que aparezca.
  • Adjunta tu foto, una breve biografía (2 o 3 líneas) y tus redes sociales, si tienes.
  • No publicamos textos anónimos ni denuncias o acusaciones que no podamos verificar.
  • Cualquier persona puede participar.
Si valoras el periodismo artesanal, ayúdanos a seguir adelante.
Cada aporte, grande o pequeño, hace la diferencia. Puedes apoyarnos a través de Vaki.

Publicaciones relacionadas

Si valoras el periodismo artesanal, ayúdanos a seguir adelante.
Cada aporte, grande o pequeño, es una pepita de oro valiosa para nosotros. Puedes apoyarnos con donaciones en la cuenta de ahorros Davivienda 108900805756 a nombre de la Fundación Barequeo (NIT 902045164-5) o a través de Vaki.

En Barequeo nos interesa el periodismo artesanal, hecho a mano, con tiempo para escribirlo y tiempo para leerlo. Buscamos historias y enfoques como quien busca pepitas de oro.

Somos un grupo de periodistas que, desde Manizales, Colombia, generamos un medio de comunicación para fortalecer la deliberación pública desde nuestro territorio.

Creemos en la veracidad, la argumentación, el disenso y el valor de la escritura para la construcción de memoria histórica.

Correo: barequeo@barequeo.com

Cada aporte, grande o pequeño, es una pepita de oro valiosa para nosotros. Puedes apoyarnos con donaciones en la cuenta de ahorros Davivienda 108900805756 a nombre de la Fundación Barequeo (NIT 902045164-5) o a través de Vaki

Codirigen: Adriana Villegas Botero, Ana María Mesa Villegas y Camilo Vallejo Giraldo.