‘Las delicias de Mauro’, una de las panaderías más tradicionales del barrio Providencia, quedó en el suelo, y la manzana entera fue arrasada por el terremoto. Según los cálculos, un 70% de uno de los vecindarios más tradicionales de Pereira fue afectado por el sismo que azotó a la ciudad el pasado lunes 10 de agosto. De la panadería, me cuenta una señora que trabaja desde hace 14 años en Providencia, sacaron al dueño, muy herido, y a dos personas muertas.

Providencia es uno de los barrios más tradicionales de Pereira. Queda muy cerca de la Terminal de Transportes, de la calle 21 y del centro. Fue fundado en 1952. Varias de esas familias que cuentan con parientes en el extranjero enviaron dinero y, poco a poco, organizaron el lugar. Es un barrio, sobre todo, de habitantes de la tercera edad. Fueron ellos mismos construyeron la iglesia. Hay personas de 92 y 94 años que viven allí y cuentan las historias del vecindario. Es un barrio de estrato cuatro. Dicen que el terreno era como un relleno y que con los años lo empezaron a organizar. Providencia cuenta con casas de espacios generosos, con dos garajes y alcobas de buen tamaño. El barrio es tranquilo y es un punto muy central. Los vecinos y los más arraigados del sector le dicen Provi.
“Es muy triste ver a muchos vecinos que perdieron la vida”, cuenta Pilar Sánchez, dueña de King Pollo, uno de los restaurantes sobre la calle 21 de mayor acogida del barrio. La vecina, sigue Pilar, lo perdió todo. Es una señora de 80 años a la que se le vino la pared encima y le destruyó toda su casa. “Ella quedó viva de milagro porque es muy bendecida y Dios la protegió en su momento. Ella quedó en la cocina y no le pasó nada. La lograron sacar viva. Ella es un milagro de Dios”, relata.

La gente, continúa Pilar, ha estado muy, muy unida. Hay demasiada unión. “Todos pujantes. Listo, ya. Dolió, pero todos nos unimos y cocinamos para los rescatistas. Cocinamos todos en unión”, agrega. La primera semana, menciona Pilar, fue de mucho impacto. “Nos preguntábamos qué es esto que pasó… Todos estábamos en shock, pero estábamos haciendo, no pasmados, sino haciendo, colaborando, alimentando a las personas, ayudando a las personas que lo perdieron completamente todo”.
Han pasado tres semanas del terremoto y varios de los vecinos se asoman por las ventanas de manera tímida. Con el ceño fruncido, cuentan cómo tienen que ver la demolición de las casas: “entonces, ver los lotes ya vacíos es muy fuerte”, cuenta una habitante.

“La solidaridad que hay acá entre nosotros mismos ha sido muy bonita. Desde el primer día del terremoto se empezó a sacar una aguapanelita en el parque. Entonces, desde el primer día, los muchachos y todos nos pusimos la diez para ayudar a los vecinos. Hoy lo seguimos haciendo porque nos siguen llegando ayudas como almuerzos y refrigerios”, informa una de las vecinas.
Hoy la dinámica continúa. Los mismos vecinos reparten alimentos a las personas, sobre todo a las de la tercera edad, que no han podido salir de casa o a las que les da, de pronto, pena salir a pedir un almuerzo… les da mucha pena. “Entonces, nos estamos concientizando de que los mismos de acá, los del barrio, somos los que estamos haciendo todo para que ellos puedan estar bien”, dice.

Una mujer joven de cabello oscuro que le cae sobre los hombros menciona que ya se empieza a ver la realidad de la tragedia. “Ahorita es mucho más duro, pero en general el barrio sigue movilizándose… Este es un tema de largo aliento. Esto va para largo”.

